miércoles, 1 de febrero de 2012

En China, los costes humanos están incorporados en un iPad
Las fábricas chinas que trabajan para Apple imponen condiciones cercanas a la esclavitud
CHARLES DUHIGG y DAVID BARBOZA (NYT) —Nueva York — 29 ENE 2012
El pasado mayo, la explosión despedazó el Edificio A5 una noche de viernes, una erupción de fuego y ruido que retorció las tuberías de metal como si fuesen pajitas desechadas.
Cuando los empleados de la cafetería salieron a toda prisa al exterior, vieron humo negro que emanaba de las ventanas hechas añicos. Provenía de la zona en la que los obreros pulían a diario miles de carcasas de iPad.
Dos personas murieron en el acto y más de una docena resultaron heridas. Mientras estas últimas eran conducidas apresuradamente a las ambulancias, una en particular llamaba la atención. Sus rasgos habían quedado desfigurados por la explosión, borrados por el calor y la violencia hasta que una esterilla roja y negra sustituyó su boca y su nariz.
“¿Es usted el padre de Lai Xiaodong?”, preguntó alguien cuando sonó el teléfono en el que había sido el hogar de Lai desde la infancia. Seis meses antes, el joven de 22 años se había trasladado a Chengdu, en el sudoeste de China, para convertirse en uno de los millones de engranajes humanos que abastecen el sistema de fabricación más grande, rápido y sofisticado de la Tierra. Ese sistema ha hecho posible que Apple y centenares de empresas más fabriquen dispositivos casi con tanta rapidez como podemos soñarlos.
“Está en apuros”, dijo el interlocutor al padre de Lai. “Vaya al hospital en cuanto pueda”.
En la última década, Apple se ha convertido en una de las empresas más poderosas, ricas y prósperas del planeta, en parte gracias a su dominio de la fabricación internacional. Apple y sus homólogas en el campo de la alta tecnología – así como docenas de sectores estadounidenses más - han alcanzado un ritmo de innovación que prácticamente no tiene parangón en la historia moderna.
No obstante, el personal que monta los iPhone, los iPad y otros aparatos a menudo trabaja en condiciones muy duras, según los empleados de esas plantas, defensores del trabajador y documentos publicados por las propias empresas. Los problemas van desde unos entornos laborales insoportables hasta problemas de seguridad graves y en ocasiones mortales.
Los empleados hacen demasiadas horas extra, a veces siete días a la semana, y viven en residencias abarrotadas. Algunos aseguran que permanecen tanto tiempo de pie que se les hinchan las piernas y apenas pueden caminar. Trabajadores menores de edad han ayudado a fabricar productos de Apple, y los proveedores de la empresa se han deshecho indebidamente de residuos peligrosos y archivos falsificados, según informes de grupos activistas que, dentro de China, son considerados observadores fiables e independientes.
De acuerdo con estos grupos, lo más inquietante es que algunos proveedores hacen caso omiso de la salud de los trabajadores. Hace dos años, 137 empleados de un proveedor de Apple en el este de China resultaron heridos después de que les ordenaran utilizar un producto químico venenoso para limpiar las pantallas de los iPhone. El año pasado, en cuestión de siete meses, dos explosiones que se produjeron en fábricas de iPad, incluida la de Chengdu, acabaron con la vida de cuatro personas e hirieron a 77. Antes de las explosiones, Apple había sido alertada de las peligrosas condiciones que imperaban dentro de la fábrica de Chengdu, según un grupo chino que publicó esa advertencia.
“Si Apple recibió el aviso y no actuó, es reprensible”, afirma Nicholas Ashford, ex presidente del Comité Asesor Nacional sobre Seguridad y Salud Laboral, un grupo que asesora al Departamento de Trabajo de Estados Unidos. “Pero lo que resulta moralmente repugnante en un país son prácticas empresariales aceptadas en otro, y las empresas se aprovechan de eso”, añade.
Apple no es la única empresa de productos electrónicos que hace negocio dentro de un sistema de suministro problemático. Se han documentado pésimas condiciones laborales en fábricas que suministran productos a Dell, Hewlett-Packard, I.B.M., Lenovo, Motorola, Nokia, Sony, Toshiba y otros.
Es más, directivos antiguos y actuales de Apple aseguran que, en los últimos años, la empresa ha hecho grandes progresos en la mejora de las fábricas. Apple cuenta con un código de conducta para los proveedores que detalla criterios sobre cuestiones laborales, medidas de seguridad y otros aspectos. La empresa ha organizado una enérgica campaña de auditorías, y cuando se descubren abusos, se exigen correcciones, según Apple.
Y los informes anuales de responsabilidad de los proveedores que Apple confecciona son en muchos casos los primeros en notificar abusos. Este mes, por primera vez, la compañía hizo pública una lista que identifica a muchos de sus suministradores.
Pero persisten algunos problemas importantes. Más de la mitad de los proveedores auditados por Apple han incumplido al menos un aspecto del código de conducta cada año desde 2007, según los informes de la empresa, y en algunos casos han infringido la ley. Aunque muchas infracciones guardan relación con las condiciones de trabajo y no con peligros para la seguridad, continúan detectándose patrones preocupantes.
“A Apple nunca le ha preocupado otra cosa que aumentar la calidad de los productos y reducir los costes de fabricación”, afirma Li Mingqi, que hasta abril trabajaba en la directiva de Foxconn Technology, uno de los socios de fabricación más importantes de Apple. Li, que denunciará a Foxconn por su despido, ayudaba a dirigir la fábrica de Chengdu en la que se produjo la explosión. “El bienestar de los trabajadores no tiene nada que ver con sus intereses”, afirma
Algunos ex directivos de Apple señalan que existe una tensión no resuelta dentro de la empresa: los altos cargos quieren mejorar las condiciones dentro de las fábricas, pero esa dedicación flaquea cuando entra en conflicto con las relaciones con proveedores cruciales o con la entrega rápida de nuevos productos. El martes, Apple anunciaba uno de los trimestres más lucrativos de cualquier empresa a lo largo de la historia, con unos beneficios de 13.060 millones de dólares en ventas. Dichas ventas podrían haber sido incluso mayores, comentan los directivos, si las fábricas del extranjero hubiesen tenido capacidad para producir más.
Los directivos de otras empresas hablan de presiones internas similares. Este sistema tal vez no sea bueno, aducen, pero una revisión radical ralentizaría la innovación. Los clientes quieren que les ofrezcan productos electrónicos increíbles cada año.
“Hemos tenido constancia de abusos laborales en algunas fábricas durante cuatro años, y continúan”, comenta un ex directivo de Apple, quien, al igual que otros, ha hecho declaraciones con la condición de permanecer en el anonimato debido a acuerdos de confidencialidad. “¿Por qué? Porque el sistema nos funciona. Los proveedores lo cambiarían todo mañana si Apple les dijera que no tienen otra opción”, agrega. “Si la mitad de los iPhone funcionaran mal, ¿cree que Apple permitiría que eso se prolongara durante cuatro años?”.
En los informes que ha publicado, Apple afirma que exige que todos los incumplimientos laborales descubiertos sean remediados, y los proveedores que se nieguen son despedidos. Sin embargo, en privado, algunos ex directivos reconocen que encontrar nuevos proveedores cuesta tiempo y dinero. Foxconn es uno de los pocos fabricantes del mundo con envergadura para fabricar cantidades suficientes de iPhone e iPad. Así que Apple “no va a dejar Foxconn ni se va a ir de China”, asegura Heather White, investigadora de Harvard y ex miembro del comité de Control de Normativa Laboral Internacional en la Academia Nacional de las Ciencias. “Hay mucha racionalización”, agrega.
Apple ha recibido amplios resúmenes de este artículo, pero la empresa se ha negado a realizar comentarios. El informe se basa en entrevistas con más de 35 empleados y contratistas actuales o pasados, entre ellos media docena de directivos con un conocimiento de primera mano sobre el grupo de responsabilidad de proveedores de Apple, así como otros dentro del sector tecnológico.
En 2010, Steven P. Jobs habló de las relaciones de la empresa con sus proveedores en un congreso del sector. “Yo creo que Apple realiza uno de los mejores trabajos entre las empresas de nuestro ámbito, y quizá de cualquier otro, a la hora de comprender las condiciones laborales de nuestra cadena de suministros”, decía Jobs, que en aquel momento era consejero delegado de Apple y que falleció el pasado octubre. “Es decir, vas a una fábrica, pero, Dios mío, tienen restaurantes, cines, hospitales y piscinas. Para tratarse de una fábrica, es bastante bonita”, añadía.
Otros, entre ellos los trabajadores de dichas fábricas, agradecen las cafeterías y las instalaciones médicas, pero insisten en que las condiciones son duras.
Estamos poniendo todo nuestro empeño en mejorar las cosas”, comenta un ex directivo de Apple. “Pero la mayoría de la gente seguiría sintiéndose verdaderamente molesta si viera de dónde proviene su iPhone”, remacha.

El camino hacia Chengdu


En otoño de 2010, unos seis meses antes de la explosión en la fábrica de iPad, Lai Xiaodong envolvía cuidadosamente su diploma universitario con ropa para que no se arrugara en la maleta. Les dijo a sus amigos que ya no asistiría a las partidas de póker semanales y se despidió de sus profesores. Se marchaba a Chengdu, una ciudad de 12 millones de habitantes que estaba convirtiéndose rápidamente en uno de los centros de fabricación más importantes del mundo.


Aunque Lai es extremadamente tímido, había sorprendido a todo el mundo convenciendo a una hermosa estudiante de enfermería para que fuese su novia. Ella quería casarse y el objetivo de Lai era ganar suficiente dinero para comprar un piso.


Las fábricas de Chengdu suministran productos a cientos de empresas. Pero Lai tenía en mente a Foxconn Technology, el exportador más importante de China, que además cuenta con una de las plantillas más grandes de la nación, con 1,2 millones de trabajadores. La empresa tiene fábricas en todo el país, y monta aproximadamente un 40% de los productos electrónicos de consumo del mundo, con clientes como Amazon, Dell, Hewlett-Packard, Nintendo, Nokia y Samsung.


Lai sabía que la fábrica de Foxconn en Chengdu era especial. En su interior, los trabajadores fabricaban el último y posiblemente más importante producto de Apple: el iPad.


Cuando Lai consiguió finalmente un empleo reparando máquinas en la fábrica, una de las primeras cosas que advirtió fueron las luces casi cegadoras. Los turnos diarios duraban 24 horas, y la fábrica siempre estaba iluminada. En cualquier momento dado había miles de trabajadores en las cadenas de montaje o sentados en sillas sin respaldo, agazapados junto a grandes máquinas o corriendo de una plataforma de descarga a otra. A algunos trabajadores se les hinchaban tanto las piernas que andaban como un pato. “Es duro estar de pie todo el día”, afirma Zhao Sheng, un trabajador de la fábrica.


Unas pancartas colgadas en las paredes advertían a los 120.000 empleados: “Trabaja duro en tu puesto hoy o trabaja duro mañana para encontrar otro”. El código de conducta para proveedores de Apple dicta que, salvo en circunstancias inusuales, los empleados supuestamente no han de trabajar más de 60 horas a la semana. Pero en Foxconn, algunos trabajaban más, según entrevistas, nóminas y estudios realizados por grupos externos. Si nos ceñimos a su sueldo, al cabo de poco tiempo Lai estaba pasando12 horas al día, seis días a la semana, dentro de la fábrica. A veces se exigía a los empleados que llegaban tarde que redactaran cartas de confesión y copiaran citas. Había “cambios continuos” en los que a los trabajadores se les pedía que hicieran dos turnos seguidos, según varias entrevistas.


El título universitario de Lai le permitía percibir un salario de unos 22 dólares diarios, horas extras incluidas, lo cual era más de lo que ganaban muchos otros. Cuando terminaba su jornada, se retiraba a una pequeña habitación en la que apenas cabían un colchón, un armario y una mesa y donde se entretenía obsesivamente con un juego de Internet llamado Fight the Landlord, explica su novia, Luo Xiaohong.


Esos alojamientos eran mejores que muchas de las residencias de Foxconn, donde vivían 70.000 trabajadores de la empresa, y donde se apiñaban hasta 20 personas en un piso de tres habitaciones. El año pasado, una disputa salarial desencadenó un motín en una de las residencias, y los trabajadores empezaron a lanzar botellas, cubos de basura y papeles ardiendo desde las ventanas, según los testigos. Doscientos agentes de policía se enfrentaron a los trabajadores y detuvieron a ocho. Después se retiraron los cubos de basura, y los montones de desperdicios –y los roedores - se convirtieron en un problema. Lai se sentía afortunado de tener una vivienda propia.


En un comunicado, Foxconn desmentía las declaraciones de los trabajadores sobre los turnos continuos, el exceso de horas extras, los alojamientos abarrotados y las causas de la revuelta. La empresa afirmaba que sus actividades se adherían a los códigos de conducta de los clientes, los criterios del sector y las leyes nacionales. “Las condiciones en Foxconn son cualquier cosa menos duras”, escribía la empresa. Foxconn dijo también que nunca había sido citada por un cliente o por el Gobierno por contratar a menores de edad, explotar a los trabajadores o por exposición a productos tóxicos.


“Todos los empleados de la cadena de montaje disfrutan de descansos periódicos, incluida una hora para comer”, escribía la empresa, y solo un 5% de ellos deben permanecer de pie para desempeñar su labor. Los puestos han sido diseñados de acuerdo con criterios ergonómicos, y los empleados tienen oportunidades para la rotación laboral y los ascensos, aseguraba el comunicado.


“Foxconn tiene un historial de seguridad muy positivo”, escribía la empresa, “y hemos progresado mucho en nuestros esfuerzos por liderar el sector en China en ámbitos como las condiciones del lugar de trabajo y el cuidado y el trato a nuestros empleados”.

El código de conducta de Apple


En 2005, algunos altos directivos de Apple se dieron cita en su sede de Cupertino, California, para celebrar una reunión especial. Otras empresas habían creado códigos de conducta para supervisar a sus proveedores. Apple decidió que había llegado el momento de seguir su ejemplo. El código que publicó Apple ese año exige “que las condiciones laborales en la cadena de suministro de la empresa sean seguras, que los trabajadores sean tratados con respeto y dignidad y que los procesos de fabricación sean responsables con el medio ambiente”.


Pero el año siguiente, el periódico británico The Mail on Sunday visitó en secreto una fábrica de Foxconn en Shenzhen, China, donde se producían iPod, e informó de las largas jornadas de los trabajadores, de las flexiones impuestas como castigo y de los alojamientos abarrotados. Los directivos de Cupertino quedaron asombrados. “Apple está llena de buena gente que no tenía ni idea de que esto estaba sucediendo”, decía un ex empleado. “Quisimos que la situación cambiara inmediatamente”.


Apple auditó esa fábrica, la primera de esas inspecciones por parte de la empresa, y ordenó mejoras. Los directivos también emprendieron una serie de iniciativas que incluían un informe anual de auditoría, publicado por primera vez en 2007. El año pasado, Apple había inspeccionado 396 instalaciones, entre ellas proveedores directos de la empresa, y también muchos de los suministradores de esos proveedores, uno de los programas más importantes de esa índole dentro del sector de los productos electrónicos.


Esas auditorías han descubierto incumplimientos sistemáticos del código de conducta de Apple, según resúmenes publicados por la empresa. En 2007, por ejemplo, la empresa realizó más de 35 auditorías, dos tercios de las cuales indicaban que los empleados suelen trabajar más de 60 horas a la semana. Asimismo, hubo seis “infracciones básicas”, el tipo más grave, entre ellas la contratación de niños de 15 años, además de la falsificación de archivos.


Durante los tres años siguientes, Apple llevó a cabo 312 auditorías, y cada año, más o menos la mitad mostraban indicios de un gran número de empleados que trabajaban más de seis días a la semana, además de hacer muchas horas extra. Algunos trabajadores recibían menos del salario mínimo o se les retenía la paga como castigo. Apple encontró 70 infracciones básicas durante ese periodo, incluidos casos de trabajo involuntario, empleados menores de edad, falsificaciones de archivos, eliminación inadecuada de residuos peligrosos y más de 100 trabajadores heridos por exposición a productos químicos tóxicos.


El año pasado, la empresa realizó 229 auditorías. Se advirtieron leves mejoras en algunas categorías, y el número de infracciones básicas detectadas disminuyó. Sin embargo, en 93 instalaciones, al menos la mitad de los trabajadores superaban el límite de 60 horas semanales. Más o menos el mismo número de empleados trabajaban más de seis días a la semana. Hubo incidentes de discriminación, medidas de seguridad inadecuadas, impago de las horas extra requeridas y otras infracciones. Ese año murieron cuatro empleados y 77 resultaron heridos en explosiones en el lugar de trabajo.


“Si los problemas siguen un mismo patrón año tras año, significa que la empresa está ignorando la cuestión en lugar de resolverla”, afirma un ex directivo de Apple con un conocimiento de primera mano del grupo de responsabilidad de los proveedores. “Se toleran los incumplimientos siempre que los proveedores prometan esforzarse más la próxima vez. Si nos pusiéramos serios, las infracciones básicas desaparecerían”.


Apple dice que cuando una auditoría revela una infracción, la empresa exige a los proveedores que resuelvan el problema en un plazo de 90 días y que realicen cambios para impedir que se repita. “Si un proveedor no está dispuesto a cambiar, finiquitamos nuestra relación”, asegura la empresa en su página web.


Sin embargo, la seriedad de esa amenaza no está clara. Apple ha descubierto infracciones en cientos de auditorías, pero se ha prescindido de menos de 15 proveedores por transgresiones desde 2007, según ex directivos de la empresa.


“Una vez que se cierra el acuerdo y Foxconn se convierte en proveedor autorizado de Apple, la empresa ya no presta atención a las condiciones de trabajo ni a nada que sea irrelevante para sus productos”, afirma Li, el ex director de Foxconn. Li pasó varios años en las fábricas de Foxconn en Shenzhen y Chengdu y fue despedido en abril tras negarse a ser trasladado a esta última, afirma. La empresa desmiente sus comentarios, y declara que “tanto Foxconn como Apple se toman muy en serio el bienestar” de sus empleados.


Los esfuerzos de Apple han propiciado algunos cambios. Las instalaciones que fueron auditadas de nuevo “mostraron mejoras constantes en el rendimiento y unas condiciones de trabajo más aptas”, escribía la empresa en su informe de progreso en la responsabilidad de los proveedores en 2011. Además, el número de fábricas auditadas ha crecido cada año, y algunos directivos afirman que el aumento de esas iniciativas impiden ver las mejoras que se producen anualmente.


Apple ha formado también a más de un millón de trabajadores en cuanto a sus derechos y los métodos de prevención de lesiones y enfermedades. Hace unos años, después de que unos auditores insistieran en entrevistar a los empleados de rango más bajo de las fábricas, descubrieron que algunos de ellos se habían visto obligados a pagar onerosas “cuotas de contratación”, algo que Apple clasifica como mano de obra involuntaria. El año pasado, la empresa obligó a los proveedores a reembolsar más de 6,7 millones de dólares por esas cuotas.


“Apple está a la cabeza de la prevención de la explotación de menores”, afirma Dionne Harrison, de Impactt, una empresa a la que Apple paga para evitar y solucionar casos de explotación infantil entre sus proveedores. “Están haciendo todo lo que pueden”.

Pero hay otros asesores que no están de acuerdo.


“Llevamos años diciéndole a Apple que hay problemas muy graves y recomendándoles posibles cambios”, explica un asesor de BSR, siglas de Business for Social Responsibility [Empresa en favor de la responsabilidad social], una empresa a la que Apple ha recurrido en dos ocasiones para que le aconsejara acerca de cuestiones laborales. “Ellos no quieren prevenir los problemas; lo único que quieren es no pasar vergüenza”.

‘Podríamos haber salvado vidas’


En 2006, BSR, junto con un equipo del Banco Mundial y otros grupos, emprendió un proyecto para mejorar las condiciones laborales en fábricas de China y otros países en las que se producían teléfonos móviles y otros dispositivos. Los grupos y las empresas prometieron poner a prueba distintas ideas. Foxconn accedió a participar.

Foxconn dice que tiene un historial de seguridad muy positivo


Durante cuatro meses, BSR y otro grupo negociaron con Foxconn un programa piloto para crear “líneas telefónicas de atención” a los trabajadores, de forma que los empleados pudieran denunciar condiciones abusivas, pedir orientación psicológica y hablar de problemas relacionados con el lugar de trabajo. Apple no era uno de los participantes del proyecto, pero se le informó al respecto, según el asesor de BSR, que estaba al tanto de los detalles.


Conforme avanzaban las negociaciones, los requisitos de Foxconn para participar no paraban de cambiar. Primero, Foxconn pidió que se dejaran de instalar nuevas líneas de atención y se empezara a evaluar las ya existentes. Luego, Foxconn insistió en que se excluyera la orientación sobre salud mental. Foxconn les pidió a los participantes que firmaran un acuerdo por el cual se negaban a revelar información sobre lo que observaran, y posteriormente reescribió dichos acuerdos en múltiples ocasiones. Al final se llegó a un acuerdo, y se dispuso que el proyecto se iniciara en enero de 2008. Un día antes de empezar, Foxconn exigió más cambios, hasta que quedó claro que el proyecto no iba a salir adelante, según el asesor y un resumen elaborado por BSR en 2008 en el que no se mencionaba a Foxconn.

El año siguiente, un empleado de Foxconn se cayó o saltó de un edificio de apartamentos tras perder un prototipo del iPhone. Durante los dos años siguientes, al menos 18 trabajadores más de Foxconn trataron de suicidarse o se cayeron de edificios de formas que parecen indicar que fueron intentos de suicidio. En 2010, dos años después de que el programa piloto se fuera a pique y tras muchos intentos de suicidio, Foxconn creó una línea de atención exclusiva para cuestiones de salud mental y empezó a ofrecer orientación psicológica gratuita.


“Podríamos haber salvado vidas, y le pedimos a Apple que presionara a Foxconn, pero se negaban a hacerlo”, explica el asesor de BSR, que ha pedido que no reveláramos su identidad por los acuerdos de confidencialidad. “Empresas como HP, Intel o Nike están presionando a sus proveedores. Pero Apple prefiere mantenerse a una distancia prudente y Foxconn es su fabricante más importante, así que se niegan a presionarles”.


En una declaración por escrito, BSR aseguró que las opiniones del asesor no coincidían con las de la empresa.


“Mis compañeros de BSR y yo vemos a Apple como una empresa que está llevando a cabo un esfuerzo ímprobo por garantizar que las condiciones laborales en su cadena de suministro cumplen las expectativas de la legislación vigente, las normas de la empresa y las expectativas de los consumidores”, escribe Aron Cramer, el presidente de BSR. Añade que pedirle a Apple que presionara a Foxconn no habría sido coherente con el objetivo del programa piloto, y que había múltiples razones para no llevar a cabo el programa.


En una declaración, Foxconn asegura que actuó con rapidez y de forma exhaustiva para solucionar la cuestión de los suicidios, y que “los datos han demostrado que dichas medidas han funcionado”.

Un cliente exigente


Todos los meses, responsables de empresas de todo el mundo peregrinan a Cupertino o invitan a directivos de Apple a visitar sus fábricas en el extranjero, todos con el mismo objetivo: convertirse en proveedor suyo.


Cuando les llega la noticia de que Apple está interesado en un producto o en un servicio concretos, suele haber pequeñas celebraciones; brindan con whisky y van a un karaoke a cantar.

Luego llegan las peticiones de Apple.


Por lo general, Apple pide a los proveedores que especifiquen cuánto cuesta cada componente, cuántos empleados se necesitan y la cuantía de sus salarios. Los directivos quieren conocer hasta el más mínimo detalle financiero. Acto seguido, Apple calcula cuánto va a pagar por un componente. A la mayoría de los proveedores se les deja un margen ínfimo.


Por eso muchas veces los proveedores intentan recortar de donde pueden, sustituir productos químicos caros por otras opciones más baratas o presionar a sus empleados para que trabajen a más velocidad y más horas, según gente que trabaja en dichas empresas.

“La única forma de ganar dinero trabajando para Apple es encontrar la manera de hacer las cosas de una forma más eficiente o más barata”, comentaba un directivo de una empresa que ayudó a sacar el iPad al mercado. “Y luego vuelven el año siguiente y obligan a la empresa a rebajar el precio un 10%”.


En enero de 2010, los empleados de una fábrica china propiedad de Wintek, un socio que fabrica para Apple, se declararon en huelga por toda una serie de cuestiones, incluidos unos rumores muy difundidos de que los trabajadores estaban siendo expuestos a toxinas. Las investigaciones llevadas a cabo por los medios de comunicación revelaban que más de cien empleados se habían visto afectados por el n-hexano, un producto químico tóxico que puede provocar daños en el sistema nervioso y parálisis.


Los empleados afirman que se les ordenó utilizar -hexano para limpiar la pantalla de los iPhones porque se evaporaba a una velocidad casi tres veces mayor que frotando con alcohol. Una evaporación más rápida significaba que los trabajadores podían limpiar más pantallas por minuto.


Apple comentó los daños sufridos por los trabajadores de Wintek al cabo de un año. En su informe de responsabilidad de los proveedores, Apple afirmaba que le había “exigido a Wintek que dejara de utilizar n-hexano” y que “se había asegurado de que todos los trabajadores habían recibido el tratamiento adecuado, y estaban siguiendo muy de cerca sus informes médicos hasta que se recuperaran del todo”. Asimismo, Apple aseguraba que le había exigido a Wintek que arreglara el sistema de ventilación.


Ese mismo mes, un periodista de The New York Times entrevistó a una docena de trabajadores de Wintek afectados que afirmaban que ni Apple ni sus intermediarios se habían puesto en contacto con ellos, y que Wintek los había presionado para que dimitieran y aceptaran liquidaciones en metálico que eximirían a la empresa de toda responsabilidad. Después de esas entrevistas, Wintek se comprometió a proporcionar una mayor indemnización a los empleados afectados y Apple envió a un representante a hablar con algunos de ellos.


Seis meses después, algunas publicaciones especializadas informaban de que Apple había reducido de forma significativa el precio que le pagaba a Wintek.


“Puedes establecer todas las normas que quieras, pero no tienen sentido si no les das a los proveedores el margen suficiente para que traten bien a sus empleados”, comentaba un exdirectivo de Apple que conoce de primera mano al grupo encargado de la responsabilidad de los proveedores. “Si exprimes los márgenes, les estás obligando a recortar en materia de seguridad”.


Wintek sigue siendo uno de los proveedores más importantes de Apple. En una declaración, se negaba a hacer comentarios salvo para decir que, después de este episodio, la empresa había adoptado “amplias medidas” para abordar la situación y “se había comprometido a garantizar el bienestar de los empleados y a crear un entorno laboral seguro y saludable”.


Muchas empresas tecnológicas importantes han trabajado con fábricas cuyas condiciones son alarmantes. Sin embargo, los supervisores independientes y los proveedores aseguran que algunas se comportan de otra manera. Los directivos de varios proveedores aseguraban en entrevistas que Hewlett-Packard y otras empresas les permiten obtener unos beneficios ligeramente más elevados y otros complementos si se utilizan para mejorar las condiciones de los trabajadores.


“Nuestros proveedores son muy sinceros con nosotros”, señala Zoe McMahon, una directiva del programa de responsabilidad social y medioambiental de la cadena de suministro de Hewlett-Packard. “Si les cuesta mucho cumplir nuestras expectativas, nos lo hacen saber, y eso influye en nuestras decisiones”.

La explosión


La tarde de la explosión de la fábrica de iPads, Lai Xiaodong llamó a su novia, como hacía todos los días. Esperaban poder verse esa tarde, pero el director de Lai le dijo que tenía que hacer horas extra, según lo que le contó Lai a ella.


Le habían ascendido muy rápido en Foxconn, y en tan solo unos meses tenía a su cargo un equipo que se encargaba del mantenimiento de las máquinas que pulían las fundas de los iPads. En la zona de lijado había mucho ruido, y el área estaba llena de polvo de aluminio. Los trabajadores llevaban mascarillas y tapones, pero por muchas veces que se ducharan, se les reconocía por el leve brillo aluminoso de su pelo y del rabillo de los ojos.


Tan solo dos semanas antes de la explosión, un grupo de Hong Kong de defensa de los derechos de los trabajadores publicó un informe en el que advertían de que las condiciones en la fábrica de Chengdu no eran seguras, y mencionaban problemas como el polvo de aluminio. El grupo, Students And Scholars Against Corporate Misbehavior [Estudiantes y expertos en contra de la mala conducta empresarial], o SACOM, por sus siglas en inglés, había grabado en vídeo a los trabajadores cubiertos de diminutas partículas de aluminio. “Los problemas de seguridad y de salud laboral en Chengdu son alarmantes”, se afirmaba en el informe. “Los trabajadores también resaltan el problema de la mala ventilación y de que la ropa de protección para el personal es inadecuada”.


Una copia de dicho informe fue enviada a Apple. “No tuvimos respuesta”, explica Debby Chan Sze Wan, miembro del grupo. “Unos meses más tarde fui a Cupertino y me metí en el grupo de presión de Apple, pero nadie quería reunirse conmigo. Nadie de Apple se ha puesto en contacto conmigo en ningún momento”.


La mañana de la explosión, Lai acudió en bicicleta al trabajo. El iPad acababa de salir a la venta solo unas semanas antes, y a los trabajadores se les dijo que había que pulir miles de fundas al día. La actividad en la fábrica era frenética, según los obreros. Filas y más filas de máquinas pulían las fundas mientras los empleados, equipados con mascarillas, apretaban los botones. Encima de cada estación había grandes conductos de aire, pero no podían seguir el ritmo de las tres filas de máquinas puliendo sin parar. Por todas partes había polvo de aluminio.


El polvo es un riesgo conocido para la seguridad. En 2003, una explosión de polvo de aluminio en Indiana destruyó una fábrica de ruedas y se cobró la vida de un trabajador. En 2008, el polvo agrícola en el interior de una fábrica de azúcar en Georgia provocó una explosión en la que murieron 14 personas.


A las dos horas de que Lai hubiera empezado su segundo turno, el edificio empezó a temblar, como si hubiera un terremoto. Según algunos trabajadores de la fábrica, se produjo una serie de explosiones.


Entonces empezaron los gritos.


Cuando los compañeros de Lai salieron afuera a toda prisa, el humo oscuro estaba mezclándose con una llovizna, por lo que puede verse en unos vídeos grabados con teléfonos móviles. El número total de muertos ascendió a cuatro y el de heridos, a 18.


En el hospital, la novia de Lai vio que tenía casi toda la piel calcinada. “Lo reconocí por las piernas, porque de lo contrario no habría sabido quién era”, asegura.


Al final llegó su familia. Se le había quemado más del 90% del cuerpo. “Mi madre salió corriendo de la habitación nada más verlo. Yo me puse a llorar. Nadie podía soportarlo”, comenta su hermano. Cuando su madre volvió, trató de no tocar a su hijo por miedo a hacerle daño.

“Si lo hubiera sabido”, afirma, “le habría cogido del brazo, lo habría tocado”.


“Tuvo mucha fuerza”, añade. “Aguantó dos días”.


Después de la muerte de Lai, los empleados de Foxconn fueron hasta su pueblo natal y les entregaron una caja con las cenizas. Posteriormente, la empresa les envió un cheque por un valor de aproximadamente 150.000 dólares.


En una declaración, Foxconn afirmó que en el momento de la explosión la fábrica de Chengdu cumplía todas las leyes y normativas aplicables, y “después de asegurarnos de que las familias de los empleados fallecidos recibían el apoyo que necesitaban, comprobamos que todos los empleados heridos recibían la mejor asistencia médica posible”. Después de la explosión, añadía la empresa, Foxconn detuvo de inmediato el trabajo en todos los talleres de pulido y, posteriormente, mejoró la ventilación y la extracción del polvo, además de adoptar tecnologías para mejorar la seguridad de los trabajadores.


En su informe más reciente de responsabilidad de sus proveedores, Apple afirmaba que, después de la explosión, la empresa se puso en contacto con “los expertos más destacados en materia de seguridad de procesos” y reunió a un equipo para que investigara e hiciera recomendaciones para evitar futuros accidentes.


Sin embargo, en diciembre, siete meses después de la explosión que se cobró la vida de Lai, explotó otra fábrica de iPads, esta vez en Shanghai. La causa había sido también el polvo de aluminio, según las entrevistas y el informe más reciente de responsabilidad de los proveedores de Apple. En esa explosión resultaron heridos 59 trabajadores, y 23 de ellos fueron hospitalizados.


“Después de producirse una explosión, es negligencia grave no caer en la cuenta de que deberían revisarse todas las fábricas”, afirma Nicholas Ashford, experto en materia de seguridad laboral, que ahora trabaja en el Massachusetts Institute of Technology. “Si el polvo de aluminio planteara un problema extremadamente difícil, lo entendería. Pero ¿saben lo fácil que es controlar el polvo? Se llama ventilación. Hace un siglo que solventamos esta cuestión”.


En su informe más reciente de responsabilidad de sus proveedores, Apple señalaba que, aunque ambas explosiones estaban relacionadas con el polvo de aluminio inflamable, las causas eran distintas. No obstante, la empresa no quiso dar detalles. En el informe se añadía que Apple había auditado a todos los proveedores que pulían productos de aluminio y que había puesto en marcha medidas de precaución más estrictas. Según el informe, todos los proveedores han adoptado las medidas necesarias excepto uno, que sigue cerrado.

La familia de Lai todavía no ha encontrado respuesta a varias preguntas. “No estamos del todo seguros de cómo murió”, explica la madre de Lai junto a un sepulcro que ha construido cerca de su casa. “No entendemos qué pasó”.

Ganar la lotería de Apple


Todos los años, cuando empiezan a oírse rumores sobre los próximos productos Apple, las publicaciones y las páginas web del sector empiezan a especular sobre qué proveedores tienen más probabilidades de que les toque la lotería de Apple. Conseguir un contrato con Apple puede hacer que el valor de una empresa se incremente en millones porque, indirectamente, se está indicando que la fabricación es de buena calidad. Pero pocas empresas alardean abiertamente del trabajo: Apple suele exigir a sus proveedores que firmen contratos en los que prometen no divulgar nada, ni siquiera su asociación.


Esa falta de transparencia da a Apple cierta ventaja a la hora de mantener en secreto sus planes. Pero también ha constituido una barrera para mejorar las condiciones laborales, según algunos activistas y exdirectivos de Apple.


Este mes, tras las numerosas peticiones de grupos defensores de los derechos de los trabajadores y medios de comunicación, entre ellos The New York Times, Apple ha publicado los nombres de 156 de sus proveedores. En el informe que acompaña dicha lista, Apple afirma que “juntos representan más del 97% de lo que les pagamos a los proveedores para que fabriquen nuestros productos”.


No obstante, la empresa no ha revelado los nombres de centenares de empresas que no tienen un contrato directo con Apple, pero que suministran a los proveedores. La lista de proveedores de la empresa no aclara dónde están las fábricas, y muchas son difíciles de encontrar. Y algunas organizaciones de control independientes aseguran que, cuando han intentado inspeccionar a los proveedores de Apple, les han denegado la entrada por órdenes de Apple, o por lo menos eso les han dicho.


“Hemos mantenido esta conversación cientos de veces”, explica un exdirectivo del grupo de responsabilidad de los proveedores de Apple. “Hay un compromiso legítimo y de toda la empresa con el código de conducta. Pero llevarlo al siguiente nivel y cambiar de verdad la situación entra en conflicto con los objetivos empresariales y de confidencialidad, así que no podemos ir más lejos”. Algunos exempleados de Apple afirman que, por lo general, se les prohibía relacionarse con la mayoría de los grupos externos.


“Aquí hay una auténtica cultura del secretismo que influye en todo”, señala el exdirectivo.

Otras empresas tecnológicas funcionan de otra forma


“Hablamos mucho con gente de fuera”, asegura Gary Niekerk, director de comportamiento empresarial cívico de Intel. “El mundo es complejo y, si no dialogamos con grupos externos, nos perdemos muchas cosas”.


Dada la fama y el liderazgo de Apple en la fabricación a escala mundial, si la empresa cambiara radicalmente su forma de actuar, podría transformar la manera de hacer negocios. “Todas las empresas quieren ser Apple”, señala Sasha Lezhnev, de Enough Project, un grupo dedicado a la responsabilidad empresarial. “Si se comprometieran a fabricar un iPhone sin conflictos de por medio, transformarían la tecnología”.


Pero en última instancia, señalan exdirectivos de Apple, hay pocas presiones externas reales para que cambien las cosas. Apple es una de las marcas más admiradas. En un sondeo a escala nacional llevado a cabo por The New York Times en noviembre, el 56% de los entrevistados afirmaba que no se le ocurría nada negativo sobre Apple. Un 14% respondió que lo peor que tenía la empresa era que sus productos eran demasiado caros. Y solo un 2% mencionaba las prácticas laborales en el extranjero.


Hay gente como White, de Harvard, que afirma que hasta que los consumidores exijan una mejora de las condiciones en las fábricas en el extranjero (como han hecho en el caso de empresas como Nike y Gap, que ya han revisado las condiciones de sus proveedores) o intervengan los reguladores, hay pocos incentivos para llevar a cabo un cambio radical. Y fuentes internas de Apple se muestran de acuerdo.


“Puedes producir en fábricas que sean cómodas y que traten bien a sus empleados o reinventar el producto cada año y hacerlo mejor, más rápido y más barato, para lo cual se necesitan fábricas que resultan demasiado estrictas desde el punto de vista estadounidense”, comenta un directivo actual de Apple.


“Y, ahora mismo, a los clientes les importa más tener un iPhone nuevo que las condiciones laborales en China”.


© The New York Times




MEDIOS Y COMUNICACION

En nombre del arte

Marta Riskin celebra la posibilidad de que la práctica del pensamiento y la búsqueda de espacios comunes permita de abrirse a otras ideas y ajustar las propias, porque constituye un privilegio que se puedan debatir respuestas y enfrentar otras miradas.

Final del formulario

Por Marta Riskin *

Hefesto curó a Zeus de su dolor de cabeza, abriéndole el cráneo con un
hacha y permitiendo así el nacimiento de Atenea, la cual, según Píndaro,
“... llamó al ancho cielo con su claro grito de guerra. Urano, tembló al oírlo, y la Madre Gea”.

Para la mitología griega, Atenea representaba la sabiduría y las artes, la guerra y la civilización. La variedad de atributos alude a la integración compulsiva de pueblos y culturas, prolijamente fagocitados, a semejanza de Metis, su madre; pero al sumar cualidades de ídolos ajenos, A-Teo-Noa, la de ojos de lechuza, fue considerada por Platón “la mente de dios” y su hija preferida.

Los objetos de la cultura, incluidos templos, instituciones y academias, encarnan riquezas materiales, intelectuales y espirituales.

En la Acrópolis, aún quedan restos del templo de Atenea Niké, victoriosa pero ya sin alas, para señalar que sus contenidos simbólicos siempre pertenecerían a Atenas.

Los griegos no fueron los únicos en afirmar “la guerra es bella”. A lo largo de la historia, y en nombre del arte, otros grupos impusieron sus modelos de pensamiento. Los artistas del “Futurismo”, por ejemplo, impulsaron la adhesión ética y estética del pueblo italiano al fascismo.

La libertad de expresión y la difusión de los conflictos sociales y políticos, dos características propias de la democracia, tampoco son frutos espontáneos sino productos del esfuerzo de hombres y mujeres valerosos. En nombre del arte de la vida, y muchas veces con sus vidas, ellos defendieron al debate y el respeto a la diversidad por sobre la guerra y la paz de los cementerios.

En las últimas semanas han proliferado colectivos intelectuales, en oposición o acompañando a Carta Abierta. Es una magnífica noticia en un país que celebra con hechos cotidianos la recuperación de la palabra y permite, sin riesgos heroicos (mal que pese a quienes se victimizan con fantaseadas censuras), la exposición, en absoluta libertad, del discurso propio.

La práctica del pensamiento y la búsqueda de espacios comunes ofrece la ocasión de abrirse a otras ideas, ajustar las propias y abandonar olímpicos canibalismos que sólo las distorsionan, generando luchas estériles e inútiles dolores de cabeza.

En el prefacio a la Filosofía del derecho de Hegel, dice “el ave de Minerva, (Atenea para los romanos), no emprende el vuelo hasta el oscurecer”.

La metáfora indicaría que comprendemos los fenómenos después que se producen y el vuelo del conocimiento es posible, gracias al previo trabajo diurno.

Los intelectuales, es decir las personas que trabajan con sus mentes y se dedican al estudio y el análisis cuentan, como muchos otros profesionales, con herramientas del oficio y un lenguaje propio.

No es de extrañar que tengan desencuentros o enuncien reclamos y exigencias impracticables como “grito de guerra”. La elaboración de propuestas siempre lleva más tiempo y dedicación que formular máximas o predecir desgracias y, dentro o fuera de los claustros, siempre hay quienes confunden “pensamiento crítico” con difamación y “hechos” con tergiversación de datos.

La gran novedad es el estado público de las discusiones y, en paralelo, la comprobación de la superficialidad de los medios masivos de comunicación; mito que se sostiene sobre la realidad de una mayoría de programas que usan lenguaje limitado y procedimientos amorales.

Hasta que esto cambie, cabe esperar que los intelectuales seleccionen apropiadamente los lugares adonde serán respetados y, reconociendo la influencia de sus mensajes, investiguen la gracia de las formas y en la claridad de transmisión, la consistencia y brevedad de los contenidos.

Transitando territorios objetivos o subjetivos, cuestionarse es indispensable.

No es tarea fácil pero se trata de una oportunidad histórica. Como diría el escultor Policleto, “la obra es más difícil cuando la arcilla está bajo la uña”.

Una de las ventajas de redescubrir que la omnisciencia es un recurso literario y no un atributo de la conciencia humana está en hallar evidencias de “múltiples mundos reales”. Para habitar el mejor posible, compartimos la responsabilidad de construir nuevos espacios de encuentro.

No es un gesto menor en esta segunda década del siglo XXI, y en un mundo donde Atenea continúa expresando el arte del dominio de una cultura sobre las otras, pero los griegos se ven obligados a concesionar su templo a los “bárbaros” para pagar armas inútiles y a costa de una dolorosa deuda externa.

Si el nombre del arte lo decide cada generación y mientras nos acusan aquellos que ocupan nuestros territorios y se niegan al diálogo, es un privilegio y resulta de la mayor importancia que continuemos debatiendo respuestas y enfrentando ideas.

* Antropóloga, Universidad Nacional de Rosario.

MEDIOS Y COMUNICACION

Algo personal

Desde Madrid, Hernán Díaz rescata el sentido básico de la comunicación y replantea el debate de la cuestión comunicacional en el sistema sanitario.

Final del formulario

Por Hernán Díaz *

Desde Madrid

Viviendo en la sociedad de la información, a muchos se les olvida que la comunicación, sea cara a cara o mediada por algún soporte, supone siempre y antes que nada una relación entre personas.

El sistema sanitario es uno de los campos en los que esa “deshumanización” de la comunicación se ha hecho más palpable. Admitiendo que hay matices, lo cierto es que la comunicación entre los médicos y los pacientes y sus familias es uno de los aspectos en los que el sistema sanitario sigue presentando un déficit. Las causas son variadas: una formación universitaria en la que la comunicación es una materia ausente, o su valor es despreciado en comparación con los saberes especializados; una práctica profesional que refuerza la autoridad de los médicos como poseedores de un saber específico que los hace dueños de nuestras vidas; y, por qué no decirlo, la propia organización del sistema, que por masificación y falta de recursos limita el tiempo de consulta y termina convirtiendo a los pacientes en casos de estudio o simples historias clínicas, con pocas referencias a la historia personal y a su contexto familiar y social. De allí que una buena parte de los profesionales de la medicina han establecido una relación distante con los pacientes y sus familias, similar a la que tiene Joan Manuel Serrat con los políticos en su clásico “Entre esos tipos y yo hay algo personal”.

Afortunadamente, esta situación está cambiando. Cada vez son más los profesionales sanitarios, y particularmente del campo de la medicina, que se dan cuenta de que entre esos tipos (sus pacientes) y ellos (los profesionales) hay algo personal, ya no como la distancia a la que nos referíamos antes sino como una necesidad de establecer un vínculo de confianza, empatía y asertividad que permita mejorar el proceso clínico. Veamos algunos ejemplos.

Hace algunos meses participé en Sevilla en un encuentro de formación de médicos. Sorprendido por encontrarme en una sesión de comunicación en el marco de una jornada sobre cáncer de próstata dirigida a profesionales de una especialidad vinculada históricamente con la práctica quirúrgica, pregunté a los directivos de la Asociación Española de Urología por qué estábamos los comunicadores invitados a ese evento. “Tenemos acceso diario a todas las investigaciones sobre nuestra especialidad, pero muchas veces fallamos en el tratamiento porque no somos capaces de comunicarnos bien con los pacientes y sus familias. Y eso no nos lo ha enseñado nadie cuando fuimos a la universidad”, fue la respuesta. Estos profesionales reclaman habilidades para relacionarse con unos pacientes que, por ejemplo, llegan a la consulta médica con mucha más información que antes porque el “Dr. Google” les informa prácticamente de todo (aunque de forma bastante errática), o para afrontar situaciones tan complejas como el momento de transmitir a un paciente que padece un cáncer de próstata.

Esta necesidad de mejora en la comunicación es, también, una demanda de los propios pacientes y sus familias. Una investigación del GAT –Federación Estatal de Asociaciones de Profesionales de Atención Temprana– sobre procedimientos profesionales, vivencias y necesidades de los padres cuando se les informa que su hijo tiene una discapacidad o un trastorno en el desarrollo recogió el descontento de padres y madres de niños con discapacidades de cero a seis años sobre la forma en que les habían transmitido que su hijo/a presentaba una anomalía congénita, un trastorno del desarrollo o cualquier otra discapacidad. Como respuesta, el Real Patronato sobre Discapacidad del Gobierno de España editó recientemente, con el apoyo del grupo investigador, la guía La primera noticia, en la que ofrece a los profesionales que trabajan en atención temprana un conjunto de recomendaciones a tener en cuenta a la hora de comunicar la discapacidad. Hablamos entonces de la comunicación como un derecho de los usuarios del sistema socio-sanitario.

La comunicación es también un criterio de calidad asistencial. Esta mejora asistencial no depende tanto de un importante desembolso económico sino más bien de la voluntad política de darle la vuelta a ciertas prácticas institucionalizadas. Como en muchos otros campos, la realidad va unos pasos por delante de la universidad. Mientras trabajamos para que los planes de estudio de las carreras socio-sanitarias (y especialmente los de Medicina) se adapten a las nuevas demandas profesionales y sociales, nos toca desarrollar una tarea de concientización que permita recuperar el sentido primigenio de la comunicación: la de una habilidad humana que nos permite entendernos y sentirnos como iguales en una sociedad. Para que entre pacientes y profesionales sanitarios haya, de verdad, algo personal.

* Director de Comunicación de la Fundación de Educación para la Salud (Fundadeps - España) y docente del Experto en Comunicación Social y Salud de la Universidad Complutense de Madrid.


martes, 31 de enero de 2012

Los hackers ahora apuntan a los celulares inteligentes

Por Leo González Pérez

En Argentina, estos equipos ya suman más de 5 millones. Expertos en informática dicen que, por sus sistemas operativos, son muy vulnerables. Con un soft maligno pueden obtener las claves del usuario.

 

31/01/12
Los celulares inteligentes (o smartphones) son ni más ni menos que pequeñas computadoras. Traen pantallas grandes, gran capacidad para procesar y almacenar datos y sistemas operativos muy poderosos, que permiten instalar en el teléfono aplicaciones de todo tipo. Pero con todas esas ventajas, llegaron también algunos problemas: está creciendo el número de virus y diferentes tipos de ataques contra ellos. Firmas especializadas en seguridad informática estiman que al menos un millón de smartphones ya sufrieron algún ataque, y creen que será quizás el más grande problema de seguridad informática de 2012.
En la Argentina, el número de celulares inteligentes crece intensamente desde 2009, y cálculos conservadores indican que en estos días hay más de cinco millones de equipos de este tipo en uso en el país, todos potenciales blancos de hackers .
Cristian Borghello, especialista en seguridad informática, le explicó a Clarín que, a través de virus, los hackers pueden obtener datos sobre los hábitos de navegación del usuario (registrar los sitios que visita) y guardar y enviar cada golpe de tecla que él da y así quedarse, por ejemplo, con sus claves de acceso . Otra posibilidad, más sofisticada y menos común, pero técnicamente posible, es que el malware (software maligno) persiga fines de espionaje. Así, podría interceptar los SMS enviados y recibidos, copiar contactos, la lista de los números a los que el usuario llama y hasta activar el micrófono para grabar conversaciones mientras el teléfono no se usa.
Un modo habitual en que los softs dañinos llegan a los celulares es ocultos en softwares, que pueden ser realmente útiles y funcionar bien, y hasta haber sido bajados de alguna de las tiendas oficiales de aplicaciones de las marcas. Los entendidos coinciden en que aunque esas tiendas virtuales realizan controles sobre el material que distribuyen, existe la posibilidad que algún soft malicioso logre filtrarse.
Explican los expertos que una vez que el virus está en el teléfono podría, por ejemplo, mandar SMS a números premium, que tienen un costo adicional por encima del que el usuario paga según su plan. En este caso, la víctima se verá afectada en un monto no demasiado elevado ($ 20 o $ 30) y cuando reclame se enterará de que el número al que su teléfono envió los SMS es de Rusia, por ejemplo. Total que pagará, se dará por vencido y el hacker –que intentará multiplicar esta operación por miles– habrá hecho su negocio.
Las empresas de seguridad digital Lookout Inc y Symantec coinciden en que al menos un millón de teléfonos ya habrían sido blanco de diferentes tipos de ataques en todo el mundo. Symantec, en tanto, registró la acción de 41 nuevos softs maliciosos en los 15 meses que fueron de agosto de 2010 a noviembre de 2011.
Y el 70% de ellos aparecieron en los últimos seis meses del período analizado.
Sebastián Bortnik, de Eset Latinoamérica, explica los porqué del fenómeno: “Antes, la información más valiosa que se podía tener en el celular era la lista de contactos; hoy allí hay e-mails personales y laborales, acceso a redes sociales, probablemente cada vez más datos de compras online y de acceso a sitios de bancos.
Además, quienes trabajan con el teléfono tienen con él acceso a la red de su empresa. Entonces, la combinación de muchos teléfonos en uso y datos muy valiosos es un gran atractivo para los hackers”.
Gonzalo Erroz, de la filial de Sudamérica de Symantec, explica que el asunto es especialmente preocupante para quienes usan equipos con el sistema operativo Android, creación de Google. “Los demás sistemas operativos también son blanco de ataques, pero no tanto como los equipados con Android, que al ser un sistema abierto (su código de programación no es secreto) que se ha extendido mucho resulta el blanco más elegido por los hackers ”.
Los especialistas consultados por Clarín coinciden en que si los ataques a celulares son exitosos en buena medida se debe a que cuentan con una actitud de descuido de los usuarios . “Todavía la gran mayoría de las personas no conciben que su celular pueda ser blanco de un ataque, y eso las hace más vulnerables”, apunta Bortnik, de Eset.
Política

Barrileteada de Moreno contra Clarín en las playas de Mar del Plata

Empleados del Mercado Central repartieron barriletes a los turistas en playa Las Toscas para contrarrestar la "campaña negativa". Fotos.

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30.01.2012 | 18:25

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Empleados del Mercado Central de Buenos Aires, repartiendo barriletes anti-Clarín en la playa Las Toscas, en Mar del Plata. | Foto: Gentileza Diario Crónica.

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La campaña del Gobierno contra Clarín no descansa ni en plena temporada de verano. Empleados del Mercado Central de Buenos Aires -hoy bajo el férreo control del secretario de Comercio Guillermo Moreno- repartieron este fin de semana barriletes a turistas de la playa marplatense Las toscas con la bandera ultra K "Clarín miente".
Según informó el diario Crónica, el objetivo de los trabajadores del mercado es "contrarrestar la campaña sucia que el multimedio emprendió contra la dependencia" que hoy maneja Moreno. "Los promotores de la iniciativa aseguraron que continuarán haciendo actividades similares durante la temporada de verano".
El reparto de barriletes contra el grupo de medios fue en la zona del Torreón del Monje y el vicepresidente del Mercado Central, Fabián Dragone señaló: “Clarín nos ataca constantemente y esta es nuestra manera de refutar lo que dice (...) La campaña negativa que está haciendo el multimedio afecta a los trabajadores del sector”.
Dragone siguió: "Es una locura que se digan cosas como que es un lugar sucio o que se quiera ensuciar, justamente, la imagen del Mercado” y apuntó que “no hubo nadie que nos dijera lo contrario, la gente está tomando conciencia y se está dando cuenta de que la realidad no es la que cuenta Clarín”, informó hoy el diario Crónica.
El hombre que responde a Moreno agregó que el Mercado Central "protesta contra las barbaridades que plantea Clarín. Se ataca a la comunidad del Mercado Central diciendo que es un mercado sucio, inseguro, en eso es en lo que se está mintiendo”. Ni en pleno verano, en el epicentro del turismo argentino, se relajan los ataques a al mutimedios más grande del país.

Cabezas

Por Jorge Fontevecchia
28/01/12 - 10:32
CabezasPinamar, 1996. Néstor y Cristina Kirchner junto a su hija, retratados por José Luis Cabezas.

Un año antes de morir asesinado, José Luis Cabezas fotografió a Néstor y Cristina Kirchner junto a su hija Florencia de vacaciones en Pinamar. Revisando los archivos al cumplirse 15 años del asesinato del fotógrafo de Editorial Perfil, surgió una nota de la revista Noticias del 21 de enero de 1996 titulada “La patagónica rebelde”, donde Cristina Kirchner responde así:
Periodista: Muchos justicialistas comparan a Menem con Perón.
Cristina Kirchner: La transformación económica que se está desarrollando es muy importante, pero es una barbaridad comparar a Menem con Perón. Acá hay dirigentes que creen que el 14 de mayo (N. de R.: cuando Menem fue reelecto con 50% de los votos) la gente que votó la fórmula Menem-Ruckauf dijo: “Los voto porque son Gardel, esto es maravilloso, estoy feliz, viva la vida”. Pero ése no fue el sentido del voto. La gente votó por lo más serio, por la economía.
Una semana antes, José Luis Cabezas ya había fotografiado a Néstor y Cristina Kirchner con Gustavo Beliz, a quien apoyaban como futuro candidato a jefe de Gobierno de la Ciudad de Buenos Aires. Luego Beliz se unió al partido Acción por la República y compartió fórmula con Cavallo, quien fue candidato a jefe de Gobierno y Beliz a vicejefe. Dentro de la misma coalición, Alberto Fernández integraba la lista de diputados en representación de los Kirchner.
Que los Kirchner no opinaban lo mismo sobre la economía de los años 90 que cuando llegaron al gobierno no es una novedad; sí lo son las fotos de José Luis Cabezas en ese contexto, y no hay mejor fecha que ésta para recordarlas.
Al revés, como hizo Orlando Barone desde el programa 6, 7, 8, no hubo peor momento para decir sobre José Luis Cabezas que: “No sé cuál es la responsabilidad de Fontevecchia acerca de cuando un fotógrafo que ganaba un sueldo bastante modesto como fotógrafo –me consta, yo estuve en Pinamar en ese momento– fue mandado en una misión con los altos riesgos que ésta demandaba, que todos suponían, que le costó la vida y que la editorial aprovechó con grandes editoriales durante mucho tiempo. Yo sé que es antipático lo que estoy diciendo, pero Cabezas murió en una función periodística menor, no murió en las avanzadas de Afganistán, murió en un lugar donde podría no haber muerto si hubieran tenido la precaución de cuidarlo y no de mandarlo solo a hacer una foto en medio de toda esa mafia que, ya se sabía, estaba en Pinamar”.
El ex director de Noticias, Gustavo González, le respondió a Barone declarándose “culpable de investigar a Yabrán”. “Cabezas formaba parte de un equipo que desde 1991 se dedicaba a revelar cómo funcionaba una organización mafiosa que había crecido al calor de todos los gobiernos, desde la dictadura militar hasta el de Carlos Menem. El jefe de esa mafia se llamaba Alfredo Yabrán, que fue el autor intelectual de su crimen. Sí, fuimos culpables de investigarlo, mostrarlo, dejarlo al descubierto, cuando la mayoría de los medios prefería ignorarlo y cuando los periodistas oficialistas se encargaban de castigarnos por meternos con los amigos del poder.” En el menemismo, desde Canal 7 cumplían el papel de difamarnos en programas como el de Guillermo Patricio Kelly.
Y concluye González: “Si un reportero gráfico era asesinado por obtener un documento fotográfico de un hombre protegido por el poder político, entonces estaba en problemas no sólo la redacción de la revista Noticias sino cualquiera”.
Cabezas no fue asesinado tomando la fotografía, sino en represalia varios días después. Tampoco la tomó entrometiéndose en un enclave mafioso: lo hizo en un lugar tan público como una playa llena de turistas.
Respecto del sueldo modesto al que se refiere el columnista de 6, 7, 8, Editorial Perfil se enorgullece de responder que, a pesar de los treinta juicios que le iniciaron Menem y sus allegados, de la crisis de 2002 y de ser castigada por el kirchnerismo siendo la única empresa sin publicidad oficial desde el año 2003 a la fecha, el sueldo de José Luis Cabezas, como si siguiera trabajando, lo cobran todos los meses sus hijos desde hace quince años.
Sólo el encono de ciertos defensores del Gobierno con Editorial Perfil explica que se utilicen argumentos tan tristes para agredirnos

lunes, 30 de enero de 2012

JEFATURA DE GABINETE

Designan a cuarenta empleados para evaluar a los medios

Los nombramientos fueron publicados en el Boletín Oficial en los últimos tres meses. Controlan la información que se difunde sobre el Gobierno en diarios, radios,TV y las web.

La mayoría de los que cumplen esta función son menores de 30 y militan en la agrupación juvenil kirchnerista La Cámpora.
La mayoría de los que cumplen esta función son menores de 30 y militan en la agrupación juvenil kirchnerista La Cámpora.
Como si no existieran suficientes pruebas sobre la obsesión presidencial con la comunicación, el Gobierno creó un área específica para revisar con lupa el contenido de diarios, portales web, emisiones de radio y televisión . La Dirección de Seguimiento y Monitoreo -así se llama la nueva estructura- funciona dentro de la Jefatura de Gabinete y no está vacía: en los últimos tres meses, el Boletín Oficial consignó la contratación de 40 personas para que se dediquen a controlar lo que se publica sobre el Gobierno.
"Efectuar la evaluación, seguimiento y monitoreo de las emisiones vinculadas con la comunicación oficial", es una de las principales funciones de la Dirección de Seguimiento y Monitoreo de la Subsecretaría de Comunicación Estratégica, tal como figura en la decisión administrativa que le dio origen.
Para realizar ese trabajo, el Gobierno contrató a 40 personas para que hagan seguimiento y monitoreo de televisión, radio, portales web y medios gráficos.
La mayoría de los que cumplen esta función son menores de 30 y militan en la agrupación juvenil kirchnerista La Cámpora , según pudo corroborar Clarín .
El máximo responsable de esa área es el Jefe de Gabinete, Juan Manuel Abal Medina, quien la tenía bajo su mando incluso antes de llegar a su actual puesto, cuando era Secretario de Comunicación Pública.
Al frente de la tarea se encuentra Juan Buono, que integra el círculo íntimo del diputado Andrés Larroque, secretario general de la organización K. Cuando Clarín llamó a Buono para preguntarle en qué consistía su trabajo, el director de Seguimiento y Monitoreo respondió: "No es un diario con el que tenga ganas de hablar. No tengo nada contra vos pero no tengo ganas de hablar con el medio".
La Secretaría de Comunicación Estratégica se volvió un organismo inasible. Está en un proceso de reestructuración y aún no saben en qué esfera del organigrama quedará. Sí es seguro que seguirá en manos de Abal Medina. Mientras tanto, "los chicos" que realizan el seguimiento de medios mudaron su oficina desde la Casa Rosada a la Jefatura de Gabinete, en la avenida Julio Roca.
El Poder Ejecutivo ya contaba con una Dirección de Seguimiento y Monitoreo que se encargaba de relevar lo que publicaban los medios, incluso desde antes de que llegaran los Kirchner al poder.
Tradicionalmente, era una tarea de la Dirección General de Prensa y Comunicación , que confeccionaba un resumen de lo publicado y distribuía el resultado de ese "clipping" entre los funcionarios. Eso todavía se sigue haciendo. Lo nuevo es esa estructura paralela construida por Abal Medina y colonizada por La Cámpora.
Una fuente de la Secretaría de Medios reconoció ante Clarín que no sabe específicamente qué tipo de monitoreo hacen desde la Subsecretaría de Comunicación Estratégica pero señala que quien la maneja es el actual subsecretario de Comunicación Pública, Rodrigo Rodríguez.
El ex novio de la diputada Victoria Donda, "Rodra", es la mano derecha del "Cuervo" Larroque y amigo de Buono. Los tres se conocieron en el Nacional de Buenos Aires. Veinte días después de haber sido designado como Director de Fortalecimiento de la Democracia, en 2009, Larroque los llamó para que trabajen junto a él. Desde entonces compartían espacio en la gestión, hasta que Larroque fue electo diputado.
La obsesión del ex presidente Néstor Kirchner por los medios ya había hecho que en su gobierno creciera el seguimiento de la información publicada. La revista Noticias dio cuenta en 2006 de que, en la Casa Rosada, funcionaba la Unidad del Sistema Informativo de la Nación Argentina (USINA) en la que 60 personas preparaban cuadernillos de más de 100 hojas con las noticias diarias para los principales funcionarios.
Cristina mantiene esa tradición. Los gordos tomos ahora superan las 300 páginas y suelen abrir con las notas de Tiempo Argentino y Página/12. Al final, ubican los artículos de La Nación y Clarín , en ese orden. Llama la atención el título que le pusieron a estos informes, puesto que según la Real Academia Española, usina es un "medio que genera informaciones no confirmadas y tendenciosas".

domingo, 29 de enero de 2012

ASIGNACION POR HIJO Y DISTRIBUCION DEl INGRESO

Incertidumbre en la información

Por Artemio Lopez
27/01/12 - 11:28

La disputa política trasladada a los medios hace imposible dar por cierto lo publicado.
En líneas generales en el país mediático, toda información es cierta y su contrario también, lo que configura un contexto muy pedagógico para muchos ciudadanos sobre el acceso y consumo de medios de información que, esperemos, trascienda lo coyuntural y deje su impronta en el tiempo.
En ese punto de incertidumbre estamos en la circulación de información en Argentina, como en muchos países de la región, y cada cual debe formar como pueda su propio criterio y seleccionar data, a riesgo de transformarse en un diletante.
Uno de los puntos en disputa donde también circulan múltiples análisis, diagnósticos, descripciones, etc., es la situación de pobreza por ingresos y por debajo de ella, la distributiva.
La pobreza en el país se publica en una amplia góndola de valores que van desde el 10% laico oficial al 37% católico del Observatorio de la Deuda Social, y luego transita toda la gama intermedia posible de incidencia.
La distribución del ingreso recorre un camino de incerteza similar que la sitúa en algunos informes como la peor de los últimos años –en línea con la existente en la crisis de los años 2001 y 2002–, o la mejor en orden a los valores del año 1980, lejos del patrón distributivo de mediados de los años setenta de gran equidad relativa, pero muy mejorada respecto de la crisis del neoliberalismo a fines de siglo pasado y, tras la implantación de la Asignación Universal por Hijo, también de mayor equidad que en el promedio de los años noventa.
Así las cosas, y para agregar entidad extramuros al debate, recurrimos a medios extranjeros y observamos que las mejoras distributivas realizadas en Argentina son reconocidas ya por investigaciones internacionales.
Es el caso de Oxfam, confederación internacional de 15 organizaciones que trabajan juntamente con socios y colaboradores en 98 países de todo el mundo en el combate a la pobreza (http://www.oxfam.org/es), cuyo último estudio muestra que al interior de los países que componen el G20, Brasil y Argentina son los dos que encabezan las mejoras en su patrón distributivo en un ránking donde, sobre 18 países analizados, sólo cuatro mejoraron su distribución del ingreso, como se muestra en el gráfico. Para más información leemos en El País de España:
Sólo cuatro países del G20 han reducido la desigualdad desde 1990, según Oxfam.
La ONG destaca que México, Brasil, Argentina y Corea del Sur acortaron la disparidad de ingresos. El informe censura la falta de avances para hacer un uso más sostenible de los recursos naturales…
Para su estudio, Oxfam utiliza una nueva base de datos que permite una comparación homogénea entre países. Del estudio se excluye a España, como ocurre con frecuencia en los análisis sobre el G20, a cuyas cumbres asiste en calidad de invitado permanente. El resultado del estudio de la ONG es coherente con otros. Sólo en los socios latinoamericanos del G20 (México, Brasil y Argentina) y en Corea del Sur se ha reducido la desigualdad (medida por el coeficiente de Gini) en las dos últimas décadas. En los tres países con mayores reservas (Rusia, China y Japón) es donde más ha aumentado la desigualdad. Y Francia, el país del G20 más equitativo en el reparto del ingreso, es también donde menos ha avanzado la desigualdad entre los países ricos…
Nota completa de El País, disponible en este link:
http://www.elpais.com/articulo/economia/Solo/paises/G-20/han/reducido/desigualdad/1990/Oxfam/elpepueco/20120119elpepueco_9/Tes
Informe completo de Oxfam,
disponible en este link:
https://www.oxfam.org/sites/www.oxfam.org/files/bp157-left-behind-by-the-g20-190112-es.pdf
*Director Consultora Equis.

el discurso presidencial

Un didáctico show cristinista para consumo de los convencidos

Tras la reaparición pública, el miércoles pasado, de la presidenta Cristina Fernández de Kirchner, Eliseo Verón, considerado el semiólogo más importante de la Argentina, realiza –en exclusiva para PERFIL– un minucioso análisis de la forma y el contenido de su retorno. Entre los elogios a su estado –que al intelectual le causaron “un tedio burocrático”– y los ataques directos a Cameron, las ONG ambientalistas –sin nombrar a Famatina– y a quienes “dudaron” de su operación, su retórica privilegió “un show al que los televidentes asistimos, pero del que quedamos fuera”.

Por Eliseo Verón
28/01/12 - 05:48
Un didáctico show cristinista para consumo de los convencidosElogios. "La secuencia de alabanzas al estado 'espléndido' en que se veía a la Presidenta, de adhesiones y de agradecimientos, reiterada en las videoconferencias, me generó un aburrimiento burocrático", dice Verón.

Todo acto de comunicación mediatizada (como la difusión televisiva en vivo y en directo de la retoma, por parte de Cristina Fernández de Kirchner, de su función de presidenta de la Nación este último miércoles) puede ser reconocido globalmente como perteneciente a una cierta clase (en este caso, supongo que habrá acuerdo en identificarlo como discurso político). Pero a su vez, es posible distinguir, en cada acto de comunicación particular, una serie de dimensiones que se entrelazan para constituir el complejo tejido de la discursividad audiovisual. Si conseguimos analizar la composición de ese tejido, podemos llegar a ciertas hipótesis sobre sus características y, eventualmente, sobre sus efectos. Lo que sigue es, por supuesto, un ejercicio del que ningún televidente se libra de manera espontánea (tampoco yo): en el consumo, los efectos son el resultado opaco de una multitud de factores de los que el receptor no tiene ni idea en el momento mismo en que están operando sobre él.
Constatación global: dada la manera en que se construye su figura líder, el cristinismo posee una estrategia definitivamente cristalizada y estabilizada: el “retorno” de la señora Presidenta ha sido la reiteración-confirmación de lo que podríamos llamar la poética discursiva de Cristina. Si las modalidades de la comunicación pueden ser tomadas como un anticipo de la metodología de la acción política (cosa que merecería una discusión), lo más razonable sería concluir que, de este segundo mandato, sólo podemos esperar más de lo mismo.
Este último miércoles hubo por un lado distintos “momentos” y por otro lado varios niveles de discurso funcionando simultáneamente. La entrada en escena de Cristina abrió una suerte de preámbulo en dos tiempos: 1) una sucesión de empresarios que entran en escena para firmar acuerdos de obras públicas de muy diversas características, acuerdos refrendados también por el ministro Tomada; 2) Cristina dialoga, en tres breves videoconferencias, con funcionarios y autoridades de Catamarca, Villa La Angostura y Necochea, a propósito de obras en curso. Han pasado unos veinte minutos.
¿Este preámbulo será la imagen de “un gobierno en acción”? Estuvo en todo caso marcado por una extraña combinación de formalismo (la escena audiovisual de autoridades refrendando un acuerdo ante las cámaras es un gran clásico) con la informalidad locutoria característica de Cristina. La sucesión de las firmas, primero, y la secuencia de alabanzas al estado “espléndido” en que se veía a la Presidenta, de adhesiones y de agradecimientos, reiterada tres veces en las videoconferencias, luego, me generaron una sensación de aburrimiento burocrático, decididamente asociada a la obsesión de la Presidenta por las inauguraciones.
A las 19.40 aproximadamente, Cristina se coloca de pie frente a los micrófonos y empieza a hablar. Después de una transición dedicada a agradecer a todos los que la cuidaron, particularmente al personal del Hospital Austral, comenzó el tercer momento, donde el eje central del discurso estuvo dedicado a comentar algunos hechos ocurridos durante su “ausencia”: tasa anunciada de crecimiento en 2011; desocupación; el tema Malvinas, con comentarios sobre los dichos de Cameron a propósito del “colonialismo” de los argentinos; la orden de publicación del Informe Ratenbach y un ataque al pasar a las ONG ecologistas, porque no dicen nada sobre el hecho de que los ingleses están “depredando nuestro petróleo y nuestra pesca” (perfecta irrupción de aquello de lo que no se habla, a propósito de protección del medio ambiente: la política del Gobierno que favorece la minería a cielo abierto); excelente superávit comercial; críticas a los petroleros en relación con la importación de combustible y con la política de precios. Este fue un largo momento con las mismas características que he descripto en otras oportunidades: interpelación directa a varios de los funcionarios o personalidades presentes, pedido cómplice de confirmación de tal o cual fecha o dato, observaciones humorísticas a propósito de Moreno o de Boudou... Los televidentes asistimos al show, pero quedamos fuera: lógica cinematográfica más bien que televisiva. Como lo subrayé en una columna de julio del año pasado en este mismo diario y que llamé precisamente “El encierro”, ésta es la Cristina rodeada de sus fieles y sus amigos, siempre con alguna señal que transmite, simultáneamente, el mensaje: “No se equivoquen, aquí la jefa soy yo”. Poética cristinista en estado puro. La única posible “presencia”, en la poética cristinista, de los simples ciudadanos que miramos televisión es indirecta: resulta implícitamente de la enunciación pedagógica que la señora Presidenta no parece dispuesta a abandonar: Cristina es siempre una maestra cordial, informal, que explica cada cosa para que se entienda. Y esa explicación no puede estar dirigida a los presentes en la sala, que son los miembros del Gobierno responsables directos de cada uno de los temas tratados.
La señora Presidenta introdujo el cuarto y último momento de su discurso con una transición explícita, anunciando que quería decir algo acerca de “cómo fue tratada mi enfermedad”. Y entonces, de manera abrupta, sorpresiva, se instaló un espacio de síntomas: en esos últimos minutos ocurrieron cosas más interesantes que en toda la hora anterior. (Este es el tipo de razones por las que el estudio del discurso me sigue pareciendo una actividad fascinante). La obsesión y el ataque directo: a propósito de su cicatriz (que luego exhibió complacidamente a los fotógrafos), Cristina comenta que se le sugirió usar un pañuelo en el cuello, pero que ella decidió no hacerlo porque de lo contrario Clarín iba a decir: “Esta no se operó”. Una frase con tonalidad claramente negativa: sobre su enfermedad “opinaron todos”. Claro, ¿cómo no iban a opinar “todos” ante un acontecimiento que la misma Presidenta calificó minutos antes de “cuestión de Estado”? Habría que recordarle que se trata de lo que se suele llamar la “libertad de expresión”. Y el deslizamiento final, inevitable, imparable, hacia el eje de la verdad y la falsedad, donde el enunciador se define como único ocupante del polo de la verdad: todo el personal del hospital, relata Cristina, estaba asombrado de “tanta mentira”. Yo mismo, en mi última columna de PERFIL, juzgué excesivo el ruido mediático en torno a la operación de tiroides, pero ¿cuáles fueron las “mentiras”? La Presidenta no dio ni un solo ejemplo.
¿Y la “aneda”? (¿Y la anécdota?: así preguntaba siempre, después de contar una historia, un cómico argentino muy exitoso cuando yo era joven, y cuyo nombre he olvidado). En este caso, la moraleja sería un consejo: tener cuidado de no caer en el error de pensar que el ideal de este gobierno kirchnerista es que todos los medios le sean favorables. A lo mejor yo mismo cometí ese error en alguna de mis columnas –no he tenido tiempo de verificarlo. Lo cierto es que el Gobierno y la señora Presidenta necesitan que los medios hablen lo más posible de ellos: la expectativa en torno a la operación de tiroides fue cuidadosamente administrada y alimentada por el Gobierno. Nada más normal. Pero la Presidenta, en particular, necesita desesperadamente que los medios hablen mal de ella, necesita sentirse atacada para poder operar. Un aspecto muy importante de la táctica comunicacional oficial consiste en incitar a los medios a producir crítica: es una trampa que hasta el momento ha funcionado bastante bien.
Imaginemos una situación –seguramente imposible– en la que todos los medios informativos que hoy son críticos se ponen de acuerdo y reducen a un mínimo sus discursos sobre la gestión del Gobierno: información completa pero escueta, puramente descriptiva, sin comentarios, sin columnas de opinión, sin evaluaciones, sin interpretaciones. No se me ocurre una situación más “destituyente”: apuesto a que se produciría inmediatamente una grave crisis política.

*Profesor plenario Universidad de San Andrés.

EL ESPACIO DE ALBERTO BORRINI

Hoy una tragedia, mañana diversión


Es una apuesta segura que el trágico accidente del crucero “Costa Concordia”, que costó quince vidas y varios desaparecidos, y amenaza por provocar otro desastre ecológico por la pérdida de petróleo, tarde o temprano terminará siendo tema de una película de acción del tipo de “Infierno en la torre”, por no citar el más obvio de los recientes antecedentes, “Titanic”.
  • FotoBorrini: "Barcos y aviones parecen tener el encanto cinematográfico de todo lo que desafía las leyes de gravedad, y que puede ser relacionado superficialmente con la fatalidad".

El crucero varado tiene todos los ingredientes de un buen espectáculo: el ridículo de haber naufragado a pocos metros de la costa italiana; la posición en que posó para las fotos de tapa de los diarios, como uno de esos monstruos ideados por Fellini; el capitán italiano que abandonó el barco antes de tiempo y se negó a volver para ayudar a los sobrevivientes.
Hasta la calificación del hecho como fiel reflejo del mal momento socioeconómico por el que atraviesa Italia, sobre el que filosofaron los periódicos y noticieros televisivos, agrega condimento al futuro guión. Ni siquiera hay que esforzarse mucho por encontrarle título: un diario lo bautizó “El crucero del horror”, para vincularlo con “El crucero del amor”, exitoso pasatiempo televisivo de unas décadas atrás.
Barcos y aviones parecen tener el encanto cinematográfico de todo lo que desafía las leyes de gravedad, y que puede ser relacionado superficialmente con la fatalidad, sobre todo cuando el suceso cuenta con la complicidad de terroristas, irresponsables, cobardes, secuestradores y malvados de película en general.
Pero la repetición de la tragedia al convertirse en distracción, bajo la forma de un libro, una teleserie o una película, es lo más llamativo de la cuestión. La ficción modifica el hecho original, lo simplifica al dividir a los participantes claramente en héroes y villanos. Ni siquiera hace falta pensar; el espectáculo lo da todo predigerido.
El accidente real irrumpió en los medios como noticia, de la noche a la mañana y tomó a la gente desprevenida; la ficción, en cambio, exige una elaborada preparación, primero a través de los adelantos periodísticos y después, cerca del estreno, mediante el marketing del espectáculo.
Es como si el “Costa Concordia” o el “Titanic” volvieran a naufragar en la pantalla de la sala de su barrio con cada proyección y ante una platea preparada para disfrutar el espectáculo.
¿Cuántas veces, en la historia del cine o de la televisión, una tragedia inspiró un entretenimiento? Si a veces hasta parece que la tragedia tuviese en cuenta su aún desconocido destino último y se esforzara por no defraudarlo.
El mejor ejemplo de que la tragedia de hoy puede terminar como la diversión de mañana, son las guerras, las peores catástrofes de la humanidad. Hollywood le debe a los conflictos bélicos la mitad de su producción, entre ellas varias obras maestras, desde las artesanales, con flechas y tiros, entabladas contra los indios que inmortalizó John Ford “En la pasión de los fuertes”, de la década del ’40 o ’50, hasta “Buscando al soldado Ryan” de Steven Spielberg, sobre un episodio de la Segunda Guerra Mundial.
La tragedia hecha distracción suele impresionar más fuerte que el hecho original. Es probable que muchos jóvenes que no conocieron de primera mano los sucesos reales, recuerden al fanfarrón general Patton con la figura del actor George C. Scout, que lo encarnó en la película homónima, y que los oficiales y soldados reales que expusieron sus vidas bajo los cañones nazis en Normandía, queden en la memoria con los rostros de los “valientes” de celuloide Henry Fonda, Robert Mitchum y John Wayne en “El día más largo del siglo”. La razón es que son más creíbles por su pasado cinematográfico que los originales.
Pero quizá siempre fue así pero diferente. Porque en la época en que el cine alternaba, como distracción de los jóvenes, con las novelas de aventuras, cada lector tenía su propia efigie de D’Artagnan, de Robin Hood o de Phineas Fogg. No es regalando computadoras a los alumnos que puede incentivarse la imaginación y la fantasía que tanto hacen falta para combatir la cruda realidad.
REPORTAJE A IGNACIO RAMONET SOBRE EL MUNDO Y SUDAMERICA

“El progresismo puede tener varios años por delante”

Periodista y escritor, Ramonet dijo a Página/12 que la mayoría de los gobiernos de Sudamérica cumple la función de los socialdemócratas europeos en los ’50 y que si no cometen errores pueden aspirar a un ciclo largo de gobierno.
 
Por Martín Granovsky
Desde Porto Alegre
Nacido en Pontevedra y emigrado con su familia a Francia, Ignacio Ramonet dirige hoy Le Monde Diplomatique en español. Fue uno de los animadores del primer Forum en 2001 y es uno de los periodistas que más recorren el mundo y observan sus distintas realidades.
–Sobre el final del Forum hay derecho a preguntarse si fue útil y qué cambió respecto del primer foro, el del 2001.
–Cuando el foro se creó, no había en América latina otro gobierno de los que yo hoy llamo neoprogresistas que no fuera el de Hugo Chávez, que además vino al foro. Al año siguiente, en 2002, por primera vez Chávez se declaró socialista. También vino Lula cuando aún no era presidente, sino candidato. Ahora en cambio los gobiernos neoprogresistas están llevando a cabo las políticas de inclusión social y al mismo tiempo el foro es menos un foro de los movimientos sociales. Es un foro en el que se discutió la crisis europea, el movimiento de los indignados en general (los chilenos, Wall Street, etcétera) y la cuestión de la memoria. La jornada de Flacso del viernes, el día de conmemoración del Holocausto, fue una de las actividades centrales. La organizaron el Forum Social Temático y el Foro Mundial de la Educación. Hasta ahora ésos no eran temas del foro. Los indignados son un tema que no lleva más de un año, y el debate sobre la memoria no se había planteado de esa manera. Dominaban el antiimperialismo y la denuncia de las guerras de los Estados Unidos en Irak o en Afganistán. Se está llegando a un nivel diferente. Los gobiernos aquí en Sudamérica lo están haciendo globalmente bien. Pero ojo, llega una nueva etapa y hay que mejorar ciertos aspectos cualitativos.
–¿Qué habría que mejorar en América del Sur?
–No creer que esta bonanza que está viviendo América latina va a ser duradera. Depende del éxito norteamericano y europeo y de si hay baja o no en la economía china que afecte a potencias agrícolas o mineras.
–Uno de los puntos es cómo aprovecha América del Sur su actual ventaja por los precios beneficiosos de los productos primarios que vende para que otra vez el rédito principal no sean palacios franceses en medio de la pampa húmeda.
–La economía funciona por ciclos. En Europa no podemos hablar de palacios en medio de la nada pero sí de grandes aeropuertos modernísimos que ahora casi no funcionan u óperas en medio de ciudades pequeñísimas. La riqueza ha pasado y no siempre se ha sabido aprovechar. Aquí, en Sudamérica, la solución es crear más y más mercado interior. Y mercado interior protegido. Y también ampliar los intercambios en el marco de la solidaridad latinoamericana. Ahora el mercado latinoamericano tiene que articularse para que haya masa crítica para todos. Si no, Brasil se desarrollará pero Uruguay no. Ahora que desaparecieron 80 millones de pobres hay una clase media que consume. Brasil introdujo la tasa sobre la producción de automóviles frente a China y aumentó esa tasa en un 30 por ciento. Es protección y es correcta.
–¿Qué discusión mundial nueva apareció en el Forum?
–Por lo pronto, muchos constataron que, más allá de las opiniones, la globalización existe. Si existe hay que analizarla y ver cómo evitar los inconvenientes de la globalización. A escala mundial en una mesa sobre la crisis del capitalismo, una de las opiniones fue que había que pensar quizás en desglobalizar y reducir la globalización. No hay solo una crisis económica. Hay una crisis de la política, de la democracia, alimentaria, ecológica. Muchos países latinoamericanos no están pensando en las otras crisis, en particular en la ecológica. Boaventura de Souza Santos subrayó que no es normal que se acuse a comunidades indígenas y se las acuse de terroristas cuando quieren proteger el medio ambiente. Las realidades van cambiando. El Movimiento de los Sin Tierra de Brasil, que antes ocupaba tierras, no lo hace porque no las tiene. Cualquier pedazo de tierra es soja. Y como el MST cuando se asienta realiza producciones ecológicas, el agronegocio se lo reprocha.
–La discusión ecológica es clave también porque habrá una cumbre mundial en Río en junio.
–La precaución ecológica es algo que se ha recordado y que en cierta medida hace que los gobiernos estén pensando en hacer las cosas bien. Dilma dijo que quería dar casas a la gente. A mí me parece muy bien, realmente muy bien. Pero tengamos cuidado de no llegar al pragmatismo chino, que en nombre del desarrollo destruye lo que se oponga a esa idea, y terminemos entrando sin necesidad en una gran contradicción.
–Dilma diría: “Está bien, Ignacio, pero yo tengo que gobernar Brasil y terminar con la miseria”.
–Es que la preocupación ecológica y la social no se oponen. El Forum apreció mucho que Dilma haya decidido venir aquí y no haya viajado al Foro de Davos. Cuando Lula vino y dijo que luego se marchaba a Davos, alguien le dijo: “No se puede servir a dos amos a la vez”. Es una frase bíblica. “Hay que escoger.”
–Quizá Lula necesitaba ir a Davos porque también eso ayudaba a la consolidación política de su gobierno y en cambio hoy Brasil no necesita de Davos.
–Claro, las condiciones cambian. Y el foro debe cambiar también. Antes muchos dirigentes o presidentes venían a nutrirse. Chávez y Lula, a quienes ya nombré. También Evo Morales, Rafael Correa y Fernando Lugo. Para algunas discusiones, una reunión del foro puede tener hoy un mayor sentido en Europa, para discutir allí mismo la tremenda crisis. El año próximo está previsto que tenga lugar en un país árabe, porque los movimientos sociales no sólo se están desarrollando, sino que han conseguido ganar en dos países. Y hay nuevas discusiones, por ejemplo entre movimientos sociales laicos y movimientos sociales islamistas.
–¿Qué podría discutirse en Europa?
–En Europa hay ya algunas discusiones que se producían en América latina. Una idea de que la política está gastada y hace falta una renovación política. Que la sangre y la vitalidad nueva van a venir por el movimiento social. De esa vitalidad puede surgir un cambio. Este foro no tendría el mismo sentido organizado en Madrid, Atenas o Barcelona, donde hay sociedades que sufren y a la vez registran en algunos sectores gran voluntad de cambio. Aquí, en Sudamérica, por suerte para ustedes, hay situaciones donde la preocupación es seguir creciendo y cómo hacerlo mejor.
–¿No hay un riesgo de endiosar a los movimientos sociales como factores de cambio? Si no hay construcción política, ¿no se diluyen?
–Sí, es importante ver cómo se pasa de un momento a otro. Todavía no estamos en esa etapa en Europa, me parece. Aún no. Nadie expresa mejor el sufrimiento social que el movimiento social. Pero si no se da el paso a la política, todas las grandes crisis siempre sirven a la extrema derecha, que aparece como bajo la forma de movimientos y partidos antisistema. Prometen los cambios más radicales, demagógicos, transformacionales. Es importante que el sufrimiento social se encarne en movimientos que tengan vocación de implicarse en la política.
–¿Por qué todavía no ocurre ese paso?
–Entre otras cosas, en mi opinión, porque hacen falta líderes. Hasta el momento el movimiento social incluso rechaza tener líderes. Son muy igualitaristas desde el punto de vista del funcionamiento democrático. Es como la enfermedad infantil del movimiento social. Ya llegará el momento de la adolescencia o la madurez, cuando seguramente se generarán líderes. No líderes salvadores. Hablo de dirigentes democráticos que puedan entender al movimiento social y ayudarlo a encontrar respuestas. Después de la crisis del sistema político venezolano, el final de lo que se llama el “puntofijismo”, ¿habría habido cambios sin Chávez y lo que él representaba? Y me hago la misma pregunta con Ecuador y Correa, Bolivia y Evo, Brasil y Lula, la Argentina y Kirchner.
–¿Y cómo funciona la relación entre los líderes, los movimientos y los partidos en esos países de Sudamérica?
–Mi percepción es que hoy los partidos tienen menos influencia que hace diez años y los movimientos sociales también porque los gobiernos están haciéndolo todo. Los líderes de los gobiernos conducen el cambio. Hubo una energía social que produjo el cambio pero el cambio está tan encarrilado que a veces hay una desvitalización de la política que paradójicamente no molesta demasiado.
–Tal vez con las construcciones políticas ocurra lo mismo que con los ciclos económicos. Quizá deban o puedan ser realizadas antes de que el ciclo actual de gobiernos sudamericanos termine.
–La función de estos gobiernos es muy semejante a la de los gobiernos europeos de los años ’50 que, esencialmente, fueran conservadores o progresistas, tenían como funciones construir el Estado de bienestar, reconstruir cada país después de la guerra y aumentar el nivel de vida de la gente. Eso les dio 40 años de estabilidad política. Pero se terminó. Si los neoprogresistas sudamericanos no lo hacen demasiado mal, quizás haya por delante varios decenios como si fueran la socialdemocracia nórdica. Hoy mejoran estructuras, el nivel de vida, crean trabajo. No es casualidad que sean gobiernos neoprogresistas los que están trabajando bien. Así ocurrió con los viejos partidos socialdemócratas. Además, la construcción del Estado de bienestar y el aumento del nivel de vida termina con cualquier tipo de recurso para las oposiciones tradicionales conservadoras. Ahora la gente percibe cómo los países reconstruyen sociedades derruidas. Las favelas eran pensadas como una fatalidad. Para la derecha, era así porque es así. Pero la fuerza de la derecha desapareció, y también el elemento militar. Las leyes de la memoria son las que deben culpabilizar –sin venganza, con documentos y base histórica sólida– y establecer responsabilidades. No vengarse, sino terminar con la impunidad. A pesar de que lo que voy a decir parece escandaloso, estamos en el momento más fácil de Sudamérica. Si no hay errores y una gestión tranquila, los gobiernos de signo neoprogresista pueden quedarse en el poder mucho tiempo. Por eso hay que pensar bien las sucesiones políticas. En la Argentina eso funcionó bien. En Brasil, lo de Lula fue ejemplar. Es una lección. Y por eso hoy Dilma tiene más aprobación popular de la que tenía Lula en su primer año de gobierno.

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