pensar el pais
La realidad y el relato en el debate de la Argentina que viene
PERFIL reunió a cuatro reconocidos intelectuales –dos filósofos, un sociólogo y un historiador– para debatir el futuro del país. Un apasionado diálogo sobre el relato y los medios, las huellas de 2001 y las deudas sociales que aún restan. Todo, a la luz del 54 por ciento de los votos recibido por Cristina Fernández en las elecciones del 23 de octubre.
Miradas. Los filósofos Silvio Maresca, Diana Cohen Agrest y Agustín Salvia; y el historiador y escritor Mario "Pacho" O'Donnell compartieron visiones, acuerdos y contradicciones de la Argentina. La Argentina está mucho mejor que en otras etapas de su historia, pero se han desaprovechado oportunidades para desarrollar sus bolsones de atraso y marginación; la disputa por el relato y los medios es la disputa por el sentido, pero puede ser una amenaza totalitaria. La salud y la educación son grandes deudas sociales que aún deben resolverse. Y un enigma: ¿cuál es el secreto de la supervivencia del peronismo? Estos son algunos de los temas que surgieron durante el animado diálogo del que publicamos aquí algunos fragmentos.
Elecciones: el día después
SALVIA: Si uno mira el panorama en términos de resultados electorales, lo que aparece es el peronismo de la Presidenta, con un objetivo y discurso progresista; no necesariamente se ve representado cuando uno analiza los territorios, donde hasta podría pensarse que hubo corrimientos de derecha importantes o corrimientos de confirmación de viejas tradiciones de lo peor que pudo haber tenido la práctica peronista.
MARESCA: Tras las elecciones, hay una clara hegemonía política, sin oposición, porque la única es el macrismo, pero es un partido municipal. No veo que pueda ser oposición el Frente Progresista, porque comparte las ideas del Gobierno, aunque no soporte el olorcillo peronista que tiene. Esta hegemonía es un espacio con grandes tensiones internas, que ahora se van a desarrollar. Para decirlo simplemente: no es lo mismo la CGT que La Cámpora. Este ha sido un voto antropológicamente conservador. La gente, que no es “progre” como los intelectuales del Gobierno, dijo: “¿Cómo estaba yo en 2001, 2002? ¿Cómo estoy ahora? Estoy mejor”, y tiene razón.
O’DONNELL: Creo que nunca hubo un fenómeno de democracia como la que vivimos en nuestro país hoy. Sin presos políticos, sin persecuciones políticas. Acaban de suceder unas elecciones ejemplares, donde ni los ganadores ni los perdedores rompieron una vidriera, donde los opositores pudieron gozar de una publicidad gratuita, otorgada por el Gobierno, realmente nunca vista. Y todo eso me parece que es una conquista, no sólo del Gobierno, sino de todos. Una de las buenas decisiones ha sido poner la política por delante de la economía. Nosotros recordamos las Argentinas en las cuales había una calesita de funcionarios, que siempre eran los mismos. Yo he participado de reuniones de Gabinete, en las que hablaba el ministro de Economía. Nuestros presidentes de la democracia, en general, han sido ministros de economía dependientes. Por eso, los ministros de economía de estos años han parecido como ministros tontos, porque en realidad, han sido ministros subordinados a las decisiones políticas. Eso me parece importante.
COHEN AGREST: Es verdad que la política está por primera vez por delante de la economía, pero creo que el daño colateral de la inversión del orden son las políticas cortoplacistas. Ya no hay planes a mediano o largo plazo y eso redunda en educación, en salud y otros órdenes de la organización nacional.
SALVIA: Si uno mira el panorama en términos de resultados electorales, lo que aparece es el peronismo de la Presidenta, con un objetivo y discurso progresista; no necesariamente se ve representado cuando uno analiza los territorios, donde hasta podría pensarse que hubo corrimientos de derecha importantes o corrimientos de confirmación de viejas tradiciones de lo peor que pudo haber tenido la práctica peronista.
MARESCA: Tras las elecciones, hay una clara hegemonía política, sin oposición, porque la única es el macrismo, pero es un partido municipal. No veo que pueda ser oposición el Frente Progresista, porque comparte las ideas del Gobierno, aunque no soporte el olorcillo peronista que tiene. Esta hegemonía es un espacio con grandes tensiones internas, que ahora se van a desarrollar. Para decirlo simplemente: no es lo mismo la CGT que La Cámpora. Este ha sido un voto antropológicamente conservador. La gente, que no es “progre” como los intelectuales del Gobierno, dijo: “¿Cómo estaba yo en 2001, 2002? ¿Cómo estoy ahora? Estoy mejor”, y tiene razón.
O’DONNELL: Creo que nunca hubo un fenómeno de democracia como la que vivimos en nuestro país hoy. Sin presos políticos, sin persecuciones políticas. Acaban de suceder unas elecciones ejemplares, donde ni los ganadores ni los perdedores rompieron una vidriera, donde los opositores pudieron gozar de una publicidad gratuita, otorgada por el Gobierno, realmente nunca vista. Y todo eso me parece que es una conquista, no sólo del Gobierno, sino de todos. Una de las buenas decisiones ha sido poner la política por delante de la economía. Nosotros recordamos las Argentinas en las cuales había una calesita de funcionarios, que siempre eran los mismos. Yo he participado de reuniones de Gabinete, en las que hablaba el ministro de Economía. Nuestros presidentes de la democracia, en general, han sido ministros de economía dependientes. Por eso, los ministros de economía de estos años han parecido como ministros tontos, porque en realidad, han sido ministros subordinados a las decisiones políticas. Eso me parece importante.
COHEN AGREST: Es verdad que la política está por primera vez por delante de la economía, pero creo que el daño colateral de la inversión del orden son las políticas cortoplacistas. Ya no hay planes a mediano o largo plazo y eso redunda en educación, en salud y otros órdenes de la organización nacional.
De epopeyas y alegría
O’D: Los argentinos tenemos una gran capacidad de reacción, de hacer verdaderas epopeyas: salir de dictaduras, hiperinflaciones, disoluciones profundas. Y, en ese sentido, creo que en este momento se ha encontrado un cauce. Yo siento que en la sociedad existe una cierta alegría, diría que ése es un término que se puede utilizar. No parece un término político, pero en la sociedad se respira la idea colectiva de que vamos por un camino que no parece malo, sino bastante bueno; se están haciendo cosas de contenido social.
S: Hay un estado de alegría, porque hemos progresado bastante bien. Hemos mejorado la situación económica y social y esto ha llegado a los sectores medios y profesionales y a las clases medias bajas y a los trabajadores. Y también ha llegado a la gente que vive en las villas miseria. Pero creo que esa situación de alegría está acompañada también de preocupaciones. Y creo que una parte de la sociedad no está sometida solamente al proceso del consumo, sino también cargada de preocupaciones políticas, ideológicas.
O’D: Sí, de acuerdo…
S: Hay un tiempo histórico que no se aprovechó suficientemente. La epopeya que señaló Pacho existió hasta 2004. Pero creo que, a partir de 2005, 2006, comenzamos a administrar un proceso de importantes oportunidades económicas y político-institucionales, bien desde el punto de vista político, pero desde el punto de vista de un proyecto de desarrollo de país, no. Hoy la epopeya sería: “con tantos recursos y oportunidades y el 54% de los votos, ¿qué hago? Tengo que hacer un país nuevo”. Y eso significa empezar a discutirlo, empezar a pensarlo. Y eso no está presente todavía.
O’D: Los argentinos tenemos una gran capacidad de reacción, de hacer verdaderas epopeyas: salir de dictaduras, hiperinflaciones, disoluciones profundas. Y, en ese sentido, creo que en este momento se ha encontrado un cauce. Yo siento que en la sociedad existe una cierta alegría, diría que ése es un término que se puede utilizar. No parece un término político, pero en la sociedad se respira la idea colectiva de que vamos por un camino que no parece malo, sino bastante bueno; se están haciendo cosas de contenido social.
S: Hay un estado de alegría, porque hemos progresado bastante bien. Hemos mejorado la situación económica y social y esto ha llegado a los sectores medios y profesionales y a las clases medias bajas y a los trabajadores. Y también ha llegado a la gente que vive en las villas miseria. Pero creo que esa situación de alegría está acompañada también de preocupaciones. Y creo que una parte de la sociedad no está sometida solamente al proceso del consumo, sino también cargada de preocupaciones políticas, ideológicas.
O’D: Sí, de acuerdo…
S: Hay un tiempo histórico que no se aprovechó suficientemente. La epopeya que señaló Pacho existió hasta 2004. Pero creo que, a partir de 2005, 2006, comenzamos a administrar un proceso de importantes oportunidades económicas y político-institucionales, bien desde el punto de vista político, pero desde el punto de vista de un proyecto de desarrollo de país, no. Hoy la epopeya sería: “con tantos recursos y oportunidades y el 54% de los votos, ¿qué hago? Tengo que hacer un país nuevo”. Y eso significa empezar a discutirlo, empezar a pensarlo. Y eso no está presente todavía.
La disputa por el relato
M: A mí me preocupa muy especialmente la cuestión de los medios: algunos sectores del Gobierno están especialmente interesados en este aspecto y pueden querer continuar, agresivamente, el avance sobre la totalidad de los grandes medios de comunicación. Ya lo anunció Nietzsche a fines del siglo XIX: lo que más importa no son los hechos sino las interpretaciones, el sentido que se les da a los hechos. Y este gobierno ya ha mostrado grandes tendencias a apropiarse del sentido, con la idea de que quien impone el sentido, impone la realidad. Si se avanza mucho en condicionar no sólo los contenidos, sino también la propiedad de los medios, puede hacerlos funcionar como poderosísimas máquinas retóricas.
O’D: Yo creo que la disputa por los medios es mucho más profunda. Que no pasa tanto por la disputa de los recursos económicos, sino que pasa realmente por el hecho de disputarle al sistema neoliberal la capacidad de determinar desde lo inconsciente, desde lo no percibido, las actitudes, las conductas, las decisiones. Tiene como principal sentido el consumismo. Esa es la ideología. Y de alguna manera, a través de eso, tratar de rescatar algo que tiene que ver mucho más con lo nacional, con lo popular, con posibilidades de pensarnos en un pasado, en un presente y en un futuro con algo que tiene más que ver con nosotros mismos. Aprender a desear nuestros propios deseos. Aquellos deseos que realmente tienen que ver con la satisfacción de necesidades reales y no desear a favor del deseo de una sociedad que no quiere determinada manera.
CA: Se ha montado una maquinaria de propaganda tan, pero tan bien aceitada, que no sé si es una forma de vasallaje de la subjetividad, una manera de poner la responsabilidad en un tercero. Creo que la alternativa a eso es decir: la cuestión no es despotricar sobre los supuestos amos de la Argentina sino realmente, como diría Sartre, qué hacemos con esto que tenemos. Qué hacemos con lo que nos tocó, y empezar a hacerse cargo de la parte de responsabilidad que está en nosotros. Porque cuando hay un vasallaje, también hay cómplices y esos cómplices están acá en el país; no son siempre de afuera.
O’D: Es una disputa, sin duda. No sé si de vasallaje, pero al menos de tratar de contradecir ese otro vasallaje que no percibimos, pero que está y que está dado como natural, pero que también es ideológico.
M: A mí me preocupa muy especialmente la cuestión de los medios: algunos sectores del Gobierno están especialmente interesados en este aspecto y pueden querer continuar, agresivamente, el avance sobre la totalidad de los grandes medios de comunicación. Ya lo anunció Nietzsche a fines del siglo XIX: lo que más importa no son los hechos sino las interpretaciones, el sentido que se les da a los hechos. Y este gobierno ya ha mostrado grandes tendencias a apropiarse del sentido, con la idea de que quien impone el sentido, impone la realidad. Si se avanza mucho en condicionar no sólo los contenidos, sino también la propiedad de los medios, puede hacerlos funcionar como poderosísimas máquinas retóricas.
O’D: Yo creo que la disputa por los medios es mucho más profunda. Que no pasa tanto por la disputa de los recursos económicos, sino que pasa realmente por el hecho de disputarle al sistema neoliberal la capacidad de determinar desde lo inconsciente, desde lo no percibido, las actitudes, las conductas, las decisiones. Tiene como principal sentido el consumismo. Esa es la ideología. Y de alguna manera, a través de eso, tratar de rescatar algo que tiene que ver mucho más con lo nacional, con lo popular, con posibilidades de pensarnos en un pasado, en un presente y en un futuro con algo que tiene más que ver con nosotros mismos. Aprender a desear nuestros propios deseos. Aquellos deseos que realmente tienen que ver con la satisfacción de necesidades reales y no desear a favor del deseo de una sociedad que no quiere determinada manera.
CA: Se ha montado una maquinaria de propaganda tan, pero tan bien aceitada, que no sé si es una forma de vasallaje de la subjetividad, una manera de poner la responsabilidad en un tercero. Creo que la alternativa a eso es decir: la cuestión no es despotricar sobre los supuestos amos de la Argentina sino realmente, como diría Sartre, qué hacemos con esto que tenemos. Qué hacemos con lo que nos tocó, y empezar a hacerse cargo de la parte de responsabilidad que está en nosotros. Porque cuando hay un vasallaje, también hay cómplices y esos cómplices están acá en el país; no son siempre de afuera.
O’D: Es una disputa, sin duda. No sé si de vasallaje, pero al menos de tratar de contradecir ese otro vasallaje que no percibimos, pero que está y que está dado como natural, pero que también es ideológico.
“6, 7, 8”
M: Lo tengo que decir así: a mí, 6, 7, 8 me angustia. No puedo pensar nada; sólo me angustio porque me surgen las imágenes del nazismo, las imágenes de la Rusia estalinista, del fascismo mussoliniano y, debo decirlo también, de cierta acción con los medios que el peronismo de Perón tuvo en su momento. Y Perón, a los 70, se arrepiente de lo que hizo; “Cuando tenía todos los medios a favor, me echaron. Cuando los tenía todos en contra, gané las elecciones”, dijo. Con esto se enlaza la idea del periodismo militante. La idea del periodismo militante es un oxímoron, es como decir círculo cuadrado. El periodismo es esencialmente crítico; si no, no es periodismo. Lo otro es ideologismo; no sé cómo llamarlo, pero no es periodismo. Creo que de cualquier manera, el Gobierno o alguno de sus intelectuales cometen un error de cálculo, porque no hay un determinismo causal mecanicista ni en esa esfera ni en ninguna otra ya a esta altura, donde si se dice uniformemente tal cosa en todos los medios, entonces, la gente va a responder de tal manera. La gente lee Clarín y vota por Cristina.
O’D: A pesar de que es muchas veces criticable, ha sido un programa que brutalmente ha puesto en evidencia de qué manera los mensajes que habitualmente eran considerados naturales no son naturales. Es decir, esconden una intencionalidad. No es que los periodistas tengan una intención maléfica, sino que las mismas circunstancias de un sistema, el mismo esquema de transmisión de noticias, de ideas, estaba contaminado por intereses muy particulares.
Peronismo: gran camaleón
O’D: Lo esencial del peronismo es que se ocupa de los sectores populares. Toda la oposición no fue capaz de poner ni una sola política destinada a los sectores populares bien manifestada y bien recibida. Una vez le pregunté a un peronista, durante un tiempo de un gobierno peronista muy criticado y criticable, por qué seguía siéndolo. Me dijo: “Porque aún los peores gobiernos peronistas nos van a dar más que los mejores gobiernos de cualquier otro partido”.
M: El peronismo es capaz de enmascararse de los procesos en boga en el mundo. Tiene una gran plasticidad política para poder asumir los cambios de época, de ir adecuándose a una evolución que Perón no podía manejar totalmente. La idea profunda del peronismo, entonces, es transformarse amorosamente con lo que va pasando.
M: Lo tengo que decir así: a mí, 6, 7, 8 me angustia. No puedo pensar nada; sólo me angustio porque me surgen las imágenes del nazismo, las imágenes de la Rusia estalinista, del fascismo mussoliniano y, debo decirlo también, de cierta acción con los medios que el peronismo de Perón tuvo en su momento. Y Perón, a los 70, se arrepiente de lo que hizo; “Cuando tenía todos los medios a favor, me echaron. Cuando los tenía todos en contra, gané las elecciones”, dijo. Con esto se enlaza la idea del periodismo militante. La idea del periodismo militante es un oxímoron, es como decir círculo cuadrado. El periodismo es esencialmente crítico; si no, no es periodismo. Lo otro es ideologismo; no sé cómo llamarlo, pero no es periodismo. Creo que de cualquier manera, el Gobierno o alguno de sus intelectuales cometen un error de cálculo, porque no hay un determinismo causal mecanicista ni en esa esfera ni en ninguna otra ya a esta altura, donde si se dice uniformemente tal cosa en todos los medios, entonces, la gente va a responder de tal manera. La gente lee Clarín y vota por Cristina.
O’D: A pesar de que es muchas veces criticable, ha sido un programa que brutalmente ha puesto en evidencia de qué manera los mensajes que habitualmente eran considerados naturales no son naturales. Es decir, esconden una intencionalidad. No es que los periodistas tengan una intención maléfica, sino que las mismas circunstancias de un sistema, el mismo esquema de transmisión de noticias, de ideas, estaba contaminado por intereses muy particulares.
Peronismo: gran camaleón
O’D: Lo esencial del peronismo es que se ocupa de los sectores populares. Toda la oposición no fue capaz de poner ni una sola política destinada a los sectores populares bien manifestada y bien recibida. Una vez le pregunté a un peronista, durante un tiempo de un gobierno peronista muy criticado y criticable, por qué seguía siéndolo. Me dijo: “Porque aún los peores gobiernos peronistas nos van a dar más que los mejores gobiernos de cualquier otro partido”.
M: El peronismo es capaz de enmascararse de los procesos en boga en el mundo. Tiene una gran plasticidad política para poder asumir los cambios de época, de ir adecuándose a una evolución que Perón no podía manejar totalmente. La idea profunda del peronismo, entonces, es transformarse amorosamente con lo que va pasando.
2001, diez años después
CA: Una década después de la crisis, destaco la emergencia de lo que podríamos llamar movimientos unilaterales o de una sola voz, la práctica de la ocupación del espacio público, la hiperjudicialización de los reclamos. Me parece que se instaura lo que podría llamar el imperio de la fuerza. Es una cuestión de cuánta energía, cuánta gente junto para un reclamo que hasta puede entorpecer a la Justicia.
M: La sociedad argentina mostró en el contexto de esa crisis e inmediatamente después un vigor que creíamos que no existía, no estaba.
S: El saldo negativo que deja la crisis de 2001 es la falta de un debate a largo plazo; es estar concentrados en la disputa de coyuntura, de identificaciones maniqueas.
O’D: Fue evidentemente un antes y después. La sociedad hizo un quiebre con todo lo que venía de antes y el “que se vayan todos” es una expresión referida no sólo a la política. Fue una especie de golpe que puso en marcha muchas cosas muy positivas de nuestro país y de su gente. Creo que el pueblo argentino es un pueblo maravilloso con una gran capacidad de recuperación, una gran capacidad de esperanza. Hay cosas extraordinarias: a raíz de la condena del otro día de estos monstruos de la ESMA, cómo nadie se tomó venganza por mano propia. Es algo extraordinario.
CA: Una década después de la crisis, destaco la emergencia de lo que podríamos llamar movimientos unilaterales o de una sola voz, la práctica de la ocupación del espacio público, la hiperjudicialización de los reclamos. Me parece que se instaura lo que podría llamar el imperio de la fuerza. Es una cuestión de cuánta energía, cuánta gente junto para un reclamo que hasta puede entorpecer a la Justicia.
M: La sociedad argentina mostró en el contexto de esa crisis e inmediatamente después un vigor que creíamos que no existía, no estaba.
S: El saldo negativo que deja la crisis de 2001 es la falta de un debate a largo plazo; es estar concentrados en la disputa de coyuntura, de identificaciones maniqueas.
O’D: Fue evidentemente un antes y después. La sociedad hizo un quiebre con todo lo que venía de antes y el “que se vayan todos” es una expresión referida no sólo a la política. Fue una especie de golpe que puso en marcha muchas cosas muy positivas de nuestro país y de su gente. Creo que el pueblo argentino es un pueblo maravilloso con una gran capacidad de recuperación, una gran capacidad de esperanza. Hay cosas extraordinarias: a raíz de la condena del otro día de estos monstruos de la ESMA, cómo nadie se tomó venganza por mano propia. Es algo extraordinario.
Futuro y deudas sociales
S: Veo una parte de la sociedad que no ha logrado ser incluida y que el crecimiento económico por sí solo no derrama oportunidades de subsistencia. Los procesos de concentración del ingreso han seguido creciendo: así como crecen las torres en Puerto Madero, van creciendo los ladrillos en las villas. La gente ha tenido más capacidad de comprar ladrillos para construir su casita en la villa, pero no ha conseguido un plan de desarrollo urbano o rural. Ese desafío, en los próximos años, significa no menos Estado, sino un Estado mucho más inteligente, pensando el desarrollo a través de políticas de integración y de inclusión social que no pasen solamente por la transferencia de ingresos, sino por una fuerte inversión en educación, en la salud, en los mecanismos de la integración social, vinculadas a las actividades culturales, al mundo de la producción cultural, donde también esta otra sociedad de la marginalidad tiene que verse incluida.
O’D: Yo tengo la impresión de que se ha avanzado, pero que quedan deudas en la educación, la salud, la cultura. Por supuesto, no se han resuelto todos los problemas, ni tampoco los han resuelto los países poderosos. Pero hay medidas que se han tomado, como la Asignación Universal por Hijo, las jubilaciones extendidas. Yo recuerdo otras Argentinas. Y eran peores que ésta.
CA: Para mí, los temas pasan esencialmente por la salud, la educación y otras cuestiones, como el derecho a la identidad. No hay un sistema primario de salud federal, y creo que uno de problemas básicos de la atención sanitaria en la Argentina es que es una atención de tipo intervencionista y no de prevención. Eso lo vemos, por ejemplo, en accidentología. O en deudas históricas, como el Mal de Chagas. En educación, me llama la atención que, a pesar de la Asignación por hijo, todavía tenemos una enorme deserción escolar. También podría orientarse la demanda universitaria, como se hace en Brasil y otros países, manteniendo el ingreso irrestricto y gratuito, pero con un sistema de puntajes. Y el tema del derecho a la identidad me preocupa porque ahí se intersectan la historia pasada y la historia futura. Es decir, así como el derecho a la identidad se viene defendiendo y con justicia, respecto de los hijos de desaparecidos, creo que hay que estar atentos con la donación de gametas: con las donaciones de esperma y óvulos, habrá muchísimos chicos que van a desconocer su identidad genética.
S: Veo una parte de la sociedad que no ha logrado ser incluida y que el crecimiento económico por sí solo no derrama oportunidades de subsistencia. Los procesos de concentración del ingreso han seguido creciendo: así como crecen las torres en Puerto Madero, van creciendo los ladrillos en las villas. La gente ha tenido más capacidad de comprar ladrillos para construir su casita en la villa, pero no ha conseguido un plan de desarrollo urbano o rural. Ese desafío, en los próximos años, significa no menos Estado, sino un Estado mucho más inteligente, pensando el desarrollo a través de políticas de integración y de inclusión social que no pasen solamente por la transferencia de ingresos, sino por una fuerte inversión en educación, en la salud, en los mecanismos de la integración social, vinculadas a las actividades culturales, al mundo de la producción cultural, donde también esta otra sociedad de la marginalidad tiene que verse incluida.
O’D: Yo tengo la impresión de que se ha avanzado, pero que quedan deudas en la educación, la salud, la cultura. Por supuesto, no se han resuelto todos los problemas, ni tampoco los han resuelto los países poderosos. Pero hay medidas que se han tomado, como la Asignación Universal por Hijo, las jubilaciones extendidas. Yo recuerdo otras Argentinas. Y eran peores que ésta.
CA: Para mí, los temas pasan esencialmente por la salud, la educación y otras cuestiones, como el derecho a la identidad. No hay un sistema primario de salud federal, y creo que uno de problemas básicos de la atención sanitaria en la Argentina es que es una atención de tipo intervencionista y no de prevención. Eso lo vemos, por ejemplo, en accidentología. O en deudas históricas, como el Mal de Chagas. En educación, me llama la atención que, a pesar de la Asignación por hijo, todavía tenemos una enorme deserción escolar. También podría orientarse la demanda universitaria, como se hace en Brasil y otros países, manteniendo el ingreso irrestricto y gratuito, pero con un sistema de puntajes. Y el tema del derecho a la identidad me preocupa porque ahí se intersectan la historia pasada y la historia futura. Es decir, así como el derecho a la identidad se viene defendiendo y con justicia, respecto de los hijos de desaparecidos, creo que hay que estar atentos con la donación de gametas: con las donaciones de esperma y óvulos, habrá muchísimos chicos que van a desconocer su identidad genética.
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