sábado, 10 de marzo de 2012

En el idioma española

La polémica sobre el sexismo en la lengua suma más voces

Un artículo de
El País encendió la discusión sobre lenguaje y sexismo, y el debate no cesa. Nuevas opiniones.

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No podía ser más oportuno el revuelo que fue provocado por el artículo del diario El País de España, días previos a la celebración internacional del Día de la mujer. El domingo 4, en su suplemento dominical, El País publicó un largo estudio titulado “Sexismo lingüístico y visibilidad de la mujer”, firmado por Ignacio Bosque, miembro de la Real Academia Española, suscrito por otros 27 académicos y cinco académicas. El artículo analizaba nueve guías de lenguaje “no sexista” editadas por universidades, municipios o comunidades autónomas y sindicatos españoles, que tienen como objetivo “desterrar el sexismo en el lenguaje español”. Las guías españolas que luchan por “visibilizar en el lenguaje a la mujer” se proponen, por poner un ejemplo, utilizar “la ciudadanía” en lugar de “todos los ciudadanos” o cambiar “becarios” por “personas becarias”. Sin embargo, y este es el núcleo del estudio de Bosque, “la mayor parte de estas guías han sido escritas sin la participación de los lingüistas. Cabe pensar que los responsables o los impulsores de las demás guías entienden que no corresponde a los lingüistas determinar si los usos verbales de los hispanohablantes son o no sexistas. Aunque se analizan en ellas no pocos aspectos del léxico, la morfología o la sintaxis, sus autores parecen entender que las decisiones sobre todas estas cuestiones deben tomarse sin la intervención de los profesionales del lenguaje, de forma que el criterio para decidir si existe o no sexismo lingüístico será la conciencia social de las mujeres o, simplemente, de los ciudadanos contrarios a la discriminación.” Bosque deplora la política de “corrección del lenguaje” de las guías “no sexistas”, porque, si bien “existen usos verbales sexistas, las recomendaciones de dichas guías difunden usos ajenos a las prácticas de los hablantes y conculcan normas gramaticales, anulan distinciones necesarias y obvian la realidad de que no hay discriminación en la falta de correspondencia entre género y sexo.” Las guías, siempre según Bosque, caen en desencuentros y desaciertos entre esa intención y el resultado lingüístico. Y él recuerda que parte de ello se puede deber a la confusión entre género y sexo, y reclama una mayor atención en la enseñanza de escuelas y colegios, a la vez que aboga por soluciones dentro de la sensatez del uso de la lengua.
El debate no sólo es español, sino que incluye a buena parte de los países occidentales, debido a la necesidad de reconocer los derechos e igualdades a las minorías o grupos marginados, y al imperio del llamado lenguaje políticamente correcto como herramienta para combatir la discriminación de la mujer. En su edición digital de ayer, El País publicó las repercusiones del artículo en el ámbito de la cultura hispana. Y consultó a referentes en el tema. Adelaida de la Calle, rectora de la Universidad de Málaga, opinó : “Es un auténtico trabajo de investigación con todo el sentido. La sociedad española ha funcionado normalmente con un lenguaje muy sexista y hay que cambiarlo, igual que hemos cambiado montones de actuaciones.” Amelia Valcárcel, profesora de Filosofía Moral y Política se limitó a decir, con sobriedad: “La gramática no es la vida.” El narrador Enrique Vila-Matas sentenció: “Me es imposible verlo de un lado distinto al de la Real Academia. El lenguaje está hecho esencialmente para entenderse. Por tanto, todo lo que se aparte de esto es un despropósito. Y despropósito es creer que siempre hay discriminación en las expresiones nominales construidas en masculino con la intención de abarcar los dos sexos. Y aun mayor despropósito es que, siguiendo las recomendaciones de una guía no sexista, creamos que hay que decir ‘personas sin trabajo’ en lugar de algo que todos comprendemos muy bien: ‘Parados’. A este paso, acabaremos, para variar, no entendiéndonos nada entre nosotros, hablando de Españadanía para no tener que decir Españo o España (demasiado masculino o femenino respectivamente).” Como si no bastara, la polémica llegó a la esfera diplomática: Bosque aludió en su estudio al excesivo uso de los masculinos y femeninos en la redacción de la nueva Constitución de la República Bolivariana de Venezuela. La presidenta del Tribunal Supremo de Justicia, Luisa Estella Morales, condenó el artículo, puesto que “trató de ridiculizar” la Constitución. Y para la diputada oficialista ante el Parlamento Latinoamericano, Ana Elisa Osorio, el lenguaje no sexista de la Carta Magna venezolana es “uno de los principales logros de la revolución”.

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