domingo, 30 de octubre de 2011

ESCENARIO

Wikileaks

Por Santiago O’Donnell
Imagen: AFP.
Wikileaks ya fue. Terminado, liquidado, fundido, derrotado. Salió publicado en los grandes medios y recorrió el mundo a partir de lo que dijo el fundador y alma mater del sitio el lunes pasado en Londres.
Pero ése no era el mensaje que quiso transmitir Julian Assange. El había imaginado la conferencia de prensa en el Frontline Club como el lanzamiento de una poderosa e innovadora campaña de Wikileaks para romper el bloqueo financiero del sitio.
El 4 de octubre, exactamente cuatro semanas antes del anuncio del lunes, Wikileaks le mandó un mail a casi un centenar de periodistas desparramados por el mundo, a todos los que hemos trabajado con la organización y mantenemos el contacto.
“A través de nuestra asociación con vos, Wikileaks ha publicado con éxito las filtraciones más grandes de la historia del periodismo. Pero esta victoria ha venido a un alto costo para nuestra organización. Las megafiltraciones de 2010/11 han vaciado nuestras reservas. El bloqueo arbitrario e ilegal impuesto por VISA, Mastercard, PayPal, Western Union y Bank of America el 7 de diciembre del 2010 limpió el 90-95 por ciento de nuestras donaciones. El bloqueo está afectando la capacidad de nuestros donantes de financiarnos. Wikileaks se financia enteramente con donaciones de público. Para recuperar la superviviencia del sitio, Wikileaks tendrá que suspender sus operaciones y entrar en una fase de recaudación de fondos”, arrancaba el mail.
Después decía: “Te estamos contactando para pedir tu asistencia durante nuestra campaña de recaudación de fondos” y enumeraba las maneras en que esa asistencia se podía materializar: poniendo una publicidad de Wikileaks para recaudar fondos y alentando a los lectores a contribuir; escribiendo un artículo sobre el bloqueo y sus consecuencias para la libertad de expresión; mandando a Wikileaks material publicado que pueda servir para la campaña o abriendo una cuenta bancaria a nombre del medio para recibir donaciones de las empresas involucradas.
A la semana siguiente llegó otro mail más cinco archivos adjuntos con material para la campaña, todo embargado hasta el 24 de octubre. Material bien interesante. ¿Sabían que a través de VISA pueden colaborar con el Ku Kux Klan o el partido neonazi del noruego loco que mató a medio mundo, o pueden comprarse un rifle de asalto, pero no donar a Wikileaks? Me gustó eso, pensé que iba leerlo en algún lado.
También venía en el mail una cronología muy completa que mostraba cómo, para cortarle el chorro a Assange, estas empresas se habían agarrado de un dictamen del Departamento de Estado estadounidense que decía que Wikileaks podría estar vinculado con alguna persona que hubiera o hubiese cometido un ilícito. Y cuando Wikileaks acudió al Departamento del Tesoro para que le explique qué quiso decir el Departamento de Estado, Tesoro emitió otro dictamen diciendo que no tenía pruebas de ningún ilícito por parte de Wikileaks. Pero las empresas no le dieron bola al dictamen de Tesoro y siguieron boicoteando al sitio. No está como lo cuento yo, está mucho más detallado, con nombres, fechas, etcétera.
También hay un cuadro muy dramático que muestra cómo cayeron las donaciones a partir del inicio del bloqueo en diciembre del año pasado, que justamente coincidió con la publicación de las últimas filtraciones, la de los 250 mil documentos de... el Departamento de Estado.
También aparece en detalle la campaña de Bank of America para destruir a Wikileaks a través de la desinformación, la infiltración y el acoso a los donantes. Según revelaron los documentos publicados por Anonymous, para hacer el trabajo sucio contra Wikileaks, Bank of America les paga dos millones de dólares por mes a tres contratistas de inteligencia liderados por HBGary, empresa que le fue referida al banco por el Departamento de Justicia estadounidense.
También mandaron banners y popups para que los medios difundan la campaña “Wikileaks te necesita”. No los vi en ningún lado. También mandaron una minuta explicando cómo se pueden hacer donaciones a Wikileaks a través de mensajes de texto, transferencias bancarias y a través de Moneygram, una especie de PayPal que se negó a sumarse al bloqueo.
El 20 de octubre, Assange mandó una gacetilla de prensa anticipando la conferencia de prensa del lunes pasado. El texto dice que en dicha ocasión la organización tocaría dos temas: “La relación de Wikileaks con entidades financieras estadounidenses” (o sea, las que practican el bloqueo) y “un importante anuncio” (referido al sistema de seguridad del sitio). La gacetilla no hace ninguna referencia a un cierre definitivo de Wikileaks, ni siquiera menciona el cierre temporario.
En la conferencia de prensa, Assange anunció lo de la fase de recaudación de fondos y en ese contexto explicó que Wikileaks interrumpía por unos meses sus operaciones de difusión de documentos secretos para concentrarse en la campaña. Además intentó comunicar algo que al menos él consideraba igualmente significativo. Explicó que debido a algunas filtraciones dentro de la propia organización, Wikileaks había renovado completamente su sistema de seguridad y encriptación y que el nuevo sistema estaba listo para operar cuando Wikileaks retome su actividad difusora el año que viene. Algunos medios, incluyendo Página/12, publicaron las declaraciones de Assange sobre el nuevo sistema, pero la gran mayoría las ignoró, limitándose a decir que Wikileaks había cerrado, “ahogo financiero”, kaputt.
En realidad el sitio no cerró, podés meterte y vas a ver. Lo que dejó de hacer, por el momento, es regalar documentos. Te metés, cliqueás en “Argentina” y te explica refácil cómo donar. No lo leí en ningún diario ni lo vi en ningún noticiero. Si no fuera por el mail de Assange, nunca me hubiera enterado.
Otra cosa. Lo que nadie dijo es que en el 2008 Wikileaks ya había cerrado unos meses para recaudar fondos y la estrategia había funcionado muy bien. El dinero entró y el sitio volvió con todo. Lo que pasa es que en el 2008 los grandes medios sabían que Assange estaba sentado sobre una pila de información y le dieron una mano porque no se querían quedar afuera. Ahora Assange no tiene mucho, apenas un disco duro de Bank of America que todavía no peinó. Entonces la apuesta es a lo que pueda conseguir, no lo que tiene. Y ahí los grandes medios optaron por hundirlo, para eliminar la competencia.
Me imagino la reacción de los muchachos de Wikileaks cuando abrieron los diarios del martes. El jueves logré ubicar al vocero de la organización, Kristinn Hrafnsson, de gira por Brasil. Había estado en la conferencia de prensa y contestó el número de celular que había puesto en uno de los mails. “Lo que hicieron los medios fue canallesco. Dijeron que estamos terminados, hablaron del cierre de Wikileaks y no dijeron nada de la campaña ni del nuevo sistema de seguridad.” ¿Por qué? “Porque los medios siguen su lógica de siempre, que indica que una mala noticia vende más que una buena.”
Señaló que sin embargo algunos periodistas los habían ayudado y que habían subido las donaciones vía mensaje de texto, pero que era demasiado temprano para saber cómo había resultado la campaña porque las donaciones grandes, las que llegan a través de transferencias bancarias, tardan por lo menos una semana.
Le pregunté si algún medio había colgado el banner nuevo que mandaron para la campaña “Wikileaks te necesita” o abierto una cuenta bancaria a nombre de Wikileaks. Me contestó que él no conocía ninguno. “Por eso nosotros nos relacionamos directamente con los periodistas y no con los dueños”, explicó. Acerca de la pelea con las corporaciones financieras, dijo que están en litigio en cinco países europeos. Quise saber si estaban pensando seriamente en cerrar el sitio. “Wikileaks va a seguir existiendo mientras el público lo apoye y estoy seguro de que así será”, fue su respuesta. Mucho más no pude hablar, se escuchaba muy mal.
Si tuviera a Assange a mano le diría que fue una boludez pensar que a esta altura del partido las grandes corporaciones mediáticas lo iban ayudar. Pero que no se caliente, porque la noticia hizo ruido, sirvió. Que cualquier vedettonga te puede decir que tener mala prensa es preferible a no tener prensa. Que mientras siga armando quilombo, la guita de algún lado le va a llegar. Y que igual yastá, la idea yastá, ya hay imitadores de Wikileaks en medio mundo, ninguna bala podrá detener el tren.
Y vos que leíste hasta acá, hacé lo que quieras pero prestá atención. Como dice Lou Reed, “no creas nada de lo que escuchás ni la mitad de lo que ves”.
EL GOBIERNO DE EE.UU. JUNTA DATA DE LAS REDES SOCIALES Y LA ALMACENA EN UNA BASE DE DATOS

Nuevos medios para vigilar a América latina

El nuevo proyecto de supercomputadoras está a cargo de un organismo poco conocido, Intelligence Advanced Research Projects Activity (Iarpa), que funciona bajo la orientación del director de Inteligencia Nacional de los EE.UU.
 
Por J. Patrice McSherry *
El gobierno de los Estados Unidos, con el apoyo técnico de algunas universidades estadounidenses, quiere utilizar información “pública” que los usuarios colocan en Facebook, Twitter, páginas de web, webcams, blogs y otros medios sociales para acumular una enorme base de datos con el propósito de predecir tanto las crisis políticas, es decir, revoluciones, inestabilidad o estallidos sociales, como crisis económicas. Al igual que el Proyecto Camelot de los años ’60, este proyecto de vigilancia y espionaje estará dirigido a América latina.
El nuevo proyecto está a cargo de un organismo poco conocido, Intelligence Advanced Research Projects Activity (Iarpa), que funciona bajo la orientación del director de Inteligencia Nacional de los EE.UU. El proyecto copiará, automáticamente, por medio de supercomputadoras, datos de 21 países de América latina, por un período de tres años que comenzaría en 2012. Hay un proyecto similar para Afganistán, patrocinado por Darpa (la organización “hermana” militar, del Pentágono) para identificar redes sociales de potenciales terroristas en este país.
En 1964, la Oficina de Investigación y Desarrollo del ejército de los Estados Unidos patrocinó el Proyecto Camelot, que fue un esfuerzo de recopilación de información en el contexto de la estrategia de contrainsurgencia. Camelot fue concebido, originalmente, para tener una vasta cobertura, abarcando países en todo el mundo en desarrollo. Sin embargo, el proyecto se implementó solamente en Chile y no por mucho tiempo.
Los objetivos declarados del proyecto eran “diseñar procedimientos para evaluar la potencialidad de que se desarrollara una guerra interna al interior de las sociedades nacionales” e “identificar... aquellas acciones que un gobierno pudiese de- sarrollar para mitigar las condiciones favorables a ella”. Bajo el camuflaje brindado por un proyecto universitario de ciencias del comportamiento, que se ubicaba en la Oficina de Investigación de Operaciones Especiales de la American University (financiada por el ejército), Camelot era un proyecto encubierto de inteligencia. Un general del ejército estadounidense afirmó que dicho proyecto “nos ayudaría a predecir la utilización potencial del ejército estadounidense en cualquier número de casos en donde la situación pudiese desbordarse”.
En Chile, Camelot fue presentado como una encuesta académica, escondiéndose su relación con el Pentágono. Los investigadores encuestaron a chilenos de todos los sectores de la sociedad para establecer sus creencias políticas, su compromiso con la democracia y otra información personal y política. Según una chilena que fue entrevistada, cada persona fue luego puesta en categorías de conformidad con el nivel de peligro o de “potencial subversivo”. Cuando esta persona trataba posteriormente de obtener una visa de los Estados Unidos, las autoridades estadounidenses tenían un archivo completo sobre ella, con toda la información supuestamente confidencial que ella había colocado en el formulario.
Las bases de datos de Camelot también fueron utilizadas para la guerra psicológica. Sirvieron para influir en las actitudes políticas y, de esa manera, para manipular ciertas elecciones clave. La CIA digitalizó los datos recopilados por Camelot y los analizó y utilizó para producir atemorizantes anuncios anticomunistas durante la campaña eleccionaria de 1964 de Eduardo Frei, candidato demócrata cristiano, contra el izquierdista Salvador Allende. Por ejemplo, se les dijo a las mujeres que, de ser electo Allende, sus hijos serían enviados a Cuba y sus esposos a campos de concentración. La naturaleza contrainsurgente del Proyecto Camelot fue descubierta por el gobierno chileno y fue clausurado en 1965, luego de audiencias tanto en el Congreso de Chile como en el de los Estados Unidos.
No es la primera vez que en época reciente el gobierno de los EE.UU. ha acumulado grandes cantidades de datos en proyectos de data mining (extracción masiva de datos). Durante la administración de George Bush, la National Security Agency empezó la extracción de datos de millones de ciudadanos de los Estados Unidos –de llamadas telefónicas, correos electrónicos, fax y otras fuentes– en un programa secreto sin autorización judicial, supuestamente para descubrir y vigilar a potenciales integrantes de redes terroristas. Dicha administración también trató de implementar otro enorme proyecto, que se llamó Total Information Awareness, para acumular una base de datos para buscar patrones de conducta o tendencias en los correos, llamadas telefónicas, transacciones financieras, información de visas, etcétera, supuestamente para identificar enemigos. Este programa fue rechazado por el Congreso después de que se produjera una reacción muy negativa del público.
Este tipo de proyecto tiene implicancias sumamente preocupantes para los ciudadanos, tanto de América latina como de los Estados Unidos y cualquier otro país. Es el punto de partida para una vigilancia masiva a toda la población, a través de su vida personal y social, violando su libertad personal y sus derechos. La idea de que organizaciones de inteligencia y militares estén vigilando y realizando seguimientos de los ciudadanos –todos bajo sospecha– para predecir actos de violencia en el futuro es autoritario y orwelliano, y evoca la doctrina de seguridad nacional. El aparato de seguridad nacional estadounidense parece estarse extendiendo y ampliándose fuera de control, con proyectos cada vez más intrusivos y antidemocráticos. Ahora que los ciudadanos en muchos países están cada vez más indignados con los respectivos sistemas y recurren a actos de protesta para plantear cambios económicos, sociales y políticos, se hace necesario conocer y desafiar a este tipo de proyectos.
* Directora del Programa de Estudios sobre América latina y el Caribe en Long Island University, Brooklyn. Autora de Los Estados Depredadores: Operación Cóndor y la Guerra Encubierta en América Latina.

La batalla cambiaria y de la comunicación

Por Raúl Dellatorre
La salud de la economía argentina acaba de empezar una batalla contra uno de sus rivales más temibles: el miedo a la devaluación. El miedo es una cuestión de expectativas: se teme a lo que se supone que va a pasar. Que puede pasar o no. Pero ya en el momento previo, el del “miedo a que pase”, condiciona las políticas y actitudes. Quienes alimentan el miedo, especuladores y operadores diversos que se beneficiarían con una devaluación, precisamente buscan eso: que “por miedo” el Gobierno cambie de actitud y acepte aunque más no fuera “un corrimiento” del dólar hacia arriba. Y buscan, además, generar en el común de la gente la sensación de que “eso” a lo que se teme, la devaluación, finalmente va a ocurrir, con lo que consiguen que esa gente común busque pasar sus ahorros y hasta lo que no tiene (es decir, tomando deudas) a dólares “para cubrirse”.
Hasta ahora, quienes alimentan el miedo no han logrado lo primero, torcer la política del Gobierno, pero han logrado un relativo éxito en lo segundo, es decir generar la sensación de que “algo va a pasar” en el mercado cambiario. No son dos peleas que se disputan en rings separados, sino que se interrelacionan. El Gobierno pelea en ambos frentes a la vez. Durante años, tuvo una política firme de sostener un valor de dólar alto, que contribuyera a alentar el perfil exportador del país, pero a la vez con un incremento moderado, para no provocar una sobreganancia en los sectores exportadores que representara una transferencia de recursos a favor de éstos a expensas del resto de la sociedad. Como esa política dio por resultado una balanza comercial crecientemente positiva (entrada de dólares por exportaciones mayor que la salida por importaciones), el poder de fuego del Banco Central, las reservas, también creció. Con eso logró sostener su política aun frente a alguna circunstancia de exceso de demanda en el mercado de cambios, que el Central resolvía con más oferta de dólares, vendiendo, hasta donde requiriera el mercado.
En las últimas semanas, frente a una inusual y sostenida demanda en exceso de dólares en el mercado cambiario local, el Gobierno y la autoridad monetaria debieron revisar su política. Ya no alcanzaba con las “operaciones de mercado” del BCRA (saliendo a vender cuando el mercado se presentaba “comprador”, para compensar), porque al detectar que había un circuito “negro” que compraba los dólares en el mercado para vendérselos, más caros, a quienes no podían ni asomar las narices en ese mercado libre, por sus antecedentes o por el origen oscuro de sus ganancias, pero que pretenden ahora pasar sus ganancias a dólares para fugarlas del país. A partir de esta última semana comenzaron a aplicarse en forma escalonada una serie de medidas que buscan controlar la legalidad de las operaciones en el mercado de cambios, no cambiar las reglas de juego.
Hace ya rato que el terreno de los medios de comunicación puede ser un campo de batalla cuando lo que se pretende comunicar va en contra de los intereses de los dueños de las grandes corporaciones económicas, a las que los principales grupos de medios pertenecen o, al menos, rinden tributo. Ya le pasó al kirchnerismo en oportunidad de la disputa con el bloque agroexportador por el valor de las retenciones a la soja, en 2008. Y le podría volver a pasar ahora si no se toma la lección de entonces y se la aplica a las condiciones actuales. El Gobierno enfrentará una batalla en los medios de comunicación para informar las medidas que está tomando, y esa batalla ya está a la vista.
Las autoridades anticiparon ayer que, a partir del lunes, las operaciones de compra de divisas en el sistema (bancos y agencias de cambio) serán monitoreadas por la AFIP para verificar la situación patrimonial y disponibilidad de recursos de quien se declare comprador. Pero no bajó el monto autorizado de compras ni restringió el derecho a la compra de divisas a nadie. Sin embargo, algunos titulares y comentarios señalaban lo contrario. “La AFIP decidirá quiénes puedan comprar dólares”, decía el título de tapa de uno de estos medios. “Para comprar dólares, habrá que tener autorización de la AFIP”, decía otro de esos medios de gran circulación. “Desaparece el mercado único y libre de cambios”, alarmó otro comentario publicado ayer. “El que desee ahorrar en dólares no tendrá autorización oficial y deberá recurrir al paralelo”, profundizaba el análisis en el mismo sentido. Lo curioso –quizás no tanto– es que esas mismas notas, líneas más abajo, explicaran la medida tal cual fue anunciada. “No hubo cambios en las reglas de juego, es cierto, pero sí endurecimiento en la normativa”, reconoce el mismo comentario que más arriba advertía que “desaparece el mercado único y libre de cambios”. El medio que tituló que será la AFIP quien “decidirá quiénes pueden comprar dólares”, reconoce que “el cambio más visible” para el comprador será que “además del DNI, deberá presentar la constancia de CUIT o CUIL”, es decir identificarse como contribuyente.
Exagerar el impacto de la medida, transfigurarla hasta hacerla aparecer como una herramienta del terrorismo de Estado, anunciar el recorte de las libertades ciudadanas o, simplemente, presentarla como una acción desesperada e inútil del Gobierno, aunque más no fuera en su presentación aunque luego no se sostenga en el desarrollo de la noticia, busca un solo objetivo: generar miedo, la expectativa de que “se viene la devaluación”. Claro que este miedo tiene un efecto combinado, ya que por un lado busca desgastar al Gobierno en su intención de mantener bajo control el mercado cambiario, y por otro generar en el común de la gente la reacción contraria a la que espera el Gobierno: que salga corriendo a comprar dólares. Los especuladores, los operadores prodevaluacionistas, buscan que la gente haga ahora lo que ellos hicieron antes: meter presión compradora en el mercado de cambios para así buscar forzar una devaluación.
El Gobierno se encuentra, entonces, ante un doble frente de combate: la especulación en el mercado cambiario que mete presión compradora de divisas y la agitación mediática de que al Gobierno se le escapa la tortuga cambiaria. No es sencillo de resolver, pero seguramente en la clave de cómo enfrentarlo estará presente una buena comunicación. El Gobierno no la tuvo durante “la batalla de las retenciones” y le llevó dos años remontar políticamente la cuesta. Son consideraciones que, esta vez, habría que medir de antemano para no errar la estrategia.
Diego Golombek

“Somos los Salieris de Paenza”

Publicado el 30 de Octubre de 2011

Doctor en Biología, profesor en la Universidad Nacional de Quilmes e investigador principal del CONICET, Golombek es también parte de la nueva generación de divulgadores científicos. Habla de la situación actual de la ciencia, de la reedición de su libro Cavernas y Palacios y de la nueva generación de profesionales que hoy se preocupa por difundir estos temas.
La reedición de su libro Cavernas y Palacios es una buena excusa para conversar con Diego Golombek sobre la luna de miel que la sociedad argentina está viviendo con la ciencia. Es probable que el público lo reconozca por su participación en Proyecto G, el atípico programa de divulgación científica para chicos que ya va por su tercera temporada consecutiva por el canal Encuentro. Los entusiastas de la ciencia quizás sepan que es el director de la colección Ciencia que Ladra, un inusual fenómeno editorial que incluye títulos como Matemática, ¿estás ahí?, el bestseller de Adrián Paenza. Porque Golombek es, además de miembro de esta nueva camada de periodistas científicos, doctor en Biología que trabaja como profesor titular regular en la Universidad Nacional de Quilmes y es investigador principal del CONICET. En el año 2007 ganó el Premio Ig Nobel por su trabajo sobre el empleo de viagra para combatir el jet lag.

–¿Es un trabajo extra intentar conciliar tu trabajo en los medios con la actividad docente y la investigación científica?
–No porque trato de pensar que no son cosas distintas. Obviamente, hay una división de facto, cuando estoy en el laboratorio, con los experimentos, con los estudiantes, escribiendo, estoy haciendo una actividad y cuando estoy en la tele o escribiendo, es otra cosa. Pero lo considero parte de la misma profesión. Yo quiero pensar que no soy científico por un lado y divulgador por otro, sino que es todo parte de una misma tarea. Esto en mi caso, hay toda una generación de científicos para los cuales contar lo que hacen no es parte de lo que hacen y está muy bien que así sea.
–¿Hubo algo en la investigación que te llevó a querer contarlo?
–En mi caso fue al revés, mi interés por contar, mi interés humanista, por lo literario en particular, es previo al interés científico. Empecé a trabajar como periodista a los 15 años. Y no tengo una buena explicación de por qué elegí una carrera científica, tan es así que al principio no me iba bien, no me gustaba. Había que memorizar nombres de bichos, palabras raras. Pero afortunadamente en un momento hice un click, porque el ambiente de la facultad de Exactas de la UBA es maravilloso, te deslumbran tus profes, tus compañeros, todos. Y además, de pronto aparece una vertiente que te apasiona dentro de lo que estudiás –que en mi caso fue el cerebro y el tiempo dentro del cerebro, la cronobiología– que me hace mirar la cosa desde otro punto de vista.
–El relanzamiento del libro ¿tiene que ver sólo con que se había agotado?
–No sólo por eso, nos pareció un buen momento no sólo para hacer una simple reimpresión sino una edición nueva, porque el cerebro es un tema que siempre se actualiza y vale la pena que la gente se interese. La década del noventa fue la del cerebro. Pero pasó mucho tiempo desde entonces y ahora es el momento de conocerlo. Hubo hasta quienes dudaron de la posibilidad de conocer el cerebro desde un lugar de jerarquía. ¿Cómo voy a entender el cerebro si la herramienta que tengo es un cerebro? Eso es una falacia, porque esconde el dualismo filosófico de que hay un mundo intangible y otro material. Lo que hay es cierta complejidad para entenderlo. La zanahoria está lejos, digamos, porque hay miles de millones de actores, hay muchísimas neuronas y las comunicaciones entre las neuronas dan muchísimos caminos posibles. Es decir, si bien está claro que nosotros somos la charla entre las neuronas, la comunicación entre ellas, lo que no está claro es cómo legar a entenderlo, pero estamos haciendo enormes avances sobre el aprendizaje de las transiciones, entre la inconsciencia y otros estados como el dormir.
–Hablemos un poco de Ciencia que Ladra. ¿Hay algo parecido en Latinoamérica?
–En el mundo hay ejemplos, no necesariamente basado en autores locales, en general son compilaciones. La escuela de la comunicación científica es anglosajona. Los ingleses, que inventaron todo, también hicieron esto. En español, los decanos son los mexicanos, tienen una colección La ciencia para todos del Fondo de Cultura Económica que tiene unos 500 títulos pero no con esta idea de que sea amena, apasionante, que la leés como una novela. Ciencia que Ladra descansa el rigor científico en el hecho de que los que escriben son expertos o han consultado a los expertos. Asegurado eso, la propuesta de esta colección es que no sea ameno, sino apasionante. Que lo estés leyendo en el subte y no puedas dejar de leerlo. Y que tengan constantes referencias a la vida cotidiana, a la ficción, a la literatura, al cine, al humor. Sucede una cosa extraña, se supone que el humor está vedado para la ciencia. Y la idea de esta colección es que lo serio no está reñido con divertido. Hay 40 títulos de la serie chica y diez de la mayor donde está Cavernas y palacios. Hemos aprendido mucho en el sentido de cómo enfocar la colección. Al principio había que ir a golpear las puertas de los laboratorios. Parecía hinchar bastante pedirle a un científico que dedicara parte de su valioso tiempo a una actividad por la que no lo evaluaban. Entre otras cosas, porque la comunidad científica argentina no consideraba que contar lo que hacen es parte de su actividad. Pero que todos los libros tengan reediciones es otro dato. El fenómeno Paenza era impensable, antes de largar los libros. Y que hayan salido los libros como compra opcional de un diario masivo es revolucionario, porque llegamos a lugares en que no hay librerías pero sí kioscos.
–¿Cómo está la enseñanza de las ciencias en la escuela secundaria?
–Es una asignatura pendiente en la Argentina y debo decir que es uno de los puntos en que se ve la verdadera hermandad latinoamericana porque estamos todos para atrás. Lo bueno es que no es un problema que se esconda debajo de la alfombra. En las evaluaciones internacionales nos va mal en enseñanza de ciencias y de hecho, eso ha sido un llamado de atención para el Ministerio de Educación, cuando lo normal hubiera sido no difundir esos resultados. Y de hecho, los últimos tres ministros Daniel Filmus, Juan Carlos Tedesco y Alberto Sileoni han estado trabajando sobre eso. El problema está pero no lo estamos ignorando, se está trabajando sobre la idea de darle más horas y más relevancia a la formación de los docentes en ciencia. Y dentro de ese esquema, la divulgación científica ocupa un lugar que puede ayudar a despertar un poco el entusiasmo perdido tanto en los profes como en los alumnos.
–Además de la falta de entusiasmo, no ayuda mucho la imagen del científico loco, alejado de la sociedad y que no tiene nunca trabajo.
–Ahí fallamos los científicos en contar lo fascinante que es lo que hacemos. Tenemos que trabajar más en contar esto, no estamos en la situación óptima, no es el paraíso, pero en los últimos años es evidente que la situación ha cambiado diametralmente. Ahora hay salida laboral para los científicos, los salarios son dignos, aunque nadie se va a hacer rico haciendo ciencia básica. Tenemos un Ministerio de Ciencia y Tecnología y, al menos simbólicamente, la Ciencia está al nivel de otros ministerios. Esto indica que está cambiando la mirada de la sociedad respecto de los científicos. Y eso tiene que ver con políticas de Estado que fomentaron eso, pero también porque hubo un cambio social, no cualquier sociedad cambia en ese sentido. Y por otro lado, también tiene que ver un cambio en la comunicación de las ciencias, que haya libros, que haya revistas, canales y programas de televisión que muestren a la ciencia desde otro lado, que haya un Paenza, que es un mascaron de proa inmejorable. Adrián es una figura fundamental en lo que ha pasado con la comunicación pública de las ciencias hoy (se ríe). Nosotros somos un poco los Salieris de Paenza. <
Los medios en la democracia

El periodismo que vuela bajito

Publicado el 30 de Octubre de 2011



También todos nosotros, los periodistas de los medios públicos, junto con el resto de todos los argentinos, subsidiamos, por ejemplo, la luz que consumen Clarín, La Nación, Radio 10, Radio Continental, Radio Nacional, etcétera.
El hartazgo de escuchar una muletilla que no sólo es ofensiva sino mentirosa puede ser un resorte que impulse a escribir, por ejemplo, esta nota. Escuché durante estos años en que se debate el rol del periodismo y de los medios de comunicación en la democracia –impulsado por la discusión entre las corporaciones mediáticas privadas y el despliegue de los medios de comunicación públicos– que los periodistas que participamos de los medios públicos somos una especie de mercenarios que lo hacemos por dinero y no por convicciones. Una vara que podría aplicarse a los periodistas de los medios privados ya que nadie trabaja gratis en ningún medio sea público o privado. Siempre me opuse a la explotación de los periodistas que con la consigna de que paguen derecho de piso si son novatos no deben cobrar, enmascarado en el gesto “humanitario” privado de que adquieren experiencia, o en la mayoría de los casos estar precarizados con salarios menores al mínimo. Pero eso de periodismo “por plata”, mercenario, militante, etcétera, parece diluirse con el correr de este tiempo en que los argentinos han ratificado masivamente que prefieren, ahora, que el Estado regrese del saqueo maldito del neoliberalismo. Lo que no deja, en cambio, es escuchar a los grandes columnistas de los medios privados gritar que los programas que los cuestionan- como 6,7,8 u otros de los medios públicos, están pagados por “todos ellos”. Esto les daría derecho a censurarlos, se supone. Pero no me voy a detener en esos impulsos autoritarios de los narcisismos periodísticos. La cuestión es otra: sí, tienen razón, ellos pagan, como los 40 millones de argentinos, lo que pasa en los medios públicos. Pero el argumento es incompleto. Porque también todos nosotros, los periodistas de los medios públicos, junto con el resto de todos los argentinos subsidiamos, por ejemplo, la luz que consumen Clarín, La Nación, Radio 10, Radio Continental, Radio Nacional, etcétera. Subsidiamos los costos del papel de Papel Prensa que usan los diarios, sobre todo Clarín y La Nación, a través de la participación del Estado en esa empresa, o subsidiamos la luz de sus redacciones o los aportes patronales reducidos de sus patrones. Yo subsidio, como todos los periodistas de 6,7,8 y de otros medios públicos, de cada programa de radio o televisión, la luz y el transporte y el gas con que se alumbra, o se traslada o se calientan nuestros colegas en los medios privados y a sus patrones, claro, vivan en la Villa 21 o en la Avenida Del Libertador. A ninguno de nosotros se nos ocurre decir que les pagamos todo eso y argumentar que no tenemos que costearles parte de la vida porque no estamos de acuerdo con lo que dicen o escriben. No. Porque todos los argentinos participan poco o mucho en los salarios de todos los periodistas y en las ganancias de todos los empresarios. Estas líneas son sólo un llamado de atención a tantos colegas que insisten con esa muletilla –más propia de los accionistas de un medio privado que de un profesional– porque la discusión entre nosotros debe elevarse de ese sentido común de propietarios, del vuelo de martineta que da fijarse en el bolsillo y no en las ideas. Debemos debatir el papel de la comunicación en democracia y eso incluye a los medios públicos y privados. La Ley de Medios de la Democracia es un avance, una puerta de entrada al nuevo paradigma de la información como un derecho humano básico y no como mercancía. Los convoco a dejar de bastardear esta discusión como si se tratara de una discusión sobre un arqueo de caja, más propio de comerciantes que de periodistas. Y no insistan con que pagan mi salario. Me obligarían a hacer el ridículo: una manifestación para cortarles la luz a ustedes y a sus empleadores.

balance enero-agosto

Scioli gastó $ 1,1 millón diarios de publicidad en ocho meses electorales

Por Rosario Ayerdi
29/10/11 - 11:45
Scioli gastó $ 1,1 millón diarios de publicidad en ocho meses electoralesCampaña. En pasajes y viáticos se gastaron $ 419 mil por día.

La propagación de la “Ola Naranja” a lo largo de todo el territorio bonaerense ocasionó un fuerte costo para la gestión de Daniel Scioli. La cartelería, escenarios, banderas, publicidades radiales y televisivas que comenzaron en enero en las playas de la costa y continuaron por el resto de los 135 distritos de la provincia, llevó a varias reparticiones del Estado a gastar la mayor parte de su presupuesto publicitario en los primeros ocho meses del año.
De esta manera, con una partida anual de $ 316 millones para la publicidad y propaganda, el gobernador proyectó una ejecución diaria de $ 771 mil pesos. Sin embargo, en los primeros meses del año, en donde la publicidad electoral fue la protagonista, el gobernador gastó $ 1,1 millón por día.
El área que más desembolsó es el Intituto de Lotería y Casinos. De acuerdo a lo ejecutado en los primeros ocho meses del año, de un presupuesto de $ 91 millones, ya gastó $ 89 millones, lo que significa
el 97,81% del total.
Con un presupuesto de $ 89 millones, la Aministración Central (Jefatura de Gabinete, Unidad del Gobernador y Secretaría General) ya invirtió el 84,77% (casi $ 76 millones). Por su parte, el Banco Provincia invirtió en publicidad el 66,66% de su presupuesto, lo que equivale a más de $ 62 millones, mientras que ARBA desembolsó el 90,96% de sus fondos (más de $ 34 millones).
En tanto, las dependencias que excedieron el 100% de sus fondos para la propaganda son IOMA, IPS y OPDS. Desde el gobierno provincial justificaron los gastos aclarando que “el presupuesto en publicidad no aumentó con respecto al año pasado”.
“El resultado electoral que obtuvo Scioli está directamente ligado con este obsceno gasto de publicidad, que le permitió establecer una relación de emisor-receptor con la gente, que seguramente desconocía estos gastos. Como se desconoce que, en cambio, los programas del Ministerio de Desarrollo Social no superan ninguno el 50% de lo asignado, algunos se mantienen sin ejecución y otros apenas llegan al 20%”, explicó a PERFIL el diputado provincial de la Coalición Cívica Walter Martello.
Por otra parte, las visitas a varios distritos por día del gobernador en los meses previos a las elecciones lo llevó a gastar $ 419 mil pesos por día en pasajes y viáticos, ya que de acuerdo al presupuesto ejecutado al que pudo acceder PERFIL, en este ítem se desembolsaron $ 102.002.428,00 (el 82,8% de lo presupuestado).
“En el caso del ítem Becas de Niñez y Adolescencia, se gastó la misma cifra que en Pasajes. El Programa de Autovalimiento Juvenil no tiene un solo peso gastado, al igual que la inversión en hogares convivenciales, centros de contención para jóvenes, y todos los programas destinados a la población con capacidades diferentes”, criticó Martello.

tEcNOlogiA / tendencia entre los 3 y 8 años

Explotan las webs para chicos, tras el auge de las redes sociales

Las empresas ahora apuestan por alternativas on line exclusivas para los niños, aprovechando el furor de Facebook y Twitter. Cómo elegir.

Por Martina Rua
30/10/11 - 06:08
Explotan las webs para chicos, tras el auge de las redes socialesNativos digitales. Aunque la computadora les es natural, no hay que dejar de acompañarlos.

La semana pasada circuló por Youtube un video que en pocos días alcanzó más de diez mil visitas. En él, una beba de un año interactúa con facilidad con una tableta iPad y se frustra al tocar una revista en papel y no lograr lo que esperaba. La niña desliza su dedo para que “cambie la imagen” y achica y agranda su manito en busca de modificar el tamaño de las fotos. Desconcertada, prueba que su dedo “funcione” presionando su piernita. Su padre firmó al pie del video “Jobs, vos programaste el sistema operativo de mi hija”.
Más allá de la anécdota, lo cierto es que hoy los niños conviven, desde su primera infancia, con la tecnología con una naturalidad absoluta y el mercado, atento a los consumidores del futuro, no pierde el tiempo: teniendo en cuenta que la Argentina es el segundo país del mundo que más usa las redes sociales (sólo detrás de Israel), y que los menores entran en esta estadística, por qué no ofrecerles un mundo virtual que satisfaga exclusivamente las demandas infantiles. Así, se empezaron a multiplicar las alternativas de webs y aplicaciones con contenidos ad hoc para los pequeños.

Opciones. Entre las páginas que los chicos argentinos más visitan están Mundo Gaturro y Club Penguin. Ambas ofrecen actividades y juegos y fomentan comunidades on line con otros usuarios. Si bien tienen opciones gratuitas, también ofrecen membresías premium para acceder a contenidos más elaborados (la suscripción es de $ 20 al mes).
Con más actividades ligadas a la educación formal figuran Chicos.net y Aula365, de acceso gratuito. “El crecimiento del uso de estas plataformas en la Argentina está relacionado al proceso evolutivo que está teniendo la sociedad y, en especial, los chicos por el impacto de las nuevas tecnologías; cómo esta va entrando en los distintos espacios. Los padres puedan estar tranquilos de que sus hijos están buscando información confiable en un lugar seguro y moderado”, señaló Pablo Aristizabal, CEO de Competir, empresa que creó Aula365. Y agregó: “Los argentinos han tenido una participación alta en relación a otros países, con más de 10 mil visitas diarias”. En Aula365 lo que más se consumen son juegos educativos y contenidos de inglés, y pasan más de 18 minutos promedio por día en la plataforma.
Otra alternativa muy elegida son las webs de los canales infantiles que, al ser promocionadas en cada tanda de su programación, generan una demanda inmediata de los chicos que quieren ir a jugar a la compu con lo mismo que ven en la TV. Discovery Kids (www.tudiscoverykids.com), Cartoon Network (www.cartoonnetwork.com.ar) y Disney Channel (www.disneylatino.com) presentan opciones de juegos, actividades, videos y son totalmente gratuitas.

Evolución. Aunque aún en su versión Beta, se acaba de presentar un concepto nuevo en la región, que promete transformar cualquier computadora o tableta en una terminal exclusiva con contenidos para niños. “La plataforma apunta a todas las familias de habla hispana y portuguesa del mundo, con niños entre 2 y 8 años. Kidbox no es un sitio, es una aplicación fácilmente instalable que crea un ambiente seguro de navegación”, señaló lan Kind, director de la iniciativa que espera alcanzar 20 mil familias anotadas al final de 2012 sólo en la Argentina y Uruguay.
Kind abundó: “Se ofrecen videos, juegos y sitios ya existentes en la web, pero que fueron seleccionados por un equipo de psicólogos y maestras, y que se le muestran al niño de manera personalizada, tomando en cuenta su edad, género, nacionalidad, gustos e intereses. A través del uso de inteligencia artificial, Kidbox aprende de los niños y de esa manera puede personalizar más su experiencia. La idea es que el niño no sienta restricciones sino que expanda sus horizontes cuando navega por Internet”, describió.
Kidbox es finalista de la competencia Desafío Intel a nivel mundial y fue nombrada “Hot Company of the Year in Latam”, en un reciente festival de medios en Miami. Por ahora, la aplicación es gratuita y se descarga en pocos minutos a la PC, aunque agregará una versión arancelada en 2012.
Son múltiples las opciones seguras para los niños en la web; sin embargo, siempre será necesario el acompañamiento de un adulto para orientar y contener a los más chicos en sus primeras experiencias allá arriba, en el mundo virtual.

Nuevas modalidades
Sobre cómo evolucionará el consumo de contenidos digitales por parte de los chicos, se espera que las redes sociales tal como se las conoce ahora toquen un techo. “En poco tiempo van a virar hacia otras experiencias que estarán basadas, sin duda, en los nuevos dispositivos tecnológicos personales. Las PC van desapareciendo de los hogares, los aparatos que concentran teléfono e Internet se simplifican y masifican, y estos dispositivos van a ser los que pongan el pulso y las cualidades al nacimiento de nuevas ofertas en Internet”, dice Marcela Czarny, presidenta de Chicos.net.
Para Pablo Aristizabal de Aula365, las plataformas infantiles tienen que cambiar constantemente para que aumente la participación. “Deben ser lugares donde los chicos confíen en ellos mismos, creen cosas e innoven. Estos espacios deben permitirles expresarse y sentirse libres en su búsqueda”, dijo.

sábado, 29 de octubre de 2011

Los jóvenes según los medios: introducción

Los primeros meses de 2011 estuvieron signados por una serie de casos que marcaron una tendencia en las temáticas en las que emergieron los jóvenes en los medios. Primordialmente aparecieron involucrados en asesinatos o episodios de violencia en situación de robos (se dieron varios homicidios ocasionados por la resistencia de los adolescentes a los mismos) y por peleas entre bandas juveniles a la salida de los boliches. Es destacable que esta serie de casos tuvieron como protagonista del relato a jóvenes varones.
Entre las noticias en las cuales ocuparon posición de víctimas, una de las más registradas en los medios monitoreados fue la del homicidio de Daniel Alejandro Sánchez, en la localidad de Rafael Castillo. El joven, de 19 años, fue asesinado el 1 de marzo por dos desconocidos que pretendían robar su teléfono celular.
Un segundo caso resonante fue el de Martín Luis Moretto, ocurrido el 31 de marzo en el barrio San Carlos de la ciudad de La Plata: el joven recibió una puñalada luego de enfrentarse a los ladrones que pretendían robar su teléfono celular cuando regresaba a su casa con su novia.
Otro episodio similar fue el de Nicolás Rodríguez, ocurrido el 4 de abril en Berisso. El joven resultó herido de bala en sus pies luego de resistirse al robo de su moto.
Entre los casos de jóvenes víctimas de violencia a la salida de boliches bailables, el más trabajado fue el asesinato de Matías Jano Fernández en el barrio porteño de Balvanera, atacado a golpes en la cabeza con un bate de béisbol en la madrugada del domingo 6 de marzo. En circunstancias similares fue asesinado el 3 de abril Nahuel González (22) de un balazo en la cabeza: también a la salida de un boliche en la localidad porteña de Flores.
Por último, otro de los casos más nombrados por los medios fue el del homicidio de Héctor Carrizo (16), ocurrido en la ciudad de La Plata también a la salida de un local nocturno.
De esta manera, en el período marzo-abril, los jóvenes aparecieron en los medios principalmente como víctimas de la inseguridad y la violencia de la que fue parte para ellos también la sociedad toda. Pero, a diferencia de ocasiones anteriores, en las que los medios monitoreados pusieron el foco en los jóvenes como agentes de esa violencia generalizada, en estos primeros meses se privilegió en sus discursos a los jóvenes como víctimas.
Por otro lado, también las mujeres jóvenes aparecieron en estos primeros meses como víctimas de la violencia. A diferencia de los varones, cuya victimización estuvo vinculada a episodios violentos perpetrados en la calle o en el barrio, ellas aparecieron principalmente como víctimas de la violencia de género: objeto de maltratos por parte de sus parejas realizados sobre todo en el ámbito doméstico.
En este sentido fueron impactantes las noticias sobre mujeres quemadas por sus novios/maridos a principios de marzo: uno de esos hechos ocurrió en la localidad bonaerense de Florencio Varela, en donde la joven Mabel Mayra Ascona, que cursaba su octavo mes de embarazo, fue prendida fuego por su pareja, quedando internada en terapia intensiva con quemaduras en los brazos, tórax, abdomen y cuello. Y el otro episodio de violencia de este tipo, ocurrió en La Banda, Santiago del Estero, en el que una adolescente de 17 años murió tras agonizar dos días luego de haber sido rociada con alcohol y prendida fuego por su novio, en la que también vivía su beba de siete meses.
Esta presencia del género femenino como objeto de violencia en las notas de los principales medios gráficos digitales, dio lugar al regreso de un caso ocurrido en julio del 2009: el del homicidio de Natalia Vercesi, la joven embarazada presuntamente asesinada por su marido en su vivienda ubicada en la localidad de San Francisco, Córdoba. Y también vinculada a esa misma temática, el 18 de abril el diario Crónica publicó una nota contextualizando la problemática titulada: “La violencia en el noviazgo”, con una entrevista a Monique Thiteux Altschul, directora ejecutiva de la Fundación Mujeres en Igualdad.
Este foco mediático en la violencia, también se registró en el ámbito escolar. La ubicación de los jóvenes en este espacio fue generadora, en estos primeros meses, de dos tipos de noticias: por un lado, episodios en los que los jóvenes aparecieron como objeto y como promotores de acciones violentas contra sus propios compañeros y, por el otro, actos de rebeldía hacia las autoridades de los establecimientos educativos calificadas como violentas. El caso más resonante, ocurrido el 7 de abril, fue el del asesinato de al menos nueve personas en una escuela pública municipal de Río de Janeiro en manos de un ex alumno de 24 años.
Asimismo, los jóvenes vinculados a la escuela estuvieron presentes en las noticias pero desde su participación política: principalmente por las tomas de los colegios porteños Pellegrini y Nacional de Buenos Aires, en protesta por la “designación a dedo” de educadores de ambos establecimientos.

Publicaron el libro Jóvenes en cuestión. Configuraciones de género y sexualidad en la cultura

Coordinado por la Dra. Silvia Elizalde* y publicado por la Editorial Biblos dentro de la Colección Sociedad, salió a la luz recientemente el libro "Jóvenes en cuestión. Configuraciones de género y sexualidad en la cultura".
La nueva publicacion propone, "de la mano de la investigación histórica, sociológica, comunicacional y etnográfica sobre las juventudes actuales y del pasado reciente", delinear en conjunto "un mapa complejo y riguroso de prácticas, experiencias y sensibilidades juveniles en el que este juego de diferencias se inscribe en una pluralidad de escenarios de despliegue y donde es posible leer tanto instancias de regulación como respuestas y apropiaciones de diverso signo. Un mapa que invita, ahora sí, a poner en cuestión –interrogar, explorar, desmontar- los “nuevos” y “viejos” modos de configuración del género y la sexualidad entre los y las jóvenes, pero también nuestro propio lugar y compromiso –intelectual y político- en estas condiciones".
El libro parte de considerar que "la juventud ha sido históricamente cuestionada [...] tanto por su potencia creadora como por la intensidad disruptiva de sus prácticas", y que además, "cuando [...] su existencia ha sido pensada en el cruce con las derivas de la identidad de género y las orientaciones del deseo sexual, su lugar en la cultura no ha cesado de ser examinado, diagnosticado y tipificado por una variedad de discursos, movilizados por diversas ansiedades ante estas derivas y el extendido temor a que queden fuera de control".
De esta manera, las autoras se ubican "en las antípodas de esas operaciones restrictivas e ideológicamente opresivas de la diversidad", en la búsqueda por invertir "el sentido hegemónico de esos cuestionamientos –morales, políticos y culturales– para proponer otra tarea: la de hacer nuevas preguntas sobre el vínculo entre edad, género y sexualidad, en su tensa relación con otras distinciones".
Las "nuevas preguntas" que propone la obra han sido organizadas en cuatro ejes:
Figuras del (des)control. Retrospectiva sobre jóvenes y sexualidad
Políticas públicas, cuerpos e instituciones. Regulaciones de la diferencia
Producción/consumo cultural. Prejuicios, placer e interpelaciones ideológicas
Religión, etnia y configuraciones sexo-genéricas. Tensiones alrededor de la identidad
Aportan sus trabajos a esta compilación las investigadoras Valeria Manzano, Florencia Gemetro, Luciana Lavigne, Silvia Elizalde, Florencia Saintout, Karina Felliti, Carolina Spataro, Laura Kropff y Mariela Mosqueira.

*Silvia Elizalde es Doctora en Antropología (Universidad de Buenos Aires) e investigadora adjunta del CONICET. Integrante del Instituto Interdisciplinario de Estudios de Género (IIEGE) con sede en la Facultad de Filosofía y Letras de la UBA. Docente de grado de las Facultades de Ciencias Sociales de esta última universidad y de la del Centro, y de postgrado de la Universidad Nacional de La Plata. Es autora y co-coordinadora de Género y sexualidades en las tramas del saber. Revisiones y propuestas (2009) y autora de La otra mitad. Género y pobreza en la experiencia de mujeres jóvenes (e/p).

Jóvenes de escarapelas tomar. Escolaridad, comprensión histórica y formación política en la argentina contemporánea

Autor: Kriger Miriam
Año: 2010
231 páginas





Abstrac: ¿Cómo interviene la comprensión histórica en la formación política? ¿Hasta que punto el registro escolar del pasado común habilita u obstaculiza la educación política y la autocalificación de los ciudadanos para construir su presente y su futuro en común?
Las preguntas que trata este libro nos enfrentan a uno de los mayores retos planteados a la educación actual: reconstruir la pedagogía su dimensión política plena, precisamente cuando la conflictiva relación de los jóvenes con la política se configura como una preocupación cada vez más relevante en los países democráticos. Nos propone hacerlo en el particular escenario de la Argentina posterior a la aguda crisis de 2001, signado por una fuerte recuperación de la identidad nacional en clave de una nueva argentinidad. En este contexto, y através de las voces de egresados del sistema educativo, se intenta comprender el rechazo a la política de una generación de jóvenes, no de armas sino de "escarapelas tomar", portadores del ideal cívico de un relato escolar donde no hay encuentros felices entre la política y la patria. O singular del caso es que este rechazo cursa con un alto sentimiento de pertenencia y un genuino interés por la nación por parte de los jóvenes, lo cual obliga a definir el problema en virtud de sus propias expectativas. A lo largo de diversos ejes temáticos este libro les da la palabra para mostrar como se construyen los múltiples sentidos de su relación con la Argentina y la argentinidad, y como se configuran diversos equilibrios entre sus anhelos de identidad, historia y proyecto.

Jóvenes de escarapelas tomar. Escolaridad, comprensión histórica y formación política en la argentina contemporánea

Autor: Kriger Miriam
Año: 2010
231 páginas





Abstrac: ¿Cómo interviene la comprensión histórica en la formación política? ¿Hasta que punto el registro escolar del pasado común habilita u obstaculiza la educación política y la autocalificación de los ciudadanos para construir su presente y su futuro en común?
Las preguntas que trata este libro nos enfrentan a uno de los mayores retos planteados a la educación actual: reconstruir la pedagogía su dimensión política plena, precisamente cuando la conflictiva relación de los jóvenes con la política se configura como una preocupación cada vez más relevante en los países democráticos. Nos propone hacerlo en el particular escenario de la Argentina posterior a la aguda crisis de 2001, signado por una fuerte recuperación de la identidad nacional en clave de una nueva argentinidad. En este contexto, y através de las voces de egresados del sistema educativo, se intenta comprender el rechazo a la política de una generación de jóvenes, no de armas sino de "escarapelas tomar", portadores del ideal cívico de un relato escolar donde no hay encuentros felices entre la política y la patria. O singular del caso es que este rechazo cursa con un alto sentimiento de pertenencia y un genuino interés por la nación por parte de los jóvenes, lo cual obliga a definir el problema en virtud de sus propias expectativas. A lo largo de diversos ejes temáticos este libro les da la palabra para mostrar como se construyen los múltiples sentidos de su relación con la Argentina y la argentinidad, y como se configuran diversos equilibrios entre sus anhelos de identidad, historia y proyecto.
panorama de la discriminación en los medios audiovisuales
El siguiente artículo intenta dar cuenta del estado de situación de la discriminación en los medios audiovisuales tomando como ...
ENTRE MÁS DE 640 POSTULANTES

Sin Mordaza nominado a los premios ATVC



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Sin Mordaza nominado a los premios ATVC


Sin Mordaza TV fue nominado al Premio ATVC en la categoría 5 de Programa Periodístico de Opinión. La ceremonia será el 15 de noviembre en Buenos Aires y será televisada a todo el país.


Entre más de 640 postulantes, Sin Mordaza recibió la nominación de la Asociación Argentina de Televisión por Cable en la categoría 5 (ciudades con más de 200 mil habitantes) en el rubro Programa Periodístico de Opinión.

La entrega de los premios se realizará el 15 de noviembre, en Señor Tango (ciudad de Buenos Aires) y será transmitido a todo el país por la señal Magazine TV.

Es la primera vez que Cablevisión propone a Sin Mordaza TV para recibir la nominción de un premio de esta envergadura.


El irresistible encanto de los e-book

Cansado de mirar desde afuera los avances en los nuevos formatos de lectura, el autor de esta nota -infatigable lector de libros en papel- fue presa de un pico de ansiedad y se animó a adquirir un e-reader. Enteráte de cómo le fue.


Por Javier Alcácer

El año pasado, entre las infinitas cadenas y links propagados a diario, se difundieron una serie de videos de YouTube en los que, parodiando el formato del infomercial, se presentaba un invento revolucionario y ultramoderno: el e-book, "una ruptura tecnológica sin cables, sin circuitos eléctricos, sin batería y sin necesidad de conexión", "compacto y portátil", "nunca se cuelga y nunca necesita ser reiniciado". Seducidos por el ingenio de los videos, miles de hispanoparlantes le hicieron el favor a Popular Libros, una librería de Albacete, España, de difundir su campaña viral "Leer está de moda".




En un texto publicado en la década del 70, escrito para una revista que se repartía en los vuelos de American Airlines, Isaac Asimov había usado una estrategia retórica similar describiendo un casete mágico. "¿Qué duda cabe de que ése es el aparato de nuestros sueños? Un casete que puede contener información sobre infinitos temas, del mundo de la ficción o del real; que es autónomo, manejable, parsimonioso en el consumo de energía, perfectamente privado y sometido en gran medida al control de la voluntad. ¿Será sólo un sueño? ¿Tendremos algún día un casete así? La respuesta es un sí rotundo. No es que lo vayamos a tener algún día, es que lo tenemos ya; para ser más exactos: existe desde hace siglos. El ideal que he descripto es la palabra impresa: la revista, el libro, el objeto que tiene usted en sus manos; un objeto ligero, privado y manipulable a voluntad."

Asimov se quedó corto, porque poco más de treinta años después de la aparición de ese artículo, mientras retweets y forwards difundían los videos del e-book, la edición en inglés de la trilogía Millennium, del sueco Stieg Larsson, superaba el millón de copias vendidas... en e-books. Aunque la mayoría de su obra pertenece al género de ciencia ficción, el apego romántico a la letra impresa le nubló las predicciones a Asimov, porque el libro, el objeto físico libro, fue puesto en jaque por un objeto todavía más ligero, relativamente más privado y todavía más manipulable: el e-reader.

Año cero
Sigamos en 2010: Amazon, la tienda virtual que empezó vendiendo libros y en la que ahora puede comprarse desde comida hasta computadoras, lanzó la tercera versión de su e-reader, el Kindle. Aquel año, la empresa fundada por Jeff Bezos vendió más Kindles que libros en papel. Al ser el único proveedor autorizado de contenidos para ese soporte, rápidamente centralizó y sus ganancias se fueron por las nubes: la venta de cada e-book le dejaba un porcentaje muy superior al de los libros en papel. Mientras tanto, Barnes & Noble, una de sus competidoras, presentó, con muy buenos resultados, su propio lector, el Nook, con sistema operativo Android. No fueron los únicos: Sony y Samsung pusieron a la venta sus respectivos e-readers.

Después de cambiar para siempre el mercado audiovisual online con la web del iTunes, Steve Jobs no podía dejar pasar esta oportunidad para llevarse su porción de torta: el iPad, la última vedette de Apple, incluye iBooks, una aplicación que permite la compra de libros, cómics y revistas y la lectura en la tablet PC. No es propiamente un e-reader, sino una computadora en la cual se pueden hacer una cantidad de tareas mucho más sofisticadas que la lectura (pregúntenle a Damon Albarn, que usó el suyo para grabar The Fall, el último disco de Gorillaz ), que consume una mayor cantidad de recursos y que se vende a un precio hasta seis veces mayor que un Kindle. Pero esta multiplicidad de alternativas que brinda el iPad atenta contra la concentración que exige la lectura. En un e-reader, en cambio, no hay mucho más que hacer además de leer. Es tan multifuncional como un libro. Pero hay otro inconveniente con el iPad: la pantalla irradia luz. Al igual que con un monitor, fijar la mirada en una superficie luminosa cansa los ojos y no hay colirio que combata la jaqueca. Por supuesto, esto no pasa con la letra impresa. Por eso, el secreto de los e-readers está en la tinta electrónica, la tecnología que usan las pantallas para mantener una superficie opaca, que no irradia ni refleja luz y que imita la tinta pero permitiendo que el contenido que se exhibe cambie a una velocidad adecuada para no obstaculizar la lectura. Claro que esto tiene sus contras; por ejemplo, esa velocidad no es suficiente para reproducir videos o navegar cómodamente, es decir, el tipo de distracciones domésticas que interrumpen la lectura.




Lo que importa es lo de adentro
El aumento de los precios de los libros, las pésimas traducciones que recibimos de la madre patria y la poca variedad de oferta, sumado a un mal manejo de la ansiedad y las pocas ganas de mudar una biblioteca, hicieron que, después de una larga y tortuosa investigación de mercado, me decidiera a conseguir un Kindle. Lo más difícil en la elección fue olvidar el 1984 affaire. En 2009, al descubrir que la editorial que le había vendido las ediciones digitales de las novelas de George Orwell no contaba con los derechos de las obras, Amazon las retiró de la web, pero también las borró de las e-readers de los usuarios que las habían comprado y les devolvió el dinero que habían pagado. Ante el aluvión de críticas y las comparaciones con el estado totalitario que narra Orwell, el propio Bezos tuvo que salir a pedir disculpas, reconocer el error y anunciar que implementarían cambios en las políticas de privacidad para que incidentes así no volvieran a ocurrir. Pero desde la empresa pudieron hacer esto por una de las características más cuestionadas de los e-books: a diferencia de los libros en papel, al adquirir un libro digital, uno no está comprando los derechos de un ejemplar, sino que está pagando por una licencia para reproducirlos en su reader, de tal modo que los usos que uno puede hacer de ellos son limitados.

Cuando recibí el Kindle 3, lo primero que me sorprendió fue su poca pretensión: es del tamaño de una agenda (entra perfecto en el bolsillo de una campera) y no llega a pesar un cuarto de kilo. A diferencia del iPad, no pretende ser un objeto de diseño sofisticado, sino que es pura austeridad. El manual impreso también -apenas tiene diez páginas- la pantalla sólo reproduce en escala de grises y, a contramano de la tendencia mundial, no es táctil, sino que el Kindle mantiene un teclado. Al encenderlo, se registra vía wi-fi bajo la cuenta de Amazon. Una vez hecho esto, basta con un solo clic en la computadora para comprar un e-book. Hay que decirlo: los precios son un poco más altos que los de las ediciones de tapa blanda, pero el envío de la versión digital es inmediato, mientras que el libro en papel tarda más de tres semanas en volar de Estados Unidos hasta Argentina, un traslado que le agrega hasta 30 dólares de costo a la compra.

Lo primero que uno hace es abusar de los miles de libros de dominio público que hay en el Kindle 3, Mark Twain, G. K. Chesterton, Cervantes, Edgar Allan Poe y Arthur Conan Doyle, entre otros autores fallecidos hace más de 70 años. Del mismo modo, pueden descargarse muestras gratuitas de libros en venta para orientar al comprador indeciso. Y, sí, la piratería también hace estragos en los e-books, hay almas viles que hacen circular versiones hackeadas.

El soporte permite la navegación dentro del libro e integra el New Oxford American Dictionary a la lectura. Con mover el cursor hasta una palabra, la definición aparece de inmediato en la pantalla; por medio del teclado, es posible marcar pasajes y hacer comentarios, que serán guardados en un documento aparte. Pero lo más valioso del Kindle, además de poder almacenar hasta 3500 e-books en menos de lo que pesa un libro de 500 páginas, es que la experiencia de lectura, a la que hace más cómoda e inmediata, pone en evidencia lo importante, el texto.

Aunque suene dramático, no es tan terrible postular la muerte del libro. Claro que quedan por verse los cambios que esto provocará en el mercado editorial. Despidamos al libro en papel, terminemos con el fetiche romántico y, ya que estamos, démosles un respiro a los bosques.

Tips para sacarle provecho a tu e-reader
Visitá El Club del Ebook ( www.clubdelebook.com ) y enterate de las últimas novedades y avances en el campo.
Bajate el software Calibre ( www.calibre-ebook.com ), un programa gratuito que te permite organizar tu biblioteca virtual y, además, podés configurarlo para que te mande diarios, webs y revistas periódicamente a tu reader.
Si usás el Firefox o Chrome, buscá la extensión que le agregue a tu navegador un botón que te envíe los artículos online que vos quieras a tu reader con un solo clic.
Recorré Proyecto Gutenberg y encontrá clásicos de la literatura de todo el mundo en su idioma original y gratis
Sábado 29 de octubre de 2011 | Publicado en edición impresa
La compu

Motor excelente, pero con asientos incómodos

Por Ariel Torres | LA NACION
Por varios medios -y hoy, ya sabemos, abundan- me han pedido una reseña de Ubuntu 11.10, Oneiric Ocelot o, entre nosotros, Oneiric a secas.
Nos gusta usar jerga, somos incorregibles, sí, pero las versiones de Ubuntu se numeran de un modo muy racional, el más eficiente de todos los que conozco. Combina el modo tradicional con la fecha. Así, la versión 11.10 es la que salió en octubre de 2011. Esto es perfecto, porque si fuera la edición 4.5.23 build 149c, por poner un ejemplo clásico, no tendríamos ni la más remota idea de cuándo apareció, excepto consultando la documentación. Uno de los muchos ejemplos de inteligencia que marcan el Linux de Canonical.
Para aflojar un poco tanta racionalidad, se bautiza cada edición con el nombre de un animal adjetivado de las formas más esperpénticas. Luego, sólo usamos el adjetivo; Onírico, en el caso actual. Eso sí, los nombres no están tomados al azar, sino que van en orden alfabético, con la sola excepción de las dos primeras ediciones de Ubuntu, Warty Warthog (jabalí verrugoso) y Hoary Hedgehog (erizo vetusto).


Juez y parte
Reseñar Linux requiere una serie de salvedades importantes. No porque sea gratis, aunque es verdad que a caballo regalado no se le miran los dientes, sino por otro motivo muchísimo más importante. Como la Wikipedia, Linux en general -y Ubuntu en particular- es una obra común, un trabajo colectivo, un experimento de una nueva forma de sociedad en la que nos volvemos más responsables, menos dependientes de los que, por el motivo que sea, han obtenido el privilegio de decidir.
Por lo tanto, no es lo mismo que reseñar un software comercial creado por una compañía privada o, para el caso, una película, un libro o un restaurante. En tales circunstancias, la reseña no forma parte del producto.
Esta que usted está leyendo, en cambio, es parte de Ubuntu y de Linux, es mi aporte a esa obra común. Lo que plantea asimismo un tenaz desafío. Lo diré sin retoques: me resulta arduo hablar mal de Linux, señalar las fallas de Ubuntu, quejarme de KDE, rezongar contra Gnome. Uno tiene su corazoncito.
Pero lo hice en el pasado, cuando lo creí justo y necesario, y lo haré de nuevo ahora. A fin de cuentas, Linux ha llegado a ser lo que es gracias a la autocrítica, no a la complacencia, las verdades reveladas y los mesías del bit.
La tentación por la voz única, no obstante, es un viejo problema de la humanidad, y toda comunidad corre el riesgo de padecer su llamado de sirena. El de Itaca supo taparse los oídos con cera para evitar que su barco encallase, destino inevitable de los proyectos, grandes o pequeños, donde la voz disidente es acallada por cualquier medio, terso o violento. Esto cuenta también para el software libre en general y para Ubuntu en particular.
Hechas estas aclaraciones, vamos al Ocelote Onírico.
Novedades sin novedad
Mudarse a una nueva versión de Linux poco tiene que ver con actualizar Windows. Los cambios son más suaves, la pendiente menos escarpada y es raro que uno tenga que alterar la forma en que venía haciendo las cosas tras reiniciar. Las mejoras suelen ser invisibles, no sin importancia, pero transparentes.
Sin embargo, hay algo que a todos los sistemas les resulta imposible ocultar: la interfaz, la fachada, los controles que usamos para operar el sistema y las aplicaciones.
Natty, la versión 11.04 de Ubuntu, hizo una audaz movida al tocar este componente y colocar la interfaz Unity en lugar del Escritorio tradicional de Gnome como cara visible. Unity, vaya paradoja, dividió al mundo Linux y se convirtió, para algunos, en un bastión que había que defender a toda costa; para otros, en un adefesio impresentable. En mi opinión ( www.lanacion.com.ar/1373120-unity-la-interfaz-que-dividio-al-mundo-linux ), Unity significó un paso atrás, pero con futuro. Le puse una ficha entonces.
Así que esta reseña tiene dos partes. La primera, muy breve, está relacionada con el sistema operativo subyacente. Todo lo que debo decir al respecto es que hay que actualizar. Lo probé en toda clase de máquinas, incluida una Pentium III con 512 MB de memoria RAM (sí, leyó bien), y fue como seda.
Algunos de los cambios más o menos notables son la adopción de Thunderbird como cliente de correo oficial (¡era hora!), la incorporación de la versión 3 del kernel de Linux (veníamos de la 2.6.38) y GCC 4.6 como compilador predeterminado. Han desaparecido Synaptic (que uso siempre) y PiTiVi (que casi no he usado; prefiero Cinelerra). No es un gran problema el de estas desapariciones, como tampoco pasó nada cuando GIMP fue eliminado de Ubuntu en la versión 11.04. Basta ir al centro de software e instalarlas manualmente, si las necesita.
Luego de dos semanas de usarlo sin miramientos, el veredicto para la 11.10 es: 10 puntos. Sigue siendo el Linux robusto, estable y compatible con hardware de toda laya al que estamos habituados. Salvo que su sistema figure en la lista de issues conocidos (https://wiki.ubuntu.com/OneiricOcelot/ReleaseNotes#Known_issues), puede actualizar tranquilo.
El unicato de Unity
Otra es la historia con la experiencia de usuario y con Unity en particular. Aunque ha habido cambios de diseño y algunas mejoras en esta interfaz, y pese a que funciona más rápido que al principio, no ha logrado convencerme. Sé que no soy el único, pero eso es lo de menos. Por mucho esfuerzo que hice y por más que, como dije en su momento, la intención y la idea no están mal, y hasta confieso que cuando le encontré la vuelta llegó a gustarme, a Unity le falta eso que engancha, que hechiza. No sé qué es, pero no terminé nunca de sentirme cómodo con la nueva interfaz predeterminada de Ubuntu. En la netbook, tal vez. Pero también lo uso en pantallas de entre 26 y 42 pulgadas, y allí me supo a desperdicio de espacio. Y poco maleable.
Peor todavía, Oneiric no permite cambiar entre Unity y el Escritorio tradicional de Gnome. Es Unity o Unity. No me gustó ni un poco esta ausencia, y eso que nunca fui un gran entusiasta de Gnome. Pero sin duda me resultaba más claro y, sobre todo, más dúctil que Unity.
Hay una buena noticia, sin embargo. Al revés que en Ubuntu 11.04, Unity ahora corre sobre las bibliotecas de Gnome 3, por lo que usted puede descargar la nueva versión del escritorio de Gnome, instalarlo (son dos clics en el centro de software) y optar por una interfaz diferente. Como ya he dicho, esa es una de las cosas que más nos gusta de Linux. Las opciones.
¿Nuestro turno?
Por otro lado, debo decir, no son pocas las personas con cero experiencia en informática que encontraron Unity muy claro. Quizá Shuttleworth no está equivocado al insistir con Unity, dada la misión de Ubuntu. Y no es imposible que ahora los confundidos seamos los que venimos usando computadoras desde la infancia o la adolescencia. No lo sé. Pero me siento obligado a aclarar que quizá tanta simpleza no nos gusta a los geeks más duros, pero para mucha gente podría ser un bálsamo, y uno que a Linux no le viene nada mal.
Y una cosa más a su favor, y sin retirar por esto que no logró cautivarme y lo dejé de usar. Shuttleworth puede estar errado acerca de las bondades de Unity, pero es la primera vez que en Linux se busca innovar en interfaces, en lugar de repetir las recetas de Windows o Mac. Respeto eso, que conste.
De Gnome a KDE, y después
Como quiero adaptar la interfaz a mi forma de trabajar y al tamaño de la pantalla, decidí dejar Unity a un lado, instalé el Escritorio de Gnome 3, ¿y adivine qué? Aunque con otro estilo visual, me causó el mismo efecto que Unity: menos opciones.
Increíble como pueda sonar, tenía en mis manos un auto extraordinario, al que conozco a fondo y he usado durante más de 15 años, y en plena era de iPhones y iPads, volvía a sentirme más cómodo con el intérprete de comandos (terminal, en Linux) que con la interfaz gráfica.
Ya sé. Hay muchas opciones, y las he probado todas. Me gustan, por ejemplo, Xfce y LXDE. Pero resulta que una de las aplicaciones que más uso, TweetDeck, sólo sabe autenticar en un entorno basado en Gnome... o en KDE.
¿KDE? -dije. Hacía años que no visitaba este escritorio para Linux. En su momento me había parecido recargado de decoraciones, pesado, lento e inestable. Pero eso había sido casi una década atrás, y desde entonces siempre había empleado Gnome. Bueno, perdido por perdido, instalé el entorno Plasma Desktop de KDE. Me llevé una agradable sorpresa en la siguiente media hora.
Los muchachos de KDE siguen enamorados de las decoraciones y Plasma todavía tiene un aire rococó-translúcido-década del 90 que empalaga, pero con un poco de sintonía fina logré dejarlo como a mí me gusta, y resultó ser ahora mucho más ágil que antes y, lo que estaba buscando, lleno de opciones. De momento, lo adopté, aunque hubiera preferido la frugalidad de Xfce.
En total
Le di seis meses a Unity y no logró seducirme. Gnome 3 me pareció mejor, pero no mejor que Gnome 2. Ahora estoy usando el Plasma Desktop de KDE.
Nunca hubo unidad ni unificación en las interfaces para Linux, y quizás el sueño de Unity es sólo eso, una quimera. Puede parecer irritante esta falta de unidad. Puede que el lector crea que todo este rollo de cambiar de fachada es un engorro. Quizá.
Por mi parte, lo pienso de otro modo. En Windows y en Mac no hay opciones. Es esa interfaz y punto. Si le gusta, bien. Si no, también.
En Linux las cosas no funcionan así. La voz única nunca prosperó..