jueves, 10 de mayo de 2012

Público  *   TV y gente   *   4-V-12
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Los periodistas con talento, estilo y ganas están siendo sustituidos por community managers y becarios"
Redactores, colaboradores y responsables de revistas y suplementos de tendencias opinan sobre la "servidumbre" de la publicidad y la precarización del oficio
HENRIQUE MARIÑO (@solucionsalina) - Madrid- 4/5/2012




Luis Landeira, Elena Cabrera, David Saavedra, Anabel Vázquez, Rubén Lardín y Mònica Escudero.
¿Cómo ha evolucionado el periodismo de tendencias en España?
PEDRO CALLEJA: Se ha ido dejando de lado la opinión, el comentario personal y la literatura periodística de combate. Ahora la tendencia la marca el mercado o el número de visitas en YouTube. Los temas culturales interesantes duran un cuarto de hora.


PATRICIA GOSÁLVEZ: Los fanzines ahora se llaman webzines y la gente sigue sin cobrar... ¡Ahora también en la prensa generalista!


KINO VERDÚ: Creo que antes, en un ataque de ingenuidad, creíamos en las tendencias. Al menos intentábamos extraerle un significado social o cultural: qué había detrás de esos fenómenos.

Ahora, en un ataque de descreimiento absoluto, no creo en las tendencias: no son más que imposiciones de las marcas, de la publicidad. ¿Todas las semanas hay nuevas tendencias? Que lo hagan internet y los bloggers, que viven de eso, bueno, pero la prensa escrita...


ELENA CABRERA: Viví la eclosión del periodismo de tendencias en los años noventa desde el soleado y sonriente mundo de las revistas gratuitas. Allí era donde estaba el dinero, porque marcas como Adidas o Levi's estaban dispuestas a meter mucha publicidad en cualquier revista que sacara su ropa en editoriales de moda, realizados por nuevos fotógrafos, donde salieran chicos y chicas con pinta moderna. Los redactores estábamos ahí para ganar poco o nada, a diferencia de los fotógrafos. La idea era crear un producto que pudiera sostener bien los editoriales de moda y los encartes publicitarios; portadas que hicieran sentirse orgullosos a los anunciantes de las contraportadas. Llegó la crisis de la publicidad y los anunciantes retiraron las inversiones de las revistas gratuitas de tendencias, donde las páginas de publicidad eran más caras que en las de quiosco.
Se acabó el negocio, pero ese estilo cool, fresco, de ir de sobrao, inventarse palabras, pensar que unos zapatos te cambian la vida, abusar del yo, creer en el consumo por encima de la cultura, hacer streets y fotos en fiestas, aceptar los regalos de las marcas, hablar de tribus urbanas, del sube y baja, del in y el out y poner estrellitas para calificar los libros, los discos y las películas... toda esa herencia es el poso que, acabada la fiesta, se ha quedado impregnado en el oficio de los redactores.
"Los contenidos son cada vez más simples: no se innova y escasean los recursos"

JUAN LUIS GALLEGO: Hacia la simplificación. Es decir, los contenidos son cada vez más simples. Los medios se miran en el espejo de la competencia y, entre unos y otros, hay una especie de acuerdo tácito para no arriesgar y no innovar. El periodismo de tendencias tiene muchas más aristas –o podría tenerlas– de las que los medios reflejan. Probablemente, también la escasez de recursos debido a la crisis tenga algo que ver con ello.


ANABEL VÁZQUEZ: Hay sobreinformación clara. Existen recursos sencillos y las tendencias son algo que afectan a todos. La clave está en si este contenido simplemente vuela de un soporte a otro –o de un medio a otro– o si existe un trabajo de filtro y digestión por parte del periodista. Eso marca la diferencia.


JORDI COSTA: No he hecho nunca periodismo de tendencias. Lo mío es el periodismo cultural. De hecho, viví el momento en que nació ese formato terrible –la revista de tendencias– que fue todo un campo de pruebas para la expansión del lenguaje publicitario.
"Sirvió para que el joven aspirante aprendiera a trabajar gratis"
Y no sólo para eso: también sirvió para que el joven aspirante a periodista aprendiera a trabajar gratis o a cambio de retribuciones situadas muy por debajo del precio de mercado. El precio de mercado, de hecho, ya no existe: se ha sustituido por una sistemática aplicación de recortes a plazo variable.


MARTA PEIRANO: Veo que aquí se ha copiado mal lo peor de las independientes británicas, revistas como I+D (de los años ochenta) o Dazed & Confused (de los noventa). Con todas sus modelos semidesnudas y sus especiales punk, son profundamente conservadoras, tanto o más que Fortune o la página de estilo del New York Times, pero mucho menos interesantes porque no son más que pasarela de producto, sin más contenido que el catálogo del Ikea.


LUIS LANDEIRA: Cuando el periodismo de tendencias daba sus primeros pasos, era algo nuevo y lleno de posibilidades. Pero, con el paso del tiempo, se ha vuelto aburrido y previsible: sota, caballo y rey. El 90% de las publicaciones vienen a ser catálogos de productos innecesarios salteados con reportajes intrascendentes.


MÓNICA ESCUDERO: Muchos de los que hace diez o doce años militábamos en medios más tendenciosos, como Xavi Sancho o Miqui Otero, hemos ido evolucionando de una manera natural hacia un periodismo más cultural. Es decir, menos preocupados por si lo último en Londres era comer pez globo mientras alguien leía a Balzac del revés y con los calzoncillos por fuera; o por si en Nueva York salían de fiesta en pijama (verídico, por cierto). Nos hemos hecho –un poco más– mayores y nos hemos liberado del yugo de lo moderno.


RUBÉN LARDÍN: De ninguna de las maneras. El cambio más significativo es su traspaso a internet, que es una plataforma que se frecuenta mucho pero se lee poco. La obsesión por los clics, que no contabilizan más que nuestra conducta espasmódica como usuarios, permiten encartar ahora algunos caprichos que el papel no toleraba.


DAVID SAAVEDRA: Fundamentalmente, veo que muchas publicaciones han desaparecido. Parece que la crisis ha terminado también con la burbuja de las tendencias. Por cierto, ¿qué fue de Jordi Labanda?
 

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