domingo, 16 de diciembre de 2012

CRONICA DE LA DEFORMACION SELECTIVA DE PRACTICAMENTE TODO LO QUE SE DICE DE EL

Los cañones mediáticos le tiran a Lula

Como se sabe, noticiar no es informar: la narración de la actualidad, especialmente la divulgada en tiempo real, busca, por definición, impactar sobre el telespectador, aunque el precio a pagar sea mutilar los hechos.
Por Darío Pignotti Desde Brasilia
¡Noticias de ayer, extra, extra! “Lula viaja a Europa escapando de las denuncias de corrupción que lo tienen preocupado”; “Revelaciones del empresario Marcos Valerio confirman la vinculación de Lula con el Mensalao”; “Golpeado por las denuncias, el ex presidente amenaza volver a ser candidato”; “Lula ataca a la prensa”.
Los titulares citados arriba no fueron robados de algún tema de los argentinos Redonditos de Ricota, son titulares aparecidos en los canales televisivos, sitios de Internet y algunos diarios brasileños durante los últimos quince días.
Como se sabe, noticiar no es informar: la narración de la actualidad, especialmente la divulgada en tiempo real, busca, por definición, impactar sobre el telespectador aunque el precio a pagar sea mutilar los hechos y escamotear datos indispensables para que el público sepa qué está ocurriendo.
Contar de manera anómala los acontecimientos es característico del espectáculo mediático global, no siempre responde a razones ideológicas, lo que distingue al caso brasileño es la deformación selectiva sobre prácticamente todo lo que se dice respecto de Lula. El ex gobernante y líder del Partido de los Trabajadores (PT) es un personaje crucial en el panorama político local y el dirigente brasileño de mayor estatura mundial –su influencia externa sólo se equipara a la de Dilma Rousseff– y aquello que se cuenta-inventa sobre él aquí, en Brasil, a veces sufre una segunda distorsión al llegar a los diarios de Washington, Buenos Aires o Madrid.
Repasemos algunos ejemplos. “Revelaciones del empresario Marcos Valerio confirman la vinculación de Lula con el Mensalao (caso de corrupción)” fue una de las noticias brasileñas de la semana. No es apropiado mencionar a Marcos Valerio como un “empresario”, antes bien fue un lobbista que operó con el oficialista Partido de los Trabajadores y acaba de recibir una condena de 40 años de prisión por su participación en el Mensalao, aquel escándalo de desvío de dinero público y otras irregularidades ocurridas durante los primeros años de la administración lulista (2003-2010).
Además y pese a que la prensa nativa lo haya dado por cierto, las declaraciones de Valerio ante fiscales están lejos de ser creíbles, siendo la versión presentada por un “corrupto”, jurídicamente probado, que busca atenuar su condena a través de la “delación premiada”.
También es inexacto mencionar como “revelaciones” lo manifestado por el delincuente Valerio porque hasta el momento no se tiene conocimiento de ningún documento que apoye su versión, sin olvidar que en los corrillos del Congreso se lo conoce como un personaje habituado a lanzar bravatas vacías.
En las últimas semanas quedó demostrado que las aberraciones publicadas en Brasil más de una vez se agravan cuando saltan al noticiario internacional, donde algunos medios además de haber dado por verdadero lo dicho por Valerio llegaron a citarlo como el “socio” de Lula, algo majestuosamente falso.
Otro ejemplo del océano que separa a los hechos de su versión televisiva fue la noticia en la que se consignó que el ex mandatario viajó repentinamente a Europa “escapando de las denuncias de corrupción que lo tienen preocupado”. Según informaciones obtenidas por este corresponsal en noviembre, la gira por Francia y España no se montó de buenas a primeras con el objetivo de salvarle el pellejo a Lula, ya que había sido planificada con suficiente antelación para poder incluir un evento en París, realizado el jueves pasado, donde estuvieron Dilma Rousseff y su colega francés François Hollande. Y hasta el ciudadano menos informado sabe que la agenda de dos jefes de Estado no se acuerda de buenas a primeras.
En un bien documentado reportaje publicado por la revista Carta Capital, una de las pocas que denuncian los atropellos de la cadena Globo, se reportó que grandes medios y grupos empresariales financian una fundación destinada a recomponer el ideario conservador, enseñar que sólo hay democracia cuando impera el libre mercado a la vez que se estimula el resentimiento hacia el PT y Lula, como exponentes del populismo, el estatismo y la corrupción.
Mesas redondas y seminarios organizados por esa entidad sostenida desde empresas periodísticas tienen como tema recurrente al actual proceso que se sustancia en el Supremo Tribunal Federal (STF) contra la antigua cúpula del PT por el Mensalao, el supuesto pago de sobornos y desvío de dinero público que conmocionó al país en 2005 y puso en vilo a la administración lulista. Estas voces predominantes de la prensa elogian la intransigencia del STF en el juzgamiento de los petistas responsables del Mensalao, sin mencionar que el mismo tribunal exculpó al folklórico ex presidente Fernando Collor de Mello por falta de pruebas (había renunciado al gobierno para escapar a un impeachment) y que hace dos años ratificó la Ley de Amnistía heredada de la dictadura, desafiando a la Corte Interamericana de Derechos Humanos que reclamó su derogación.
La campaña electoral hacia las presidenciales del 2014 está en curso y en el bloque conservador saben que la Justicia, o para ser más precisos, el STF, es un aliado indispensable para disimular el déficit político resultante de la fractura del Partido de la Socialdemocracia Brasileña (PSDB), la mayor fuerza de centroderecha, donde aún no ha surgido ningún dirigente capaz de heredar el liderazgo del octogenario Fernando Henrique Cardoso, el ex presidente que encarna al antilulismo de paladar negro.
Lula es un bicho político tan popular como pícaro, y al hablar en París durante el seminario abierto por Rousseff y Hollande, insinuó que puede volver a ser candidato presidencial dentro de dos años. Lo dijo de forma medio sinuosa, pero suficientemente clara como para que los ejecutivos y los dueños del poder entiendan el mensaje. Y tiemblen.
También habló de la forma asimétrica con que las empresas de información divulgan noticias sobre casos de corrupción. “Cuando un político es denunciado, su cara sale en los medios mañana, tarde y noche. ¿Pero ustedes ya vieron algún banquero corrupto en un diario? ¿Saben por qué no lo vieron? Porque él paga las propagandas de los diarios”, comentó Lula.
Al día siguiente la cadena Globo reportó que Lula había renovado sus “ataques” a la prensa libre.

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