miércoles, 2 de noviembre de 2011

La “inseguridad” en el conurbano, una obsesión

Leonardo Spivak
Estudiante del Observatorio de Medios la Facultad de Ciencias Sociales de la UNLZ, integrante de la ROUM


Para el diario La Nación el conurbano bonaerense casi no es otra cosa que un mapa del delito. Todos los estereotipos discriminantes que señala el concepto de Criminología Mediática.
Uno de los datos más significativos que surgen del análisis de la cobertura de La Nación, entre 26 de septiembre y el 9 de octubre últimos, consiste en que más de un tercio de las piezas periodísticas que hablan sobre “inseguridad”, tienen al conurbano bonaerense como principal escenario (35,7 % de las notas). Solamente no se publicaron noticias de esa categoría y respecto de ese mismo territorio durante tres días.
El concepto de “criminología mediática”, desarrollado por el ministro de la Corte Suprema por Eugenio Raúl Zaffaroni, plantea lo siguiente: “crea la realidad de un mundo de personas decentes frente a una masa de criminales identificada a través de estereotipos, que configuran un ellos separado del resto de la sociedad, por ser un conjunto de diferentes y malos”.
Los estereotipados que plantea el autor, no se refieren exclusivamente a los delincuentes, sino que abarca a un ellos conformado por un mundo más amplio de sujetos que no cometieron ningún delito, y que nunca lo han de cometer. La criminología mediática opera mostrando “a los pocos estereotipados que delinquen y de inmediato a los que no delinquieron o que sólo incurren en infracciones menores, pero son parecidos”, alertando implícitamente de la posibilidad de que estos últimos delincan.
Algo similar ocurre en el tratamiento de la “inseguridad” por parte de La Nación en el período de análisis, con la diferencia de que lo que se estereotipa, además, es una zona geográfica concreta: el conurbano bonaerense.
El elevado porcentaje de piezas sobre inseguridad en el conurbano, sumado a la presencia casi diaria de noticias sobre hechos delictivos pasando la General Paz, no hacen más que estereotipar un territorio y erigirlo como la zona desde donde el ellos opera o reside.
Es el ellos que llega desde un lugar geográficamente cercano, pero cultural y socialmente distante, para utilizar los hospitales y colegios de la Capital, recoger ilícitamente la basura, evadir impuestos con sus puestos callejeros y en el peor y más preocupante de los casos, delinquir.
De esta manera, el conurbano es presentado como un foco de “inseguridad” o escenario donde ella se perpetúa. Así es como en las notas del día 29 de septiembre (sección Información General) “Cayó un integrante del cártel los Zetas” y “La nueva ruta de los narcos: Ezeiza- Quatar”, convierten al territorio bonaerense en escenario de la lucha contra el narcotráfico. La primera noticia lo evidencia desde su bajada (“allanamiento en territorio bonaerense”) y ya dentro de la nota se señala: “En varios allanamientos en territorio bonaerense, la policía secuestró un embarque de más de 50 kilos de cocaína”. Nunca se precisa en qué ciudades se realizaron los allanamientos, con la excepción del Partido de Lomas de Zamora.
En “La nueva ruta de los narcos”, el periódico deja ver otro supuesto de la criminología mediática. Según Zaffaroni, “la criminología mediática delimita más a ellos cuando los identifica étnicamente, como en el caso de los negros e indios…” En la pieza aludida, este principio se cumple cuando el medio afirma:
“No se trataba de un intento de contrabando en gran escala. Los narcotraficantes habían contratado a “mulas”, personas que ingieren cápsulas con droga. Los seis detenidos son extranjeros: europeos, sudafricanos y nigerianos”.
La pieza “La amenaza mexicana” de ese mismo día corrobora lo anterior. En ella, se manifiesta que la actividad de narcotraficantes extranjeros en nuestro país no es una novedad, y se detallan antecedentes de este hecho: Menciona las inversiones en inmuebles en la Argentina del fallecido líder del cártel de Juárez, Amado Carrillo Fuentes; se menciona el triple crimen de General Rodríguez, donde quedó al descubierto “el monumental contrabando de efedrina a México”, el descubrimiento de una cocina de metanfetamina en Ingeniero Maschwitz, “caso en el que cayeron nueve mexicanos” y la muerte de un supuesto sicario colombiano en un “Shopping” en Martínez en el 2008.
Otro dato a considerar es que la única noticia que hablaba de narcotráfico fuera del ámbito del conurbano bonaerense, ocurrió también fuera de Capital Federal; así La Nación publicaba el 3 de octubre, en la sección Información General, la pieza “Secuestran marihuana en Misiones”, otro claro ejemplo práctico de la aplicación de la criminología mediática, ya que el aprehendido pertenece claramente al ellos planteado por Zaffaroni -“un hombre de nacionalidad paraguaya”-. Aparece el ellos territorializado en la provincia de Misiones, zona de fronteras, lugar de origen de esos potenciales delincuentes encarnados en el clásico estereotipo del inmigrante limítrofe.
Las mencionadas notas sobre narcotráfico evidencian la intencionalidad editorial de La Nación, al asociar al narcotráfico como un mal originado y asociado a los inmigrantes, cuyo escenario de operaciones sería el conurbano bonaerense. Es el ellos, extranjero, extraño a nuestro cuerpo social, el que se encarga de contaminarlo, introduciendo el narcotráfico en nuestro país. Así durante las dos semanas de análisis, de cuatro notas sobre narcotráfico, tres ocurrieron en el conurbano y una en la provincia de Misiones.
Los crímenes violentos (robos, robos seguidos de muerte, secuestros, toma de rehenes, delitos sexuales), en especial si son cometidos por adolescentes o jóvenes de barrios marginales, son los estereotipos predilectos de la criminología mediática. La Nación recurrió a ellos en 14 ocasiones, es decir promediando la nota diaria.
La nota “Carolina Píparo fue nuevamente mamá”, publicada el 26 de septiembre, utiliza el hecho de la maternidad de una víctima de un delito violento (asalto y herida de arma de fuego con la consecuencia de la pérdida de un embarazo) para traer a la memoria de los lectores un crimen ocurrido hace trece meses, ocasión en la cual cuatro de los cinco imputados no supera los 25 años, siendo tres de ellos menores de edad. La noticia no es precisamente el nacimiento, como el título sugiere. La noticia, o más bien la intencionalidad editorial del medio al publicar la pieza, es recordar un hecho violento y repudiable ocurrido hace más de un año por jóvenes marginales y alertar a la sociedad ante el accionar del ellos, que es constante. La noticia se repite al día siguiente bajo el título “A 14 meses de la salidera, Píparo fue madre de una beba”.
Otra pieza muy ilustrativa del estereotipo joven marginal fue publicada el 7 de octubre: “Un chico de 14 años y con guardapolvo baleó a una mujer durante un asalto”. En la bajada se remarca que “el menor tenía antecedentes por robo y todavía no fue apresado”. En el interior de la crónica se intenta graficar la violencia de la situación mediante expresiones como “luego de balear a sangre fría”, “el violento episodio” o “el menor, sin dudar, le disparó a las piernas”. El efecto simbólico de la nota se acentúa más al detallar que “un menor de 14 años, vestido de escolar, con guardapolvo y con una mochila en la espalda”, – como el lobo vestido de cordero-.
Ante estos crímenes violentos, la criminología mediática pide como respuesta mayores mecanismos de control, tanto coercitivos (penas más duras, más atribuciones a la policía), como de prevención (cámaras de seguridad). Según Zaffaroni, “la consigna de la criminología mediática, según la cual a mayor represión corresponde menor libertad y mayor seguridad, impulsa una política que procura un control que neutralice políticamente a la población excluida o marginada”. Es por eso que el catedrático afirma que “los controles electrónicos y mecánicos han aumentado en forma impresionante… hay amenazas a la privacidad muy intrusivas, pero que no alarman a la criminología mediática que las muestra como proveedoras de seguridad”.
Así lo hace saber La Nación en las cuatro piezas que tienen como protagonistas a las cámaras de seguridad. Por ejemplo, el 2 de octubre en la nota “Crecerá el 35% la instalación de cámaras”, el medio legitima el uso de las mismas: “El gran reparo que apunta a la invasión de la privacidad y al resguardo de los datos personales (la imagen y la voz de las personas) no se tradujo, hasta ahora, en un reclamo. En Tigre y San Isidro, por ejemplo, la instalación de cámaras tiene 93 por ciento de aceptación ciudadana, según datos oficiales”.
En la misma nota también se afirma que “En la esfera privada hay cada vez más usuarios de esos “ojos de halcón”. Según expertos, el principal atributo de las cámaras radica en su poder disuasivo del delito, pues la grabación resulta una prueba irrefutable”. Hasta aquí todas fuentes imprecisas (según datos oficiales, según expertos). Pero la pieza contrasta también con fuentes identificables en su adhesión al uso de cámaras en la vía pública:
-”Desbaratamos desde redes de punguistas en la peatonal Florida, organizaciones de trata de personas en Constitución y de drogas en la Villa 31; previnimos casos de pedofilia y evitamos suicidios”, enumera Eugenio Burzaco, jefe de la Policía Metropolitana.
- “Hay que decirlo: son eficaces sólo si están insertas dentro de un sistema de comunicación integral, con capacidad de respuesta policial rápida. Si no, estás sólo filmando el delito. Aunque esa ayuda es invalorable para la Justicia ya que, probada la materialidad del hecho, pasás a discutir la calificación penal”, afirma el ex juez y actual ministro de Justicia y Seguridad porteño, Guillermo Montenegro.
También el dos de octubre se publicó la nota de opinión “Son eficaces pero no son la solución definitiva”, escrita por Claudio Stampalija (abogado penalista y criminólogo, y director del Centro de Estudios para la Prevención del Delito de la Universidad de Belgrano), cuya postura es favorable al uso de cámaras, pero reconociendo sus limitaciones al reconocer que su implementación debe ir acompañada de políticas de empleo, erradicación de la marginalidad, educación, programas contra el alcoholismo y las drogas, programas desalentadores del uso de armas de fuego.
En otra nota, también del dos de octubre, el título es “El video, un testigo irrefutable”, se ve una crítica del medio a un fiscal de Tigre que no consideró como prueba válida una filmación donde se ve dos personas intentando robar un auto a golpes.
Esta serie de piezas sobre cámaras de seguridad se inició el 30 de octubre con “Más cámaras en la Terminal de ómnibus y estaciones de trenes”, en donde diversas fuentes oficiales, entre ellas la Ministra de Seguridad Nilda Garré, informan sobre la eficacia del sistema de cámaras en la prevención del delito. Todas ellas forman un corpus de noticias donde la intencionalidad editorial del medio aprueba y legitima el mecanismo de control.
En su artículo “Periodismo y propaganda”, Fernando López, coordinador del Observatorio de Medios de la Facultad de Periodismo y Comunicación Social (FPyCS) de la UNLP y de la Red de Observatorios de Medios (ROUM), afirma que “un buen medio de lograr la adhesión a una idea es conseguir el aval de intelectuales prestigiosos u otras personalidades públicas, que garanticen de por sí una determinada capacidad de contagiar opiniones”; tal es el sentido que adquieren las declaraciones de Nilda Garré y Claudio Stampalija sobre la implementación de las cámaras.
El modelo teórico Intencionalidad Editorial, desarrollado por académicos e investigadores de la FPyCS de la UNLP y aplicado en distintos centros de investigación del país y América Latina, afirma que el periodismo integra la noción genérica de propaganda. Se trata de una forma especial de propaganda, cuya particularidad se define por una relación dialéctica establecida entre la objetividad y la parcialidad del quehacer periodístico.
Ese modelo entiende por objetividad que el hecho periodístico debe ser confirmado y contrastado a partir de fuentes, mientras que la parcialidad se advierte en la medida en que siempre existe una toma de posición frente a este mismo hecho.
En su artículo, López sugiere que afirmar que el periodismo forma parte del concepto genérico de propaganda supone que aquél comparte con ésta una serie de métodos comunes que son su punto de relación y, a la vez, de identidad. A continuación, el autor cita a Jean Marie Domenach quien menciona cinco reglas de la propaganda que nos sirven de referencia: “simplificación y enemigo único”, “exageración y desfiguración”, “orquestación”, “transfusión” y “unanimidad y contagio”.
Nos detendremos en la orquestación, ya es un mecanismo utilizado varias veces por La Nación en el presente observatorio. Según Fernando López, la orquestación se trata de la repetición de un tema bajo diferentes aspectos, hasta lograr imponerlo en la opinión pública. La intención es que el destinatario de la propaganda hable sobre él, lo discuta y llegue a tomar determinada posición.
De esta manera, se advierte orquestación en las dos notas publicadas sobre la maternidad de Carolina Píparo. Dichas piezas fueron publicadas consecutivamente, el 26 y el 27 de septiembre, y en ambas se utiliza la excusa de la maternidad de Carolina para evocar el suceso violento del que fue víctima un año anterior. Las dos notas informan prácticamente lo mismo – la pérdida de su embarazo al ser baleada en un asalto-, con una referencia mínima al nacimiento de su hija, con la diferencia que en la nota publicada el 27 de octubre aparece como fuente el hermano de Carolina manifestando que “el nacimiento de Inés no tapa lo otro”.
Las cuatro piezas publicadas entre el 30 de septiembre y el dos de octubre sobre la efectividad de las cámaras de seguridad son otro claro ejemplo de orquestación, donde queda claro el efecto propagandístico de la nación, favorable a una sociedad mejor vigilada y controlada.
Otro ejemplo de orquestación se inició con la nota del 28 de octubre” Brutal agresión antisemita en Flores” (la nota mereció un lugar destacado en tapa), donde se describe el violento ataque sufrido por un integrante de la comunidad judía ortodoxa. La orquestación continuó el 4 de octubre, con cinco notas tratando el tema. Todas ellas presentan fuentes precisas, entre ellas está un informe del Instituto Gino Germani donde se refleja una visión negativa por parte de la sociedad de la comunidad judía (“30% de los encuestados preferiría no tener judíos como vecinos”).
La serie de notas finaliza el 5 de octubre con las piezas “Para la DAIA creció el antisemitismo entre los argentinos” y “La ausencia de una sociedad plural”. Si bien el tratamiento fue correcto, en el sentido de que los datos aportados sobre un creciente antisemitismo son producto de investigaciones de instituciones serias como la DAIA, el Instituto Gino Germani y la UBA, el cuatro de octubre, en una columna de Pepe Eliaschev titulada “No me sorprende el antisemitismo”, muestra al antisemitismo como de alguna manera “promovido” desde el Estado, sin referencia ni fuente alguna que pueda justificar semejante sospecha: “…la declaración de la Presidente Cristina Fernández de Kirchner ordenando que le delegado argentino ante la ONU se haya quedado en la Asamblea General escuchando la inyección de veneno antisemita por parte de Ahmadimejad es un truculento precedente”.
El caso Candela también podría enmarcarse dentro de la orquestación, ya que su cobertura (10 piezas) es una de las más recurrentes dentro del período de análisis. Su tratamiento se centró en los avances de la causa, la aparición de nuevos testigos, pruebas, imputados y cómplices, una especie de gran crónica judicial. Pero en este caso, la orquestación va más allá del medio analizado, ya que el secuestro y asesinato de la adolescente fue agenda en todos los medios nacionales, ya sean estos gráficos o audiovisuales. El caso continúa hasta el día de la fecha con una enorme repercusión mediática.

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