Una mirada social desde el humor
Publicado el 5 de Noviembre de 2011
El estreno de la película cordobesa De caravana trae aire fresco a los cines porteños, con una combinación de cuarteto, romance y acción que no resigna calidad cinematográfica y en la que no falta ni la Mona Giménez.
Hay acontecimientos en el cine que merecen ser celebrados: el estreno en Buenos Aires de De caravana, la película cordobesa dirigida por Rosendo Ruiz, es uno de esos. Luego de su paso por Córdoba, donde en sólo tres salas se mantuvo ocho semanas en cartel y convocó a más de 20 mil espectadores, llega con gran expectativa a los cines porteños. Y si de celebrar se trata, nada mejor que una película como De caravana.
Con el mundo del cuarteto y los bajos fondos cordobeses como hábitat natural, De caravana combina con habilidad la comedia y la acción sin privarse de abordar complejos escenarios sociales. Rosendo Ruiz no sólo consigue que el experimento sea exitoso, sino que lo hace a partir de recursos y herramientas cinematográficas propias de la más acabada cinefilia. No hay otra forma de explicar la química que se genera entre el público y lo que se cuenta desde la pantalla. La historia incluye un chico “bien” que a partir de conocer a una chica en una noche de cuarteto, termina enredado entre mafiosos y un grupito de malandras de mala muerte que pretenden secuestrar a la Mona Giménez. De caravana matiza situaciones de un humor muy cordobés, con incisivas miradas sobre cuestiones como las diferencias de clase, los prejuicios y la discriminación. Todo con la más impecable naturalidad. “Creo que encaramos todas esas cuestiones desde un lugar que es muy cercano al espíritu cordobés”, dice Ruiz, “contar historias dramáticas, fuertes y hasta por momentos violentas, pero matizadas desde el humor, que le quitan el peso de la solemnidad.” El resultado es impecable.
–¿De caravana es el tipo de película que necesita el cine argentino para recomponer su relación con el público sin resignar calidad cinematográfica?
–Creo que al público le está faltando un poco de variedad. Me encantaría que directores como Lisandro Alonso fueran populares. Estaría bueno que sus películas llenaran los cines, porque significaría que el público aprendió a mirar de otra forma. No es así y ojalá pueda ser que la cosa vaya por este camino. Aunque no hice la película pensando en qué tenía que hacer para que el público vaya a verla, fue un gran desafío. Yo sabía que no quería quedarme sólo con los cinéfilos, sino que también quería que la historia le llegara a mi tía, a mi cuñada y al hijo de mi vecino y pudieran acercarse.
–¿Creés que el público necesita películas para identificarse?
–Siento que hay necesidad de ver películas con escenarios propios. Creo que en Córdoba la película pegó mucho porque es la primera que muestra de esa forma a la propia ciudad. La gente se ha sentido identificada, tanto los de clase alta como los de clase baja, los chicos que van a los bailes de la Mona. El INCAA vio lo que pasó con la película en Córdoba. Y están muy preocupados por saber cómo volver a la época de oro del cine argentino, cuando el público llenaba los cines para ver películas nacionales.
–La experiencia demuestra que se puede hacer cine fuera de Buenos Aires y, sobre todo, que se puede ser exitoso fuera de Buenos Aires.
–Mucha gente nos decía que era un riesgo grande estrenar primero en Córdoba, porque estábamos rompiendo la regla de que todas las películas tienen que estrenarse primero en Buenos Aires. Pero nos pareció coherente estrenarla primero en Córdoba y nos la jugamos, a riesgo de que las salas después no nos aceptaran en Buenos Aires.
–De distintas maneras la película fue un desafío: hacerla en Córdoba y sin ceder a la tentación del montaje vertiginoso; estrenarla primero en tu ciudad. ¿El cine para vos es eso, un desafío?
–No lo sé. Yo soy muy conservador en mi forma de vivir, no tengo una vida al límite.
–Por ahí el cine te permite romper con esa tranquilidad.
–Para los próximos proyectos me planteo expandir límites, de jugármela sin pensar si le va a gustar al espectador. En De caravana hay muchos momentos así y me guié por la intuición. Sobre todo en los momentos de humor más callejero o en las escenas más delirantes. Sabía que había personajes que los intelectuales o la gente del cine me los iba a criticar, por subrayados. Pero quería reflejar eso del humor cordobés. Esos “trazos gruesos” son los que más festeja la popular, con los que más se identifica el cordobés. Y yo festejo haberme tomado esa libertad, por más riesgo que representara.
–El público de Córdoba se identificó con De caravana. ¿Qué le puede ofrecer al porteño?
–Creo que la película tiene potencial, porque vi como reaccionó la gente de Buenos Aires que ya la vio. Creo que les gustó sorprenderse con un cine argentino que tiene otras tonadas, otros colores, otra música. Y se divirtieron mucho. También, por más que sea de Córdoba, la realidad social de la película tranquilamente puede trasladarse a Buenos Aires. Seguramente se van a enamorar de los personajes, la van a pasar bien y se van a ir con algunas ideas y preguntas. Que te pase todo eso viendo una película creo que es muy lindo. Por ahí queda mal que lo diga yo, pero es lo que recibo de la gente en todos lados. <
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