lunes, 31 de marzo de 2014

EZEQUIEL ANDER-EGG, UN INTELECTUAL OBSESIONADO EN APLICAR LAS CIENCIAS SOCIALES A LA SOLUCION DE PROBLEMAS PRACTICOS

“La historia la hacen también personas corrientes y humildes”

Tiene seis títulos de grado, tres de posgrado y 170 libros publicados. Es militante de derechos humanos, ecologista y pacifista. Sobrevivió a varios atentados de la Triple A y la dictadura militar. Tiene seis hijos biológicos y 17 hijas adoptadas. Estudió con Claude Lévi-Strauss y reconoce a Edgar Morin como su gran maestro. Y dice que cuando más aprendió fue al convivir con indígenas.
 Por Verónica Engler

Dice que tiene una “neurosis de trabajo incurable”. Sus más de ciento setenta libros publicados, las numerosas clases y conferencias que ofrece en diferentes países en un peregrinar casi permanente, sumado a sus múltiples proyectos en curso (como los centros de Educación Popular de los que participa en México y Bolivia) dan cuenta de esa característica que lo mantiene activísimo a sus ochenta y cuatro años. Ezequiel Ander-Egg ha escrito sobre los temas más diversos de las ciencias sociales, pero fundamentalmente sobre trabajo social, animación sociocultural y educación. “Nunca pretendí escribir para un público selecto, sino para muchos, ya que mi intención es hacer comprensibles los temas y problemas de las ciencias sociales”, dice cuando desde cierto sector de la academia se lo tilda de “simple divulgador”.
Militante por los derechos humanos, por las minorías sexuales, pacifista, ecologista y feminista. Sobrevivió a varios atentados perpetrados contra él por la Triple A y por la última dictadura militar: muchos dicen que es casi un milagro que se haya salvado. Alegre, de mirada chispeante, este hombre de libros y de acción repasa en la entrevista múltiples aspectos de su vida, sus hijos, sus diecisiete hijas adoptivas, sus pareceres sobre la universidad, su juventud y su experiencia con los indígenas de América latina, con quienes, dice, aprendió más que con las lecciones de Claude Lévi-Strauss que tomó durante una de sus estadías en Francia.
–A usted se lo describe generalmente como un “hombre de acción y pensamiento”.
–Sí, pero hay dos definiciones sobre mí: esa y otra muy poética que dice “ternura en un mundo sin ternura”, por la forma de comportarme. Tengo ciento setenta libros escritos, y todo lo que hay ahí lo saco de la acción. Un día me pidieron que escribiera algo sobre el colegio secundario, y pedí permiso antes para dar clases en un colegio secundario. Pero lo que es menos conocido es mi trabajo por la paz internacional, porque yo sé, por mi trabajo en la Unesco, que todavía hay cuarenta mil bombas atómicas. En las misiones de paz a las que fui, mi corazón estaba con Gandhi, porque sé que si seguimos deteriorando el medioambiente como lo hemos hecho hasta ahora, no podremos sobrevivir más que tres generaciones en el planeta Tierra. Todo esto pasa porque la forma en que usamos la ciencia y la tecnología, por querer ser ricos destrozamos la única riqueza que hay, que es la vida. Si no aprendemos a vivir superando lo que es la sociedad de consumo, si no sabemos vivir de otra manera, nosotros mismos nos destrozamos. La Santa Trinidad del hombre contemporáneo está conformada por el dinero, el consumo y el status. Lo que hace funcionar esto es la publicidad y la propaganda, la publicidad vende productos y la propaganda vende valores.
–¿Como sobrevivió al fusilamiento perpetrado contra usted por la Triple A?
–Estuve treinta y un días tirado a ocho kilómetros de Mendoza, no me podía mover. Me atendía una campesina que no sabía mi nombre. Lo único que quería era vivir embarrado para que no avanzara la gangrena. Todos los médicos que me atendieron por primera vez dijeron que había una posibilidad en mil de salvarme, por las heridas recibidas, y esa posibilidad se dio. (Benjamín) Menéndez hizo público que yo era montonero, pero yo no era montonero, hablaba con los montoneros, hablaba con todos. Y él me mandó a matar. Pero la tragedia es mucho más grande, porque yo sabía que me querían matar, pero cómo iba a abandonar a los jóvenes. Entonces saqué todo el dinero para hacer viajar a mi familia al exilio. Fueron a buscarme y, como no me encontraron, encañonaron a mi familia y se robaron todo el dinero. La que era mi esposa los denunció y a los tres días dinamitaron la casa con ella y un hijo mío. Por suerte se salvaron, pero fue una tragedia tras otra. Al día siguiente de mi fusilamiento quisieron secuestrar a un hijo mío y él pudo cambiar el itinerario y se salvó, pero nunca más volvió a la Argentina. Mi madre sufría mucho por toda esta situación. Ella quería que yo abandonara la lucha, pero entonces yo le dije: “Mientras haya en el mundo una sola mujer campesina explotada no dejaré la lucha”.
–Antes de irse al exilio, a usted lo criticaban en la Universidad de Cuyo, de la que era docente, por leer a Arturo Jauretche, ¿verdad?
–Sí, es que acá los académicos leían a los europeos. (Andrés) Delich, que fue ministro de Educación, ha hecho unas críticas tremendas a Jauretche y yo, en cambio, defendía sus aportes. El vendía libros porque no escribía como un sociólogo. ¿Qué es tener nivel sociológico?, ¿decir con palabras ininteligibles lo que todo el mundo sabe por sentido común?, ¿hacer investigaciones y escribir papers que sólo sirven para incrementar el curriculum vitae de quien los escribe? Después de que me expulsaron de la universidad, por socialista, me quisieron reintegrar pero no quise. ¿Para qué? La universidad está llena de papagayos culturales, dan textos sin contexto. La última vez que tuve reunión de Consejo en la Facultad de Ciencias Políticas y Sociales, cada profesor decía a principio de año qué texto iba a trabajar. Para mí decir qué texto se va a trabajar no es manera de pensar, yo lo que planteo es qué problemas que afectan a nuestro pueblo vamos a estudiar. Estoy decepcionado de la universidad latinoamericana, porque no está relacionada con los problemas concretos.
–¿Cómo es su itinerario antes del exilio? ¿De Bernardo Larroude, en La Pampa, donde nació, se fue a estudiar a Mendoza?
–No, estuve por todas partes. Estuve en Córdoba haciendo el bachillerato aeronáutico creado por Perón. Fui uno de los trescientos veinte jóvenes de todo el país elegidos por Perón para este proyecto que fue importantísimo, la carrera de aeronáutica. Yo hice eso porque quería salir de pobre. Terminada la (segunda) Guerra Mundial, diferentes países se llevaron alemanes altamente capacitados: en primer lugar Estados Unidos, la URSS, Inglaterra, Francia, y Perón trajo a especialistas en aeronáutica. Perón ahí tuvo mucha lucidez. A fines de 1946 hizo la convocatoria de jóvenes para que hicieran una formación en aeronáutica, de tipo técnico. La carrera de cinco años se haría en dos años y medio: eran cinco meses y medio de clases y quince días de vacaciones. Esta gran idea de Perón, después de que él desapareció de la vida política, se frustró. Cuando vuelo en aviones fabricados en Brasil recuerdo este “fracaso” argentino causado por la falta de visión de dirigentes políticos que nunca entendieron lo que Perón quiso hacer.
–¿Y usted entró en la Aeronáutica?
–Un tiempo, pero me terminé retirando porque no era militarista. Pero después ocurrió que cuando elegí Mendoza porque quería estudiar filosofía tuve el problema de que la carrera de aeronáutica era un secreto de Estado, y no podía entrar a la universidad. Entonces me puse desesperado a hacer el bachillerato y, finalmente, en septiembre de 1953 dijeron que no era secreto de Estado, y pude entrar a la universidad. El 30 de septiembre de 1953 comencé la carrera y el 31 de agosto de 1955, en un año y once meses, yo me había graduado en Ciencias Políticas y Sociales. Luego me fui a España con una beca, me doctoré en Ciencias Políticas y Económicas. Volví y fui profesor en la facultad, mis alumnos de quinto año habían sido mis compañeros de primer año. Al mismo tiempo tenía un cargo en el gobierno de La Pampa, que era algo así como ministro de Asuntos técnicos.
–Y luego se volvió a ir a Europa para seguir estudiando, ¿verdad?
–Sí, a Francia, en la década del sesenta. Hasta ese entonces había trabajado sólo como economista. En Francia me gradué en Planificación Económica y Social, y pensaba irme a Vietnam a trabajar con el padre (Louis) Lebret, con el equipo de Economía y Humanismo. Pero (Alfredo) Calcagno, que era el embajador ante la Unesco, me dijo que volviera para trabajar con el presidente (Arturo) Frondizi, que para mí era un estadista, lo respeto mucho. Volví y me nombraron director de Desarrollo de la Comunidad, y en dos años construí tres mil doscientas viviendas para los sectores más pobres de Argentina.
–Usted ha tenido cinco hijos y una hija biológicos, pero luego adoptó diecisiete hijas. ¿Cómo tomó la decisión de hacerse cargo de esa prole numerosa?
–Las adopté en un momento para no volverme loco, fue cuando murió mi hija Graciela. Pero no las adopté de bebés, no tuve que cambiar pañales (se ríe), como a los dieciocho años. Tampoco vivían todo el tiempo conmigo. Me hice cargo de que pudieran formarse, ir a la universidad, hacer sus posgrados en el exterior, porque todas ellas son de ascendencia indígena, de países latinoamericanos. Generalmente pasaban seis meses aquí para aprender artesanía intelectual, para iniciarse en las cosas de la investigación. Este año las diecisiete tendrán su título universitario. A las mejores les di una mayor formación en Europa, especialmente a la guaraní-paraguaya, Mariela Cuevas, que estuvo hace poco aquí. Ella fue mi secretaria en Venezuela, cuando yo trabajaba con Chávez para el socialismo del siglo XXI y la Unasur. Ella se graduó en Venezuela y era la “mimada” de Chávez por su militancia e inteligencia. Tenía 22 años cuando fue escogida para hablarles a todos los presidentes de América del Sur. Anoche justamente vino la primera hijita que adopté, una quechua-aymara, porque está haciendo el curso internacional que dirijo (en la Escuela de Psicología Social del Sur). Una de las características para escoger a mis hijas es que son personas que tienen un compromiso, de servicio a la gente. Pero ya no adopto más. Mi dinero lo he usado en esto, no lo he donado a ninguna organización como la Cruz Roja o Unicef, porque he trabajado en esas instituciones y las conozco bien.
–Usted ha vivido con varias comunidades indígenas de Latinoamérica e incluso lo han consagrado “anciano”. ¿Me puede contar algo de estas experiencias?
–Sí, me consagraron hace unos años, en México. Pero mi experiencia con los mayas en Guatemala fue muy importante, creo que fue el cargo más importante que tuve en mi vida, como responsable del Programa Indígena, pero me terminaron expulsando del país, y con toda razón. Y por veintidós años no pude entrar.
–¿Por qué lo expulsaron?
–Recuerdo el día en que asumí, que estaba con el presidente y la ministra. Me pusieron coche con chofer, y el chofer se bajó para que yo me sentara atrás. Entonces le dije a la ministra: “Yo no voy a trabajar así, yo me voy a vivir con los indígenas”, y así lo hice. Estuve un tiempo con heridas que no me cicatrizaban porque estaba mal alimentado. De noche estudiaba antropología. Yo había estudiado antropología con (Claude) Lévi-Strauss en Francia, pero siempre digo que aprendí más con mis hermanos indígenas. Y los oligarcas de allí son tan hijos de puta como los de aquí, decían: “Estos indígenas no quieren trabajar”, y yo les decía: “¿Cómo van a trabajar si tienen hambre?”. Entonces, claro, la oligarquía me vio mal. Además, eran muy religiosos, querían la misa cantada, con tres curas, que cobraban quince quetzales, que era el sueldo de un mes, y yo me opuse a eso. Bueno, como si esto fuera poco, después me metí con los militares. Entonces, a los tres meses me expulsaron y por veintidós años no pude entrar al país.
–Y también lo echaron de España, ¿no?
–Ah, de España varias veces, la última vez por hacer la lista de las amantes del rey. Porque no aguanto la hipocresía, y la monarquía no me va. Yo sabía eso del rey porque en su casa tenía un general, que era el jefe, y ese general tenía un hijo jesuita, y le contaba cosas al hijo jesuita y el hijo jesuita me las contaba a mí, y se armaba una chismografía impresionante. Pero ¿por qué me daba bronca esa vida del rey? Porque los días de Navidad él daba su mensaje a favor de la familia, y yo no admito la hipocresía. Admito las diferentes opciones sexuales, la homosexualidad, el lesbianismo.
–Usted ha salido en varias oportunidades a responder públicamente a la Iglesia sobre el tema de la homosexualidad, e incluso se declaró militante gay.
–Sí, fue en cierta forma gracioso. El problema que tuve fue acá en la Argentina cuando el cardenal (Antonio) Quarracino dijo que había que poner aparte a todos los homosexuales. Entonces, llegué de España y me hicieron una entrevista larguísima, y de pronto la periodista me pregunta qué pensaba de lo del cardenal Quarracino, y yo dije: “Mire, Jesucristo jamás diría eso, tú sabes de mi militancia”. Y la periodista me dice: “Sí, eres militante de los derechos humanos, pacifista, ecologista y feminista”. Entonces, yo le dije: “Y ahora me declaro militante gay sin ser homosexual”. Y apareció la nota en el diario con el título: “Ander-Egg se hace militante gay gracias al cardenal Quarracino”. Antes, durante el gobierno de Alfonsín, en una ocasión cuando venía en una misión oficial, el gobierno me recibió como si fuese diplomático en Ezeiza, y me ponen en una entrevista con Radio Nacional. Hacía poco (el arzobispo Emilio) Ogñenovich había dicho, cuando Alfonsín planteó la ley de divorcio, que detrás de esa ley vienen el sida, la homosexualidad y el lesbianismo. Y me preguntaron qué pensaba de eso. ¿Qué iba a contestar yo? Rápidamente se me ocurrió decirle: “Mire, yo creo que ustedes los periodistas lo han tergiversado, porque no puede ser, porque no puede haber un tipo tan bruto y tan idiota que diga algo así”.
–¿Qué está escribiendo en este momento?
–En esta etapa de mi vida estoy en la tarea de reescribir mis libros más significativos, pero además estoy escribiendo un nuevo libro que se llama Historicidades anónimas. Casi toda la gente cree que la historia es la resultante de grandes acciones políticas o militares, que la hacen personas que han tenido poder, que han sido importantes empresarios o científicos. Esto es parcialmente cierto, pero la historia la hacen también personas corrientes, humildes, sin cargos públicos, con acciones pequeñas, fragmentarias, pero que cambian la historia, entre tantas está por ejemplo la de las Madres de Plazas de Mayo. Entre la treintena de historias que ya escribí, una es la de Rosa Parks, una mujer negra que era costurera, y un día se sentó en el autobús y vino un hombre blanco que la quiso hacer levantar. Como no se levantó, la metieron en la cárcel y el juez que la juzgó dijo que ella tenía razón. Desde ese día los negros pudieron sentarse en los autobuses y cambiaron muchas cosas. Otra historia que tomé es la de Vasili Arkhipov, un marino ruso que evitó una catástrofe universal. Fue el 27 de octubre de 1962, cuando Estados Unidos declaró el bloqueo comercial a Cuba, enviando destructores para hacerlo efectivo. Había unos cargueros de la URSS que traían misiles, iban escoltados por submarinos B-59. En un momento del encuentro de navíos de ambas potencias, un submarino lanzó un disruptor de sonido que el destructor confundió con un torpedo y respondió lanzando una carga de profundidad sobre el submarino. El gobierno de Estados Unidos no sabía que los tres submarinos estaban provistos de torpedos con cabeza nuclear. Por la dificultad de comunicarse con Moscú, podían tomar cualquier decisión si lo aprobaban los tres comandantes. Uno de los comandantes decide disparar el misil con cabeza nuclear sobre la Casa Blanca, pero cuando consulta al comandante Arkhipov él dice que no hay información suficiente y vota en contra. Entonces, no se lanzó. Fue un instante en que se jugó la suerte de la humanidad.

domingo, 30 de marzo de 2014

Cómo trabajar cuando tu jefe es un psicópata

Cómo trabajar cuando tu jefe es un psicópata

Los tiranos corporativos pueden ser protagonistas de películas atrapantes durante un par de horas, pero ¿qué pasa cuando aparecen en la vida real?
 
Los tiranos corporativos pueden ser protagonistas de películas atrapantes durante un par de horas: piense por ejemplo en el Gordon Gekko de Michael Douglas en "Wall Street" o en Leonardo DiCaprio en "El Lobo de Wall Street". Pero en la vida real, los jefes de esta clase tienen efectos devastadores sobre trabajadores y empresas.
Miranda -periodista de una agencia de noticias holandesa por más de 20 años, que pide no publicar su apellido por temor a perjudicar sus relaciones profesionales- cuenta que una vez le tocó trabajar para un gerente tiránico y manipulador.
"Solía echarle la culpa a todos los demás si las cosas salían mal", relata. "Durante la noche se mandaban correos electrónicos a toda la oficina en los que se humillaba a una persona determinada, sólo porque sí".
Sus actos socavaban la estabilidad y la confianza.
"Los jefes intermedios y los editores luchaban entre sí para llegar a convertirse en el favorito de este directivo. Y él era muy maquiavélico y jugaba a enfrentar a unos con otros".

PSICOPATÍA CORPORATIVA

A pesar de que estos monstruos oficinescos se suelen retratar en la pantalla como antihéroes más bien inofensivos, en el mundo empresarial se está generando una ola de preocupación por las cada vez más extendidas conductas abusivas en los espacios de trabajo, lo que los académicos han dado en llamar "psicopatía corporativa".
Tras la crisis financiera mundial, se ha desarrollado un corpus de investigación cada vez mayor sobre las conductas inadecuadas del bully (matón) corporativo, que parecen darse en particular en el sector bancario y financiero.
La investigación está empezando a identificar rasgos que ya no se consideran simplemente desagradables y perjudiciales, sino que tienen carácter psicopático, según sugieren los expertos.
La lista clínica de rasgos psicopáticos comunes -que incluyen la falta de remordimiento, la amabilidad que puede aparecer y desaparecer sin previo aviso, el egocentrismo, la mentira, la capacidad de manipulación, la impulsividad y la pobreza emocional- predominan entre las personas que se sienten atraídas por puestos de poder.
Es importante distinguir entre el comportamiento psicopático y el psicótico. La psicosis es un síntoma de una enfermedad mental que, en un lenguaje llano, se da cuando alguien pierde contacto con la realidad. Cuando los psicólogos hablan sobre los psicópatas, sin embargo, se refieren a personas con un trastorno de la personalidad con características distintivas como la crueldad, el encanto y la extrema frialdad que pueden mostrar aun estando bajo presión, así como la carencia de empatía y conciencia.
Estos rasgos -dicen los expertos- suelen aflorar entre personas que persiguen la riqueza, la gloria y la necesidad de controlar a los demás.

SAQUEO

No son sólo sus subordinados inmediatos de la oficina los que deberían estar temblando.
"Los psicópatas saquean corporaciones enteras. Juegan con nuestro dinero y luego acuden al Estado para que los rescaten", dice el psicólogo y locutor Oliver James, autor del texto "Dinero y política de oficina: Cómo prosperar en un mundo de mentiras, puñaladas traperas y trucos sucios".
"Casi todos los recientes cataclismos (financieros)" pueden atribuirse a personas que muestran un comportamiento psicopático, indica James.
El húngaro Elie Wiesel, a quien se le concedió el Premio Nobel de la Paz en 1986 y fue víctima de la estafa piramidal Ponzi de Bernard Madoff, ha dicho que "psicópata" es "un calificativo demasiado amable" para describir a Madoff, que ahora está encarcelado por encabezar el que se considera el mayor fraude financiero de la historia de Estados Unidos.
El académico británico Clive Boddy va incluso más lejos y culpa del derrumbe financiero mundial de 2009 a los líderes empresariales que muestran conductas psicopáticas.
"Creo que ellos han ejercido gran influencia en toda la ética de las organizaciones, precipitándola en una espiral descendente", señala.

¿CUÁNTOS Y QUIÉNES?

Es difícil decir qué porcentaje de las personas en un espacio de trabajo muestran conductas psicopáticas.
El psicólogo Robert Hare, cuya Escala Revisada de Evaluación de Psicopatías (conocida como "PCL-R") de 20 puntos se ha convertido en la principal herramienta de diagnóstico para este trastorno, estima que estos sujetos representan alrededor de 1% de la población general.
Algunos estudios menos científicos, realizados principalmente por internet, sugieren que el número puede ser mayor en los consejos de administración de las empresas.
En 2011, el psicólogo Kevin Dutton, de la Universidad de Oxford, lanzó la Great British Psychopath Survey ("Gran encuesta del psicópata británico").
Dutton utilizó una prueba psicométrica para encuestar a 5500 personas en la que se les pedía a los participantes que evaluaran en qué medida estaban de acuerdo con una serie de afirmaciones que iban desde "En mundo actual, siento que puedo estar justificado para hacer cualquier cosa con tal de tener éxito" hasta la afirmación "El amor está sobrevalorado."
Aunque no es un relevamiento estrictamente científico, el resultado fue indicador de las profesiones por las que se sienten más atraídas las personas con tendencias psicópatas.
Los puestos ejecutivos encabezan la lista, seguidos de abogados, profesionales de los medios de comunicación, personal de ventas y cirujanos. Los periodistas, policías y miembros del clero también ocupan un lugar al tope de la lista.
¿Y cuáles son los profesionales que menos probabilidades tienen de exhibir rasgos psicopáticos? Asistentes sociales, enfermeros, terapeutas, artistas y profesores.

TAMBIÉN TIENE SUS VENTAJAS

Existe, sin embargo, algún aspecto de la crueldad en la oficina que puede tener algunos beneficios.
Aunque estos líderes causan miseria y destrucción, "aquellos que pueden frenar sus tendencias a ignorar las reglas de la sociedad cuentan con una gran ventaja -señala James-. Si uno no se preocupa por los demás, como sí hace la mayoría de las personas, es más libre y puede pensar de manera innovadora".
Los denominados "psicópatas altamente funcionales", que no suelen representar una amenaza física para sus compañeros, pueden ser muy eficaces en algunos entornos corporativos, ya que no sienten ningún remordimiento por despedir al personal ni por atribuirse los méritos que corresponden a otros, al mismo tiempo que son capaces de achacar sus propios fracasos a errores inventados y ajenos.
"La codicia es conveniente en una economía globalizada, donde se necesitan personas en las altas esferas que sean despiadadamente crueles", dice James, sobre todo cuando se trata de tomar decisiones de negocios cruciales como los recortes de personal.
Pero esa misma crueldad, si no se controla, conlleva un alto riesgo: podría causar "que la empresa sufra una debacle".

DOSIS JUSTA

James trabaja actualmente con ejecutivos de alto rango para ayudarlos a ser lo "suficientemente psicopáticos".
Solamente se puede trabajar con algunos jefes que muestran rasgos narcisistas o maquiavélicos, dijo James.
¿Y qué hacen mientras tanto los empleados? Pueden probar poner en práctica la adulación para los primeros, mientras que a los segundos deben demostrarles que les pueden ser útiles, sugiere el experto.
Aunque, para muchos, la situación puede ser simplemente insoportable.
"Es como trabajar para un niño de 6 años", explica el psicoterapeuta Audrey Kraft, que vive y trabaja en Amsterdam, Holanda.
El estudioso británico Boddy, quien ha escrito extensamente sobre ética empresarial, ofrece algunas sugerencias para los trabajadores hostigados: conoce a tu enemigo familiarizándote con la literatura sobre psicópatas corporativos para que puedas anticipar sus acciones.
Luego, documenta todos los casos de abuso; no lo tomes como algo personal; procura contar con testigos durante los enfrentamientos para evitar cualquier posible reacción violenta y, lo más importante, prepárate para enfrentarte a que los jefes de tus jefes no crean nada de lo que dices y padeces.
"Si ese es tu jefe, estás metido en un gran problema. No vas a poder cambiarlo y no aprenderá de sus errores", sentencia Kraft..

Los adolescentes sí leen: sostienen gran parte de la industria editorial

POR GUIDO CARELLI LYNCH

Los nuevos lectores tienen entre 13 y 25 años y participan de foros sobre sus libros favoritos. Prefieren las sagas.
Juventud, divino tesoro. Los jóvenes son objetivo de las librerías, que apuntan a sus ganas de leer./MARTIN BONETTO
30/03/14
“Los chicos no leen”, dicen las madres, las abuelas y los periodistas de la tele preocupados por los adolescentes. Y en buena medida están en lo cierto. Pero, como ocurre con cualquier generalización, también engañan. O, por lo menos, olvidan una parte importante: a los adolescentes y jóvenes que sostienen a una parte fundamental del mercado mundial del libro. También, en la Argentina, donde -en 2012- se vendieron un millón y medio de libros por un valor de 85 millones de pesos destinados a los jóvenes que tienen entre 12 y 17 años, según un revelamiento del Observatorio de la Industria Editorial de la consultora Promage.
La adolescencia puede ser un invento del siglo XX, pero el segmento editorial para adolescentes y jóvenes se volvió mucho más visible en los últimos años: ganan espacio propio en las librerías. “El segmento de literatura juvenil es bastante joven. No porque no haya habido siempre textos preferidos y leídos por los jóvenes, sino que en los últimos 30 años el segmento generó una estética, colecciones y un estilo propio y reconocible”, explica Laura Leibiker, directora editorial de Literatura infantil y juvenil de Editorial Norma, una de las líderes del segmento.
En las librerías ya tomaron nota: la literatura juvenil tiene sus propias mesas. “ Y bien lejos de la infantil ”, precisa Mariela Fernández, responsable de marketing de Cúspide, para quien “el furor adolescente” marca una nueva era. Desde las sagas más famosas (Ver recuadro) hasta novelas más breves como Las ventajas de ser invisible, de Stephen Chobsky y Aliados, de Leandro Calderón, de Planeta, lograron el año pasado despertar ese “furor”.
El departamento de investigación de la Universidad de Valencia, a cargo de la filóloga y especialista en promoción de la lectura, Gemma Lluch, busca desde hace años trazar un perfil de esta nueva generación de lectores. Sostiene que tienen entre 13 y 25 años y que su relación con la lectura es interactiva. Las opiniones –que publican en blogs y redes sociales– marcan la hoja de ruta de las editoriales y también, las de algunos autores. “Los adolescentes buscan pertenecer a una comunicad lectora para intercambiar ideas y relatos a partir de la propia lectura. En este sentido, Internet, a través de los blogs y páginas dedicadas al género, juega un papel importantísimo a la hora no solo de promocionar los textos y difundirlos, sino también al armar planes editoriales. Son los mismos lectores que piden alguna saga que ya salió en otro país”, explica Mariana Vera, editora de Penguin Random House. La nueva generación de lectores empieza a sortear a los mediadores tradicionales, como los docentes, los bibliotecarios o los mismísimos padres.
Pero algunos mediadores tradicionales resisten. La inclusión exitosa de un libro en un plan de lectura escolar sigue siendo vital para convertirlo en best-seller o, mejor, en longseller (los que se venden a lo largo del tiempo). Las herramientas tecnológicas y las ferias editoriales facilitan, además, la cercanía con los autores. “Si el docente ha escogido eficazmente una obra, los chicos quieren seguir leyendo, recomiendan la obra a sus amigos, quieren contactar a ese autor, verlo en la Feria del Libro, mandarle sus opiniones, mostrarle esos trabajos fantásticos que han hecho en clase. Y lo más probable es que este docente quiera volver a pedir el mismo libro que le ha dado tantas satisfacciones al año siguiente con su nuevo grupo de alumnos”, resume María Fernanda Maquieira, editora de Santillana.
Los adolescentes, lectores o no, son distintos –más precoces– que los de generaciones anteriores. ¿Ha cambiado entonces la literatura pensada para ellos? “Llevo alrededor de 15 años escribiendo y he notado un cambio en este sentido. La literatura baila al compás de la vida. Y la vida nos propone, o nos impone, generaciones ávidas de crecer. Sin embargo, creo que también hay algo desde la sociedad adulta que ha ‘aflojado las riendas’, que comparte más asuntos con niños y jóvenes, que no los expulsan a la hora de hablar de temas de gente grande”, contesta Liliana Bodoc, autora de La Saga de los confines, una de las preferidas entre los nuevos lectores (y entre los adultos más avezados).
Para otros especialistas el cambio de paradigma obedece a la supremacía del lenguaje audiovisual, en cine, televisión o en Internet. Gemma Lluch dice que el éxito de Crepúsculo les hizo creer a muchos docentes que los chicos estaban interesados por los vampiros y por eso les recomendaron, con poco éxito, otros libros de esa temáticas, pero lo que los enganchaba era el estilo narrativo. “Si leemos Los juegos del hambre el estilo narrativo es: presente del indicativo, oraciones cortas, con el narrador –un yo protagonista– que relata lo que le acontece en el momento, como si fuera un capítulo de la serie 24, en tiempo real. El narrador no sabe qué es lo que va a pasar y se sitúa en el mismo lugar que el lector: eso es un lenguaje audiovisual”, se entusiasma Lluch.
María Teresa Andruetto, una de las autoras argentinas más leídas por chicos y adolescentes descree de las elecciones espontáneas de los jóvenes lectores. “Pareciera que eligen solos cuando en realidad son inducidos a elegir ciertos libros por arrasadoras estrategias de mercado ”, afirma. Lamenta que varios de sus libros, cuando se traducen a Francia, son recomendados para lectores más chicos que los argentinos. “Es una limitación para el lector, que tal vez desecha un libro porque está rotulado para más chicos o no accede a otro libro porque está en el estante para grandes”, explica Andruetto.
Las recomendaciones de edades de lectura recaen otra vez en las editoriales. “Suelen ser decisiones basadas en varios parámetros, entre ellos la extensión y los temas. Con respecto a la extensión, está comprobado que en la Argentina se leen libros de menos páginas ”, agrega Pilar Muñoz Lascano, de la Asociación de Literatura Infantil y Juvenil de la Argentina.
Las etiquetas son engañosas. Cuando un libro para jóvenes se convierte en best-seller es porque una marea de adultos también lo eligió para sí. Cada vez más editoriales quieren seducir a un espectro grande de lectores de distintas franjas etarias. Por eso, en el mundo anglosajón –subraya Lluch– la etiqueta de “juvenil” o “adolescente” ha sido reemplazada por “Young Adults” (jóvenes adultos). En la Argentina, Penguin Random House lanzó el sello Nube de tinta, que se dirige a chicos y grandes por igual. “La característica del sello es que reúne novelas de corte realista, muy bien narradas, con personajes que son ejemplo de superación y valentía”, resume Mariana Vera, editora de Nube de tinta.
La mitad de los padres de la Argentina reconoce que el hábito de leer con los hijos es poco frecuente. El dato –alarmante pero previsible– pertenece a una encuesta reciente de TNS Gallup sobre la que Claríninformó el 11 de febrero. El abandono de ese hábito colabora –sin dudas– con el bajísimo promedio de un libro por año que arrojó la última Encuesta Nacional de Lectura. Por fortuna, no son pocos los adolescentes que se rebelan contra los hábitos de sus padres. Y leen

Los diseños de Clarín, premiados con medallas de oro y plata

En total, el diario recibió 20 distinciones en 2013 por su diseño e infografías. El oro fue para una serie publicada en las páginas de verano.
30/03/14
En reconocimiento por su diseño y sus infografías publicadas durante 2013, Clarín recibió 20 premios. Uno de ellos, una medalla de Oro en los Premios Internacionales Malofiej, considerados los Pulitzer del género. En ese mismo certamen, Clarín también ganó una medalla de Plata.
El Oro fue por una serie de 31 infografías publicadas durante enero de 2013. Una por día, con temas dedicados al verano y a las vacaciones. En esa serie participó toda la sección de Infografía de Clarín, y cada trabajo fue propuesto, investigado y realizado por un integrante de la sección.
La medalla de Plata fue para una infografía que comparaba los goles que hizo Lionel Messi hasta los 26 años con los que hicieron Diego Maradona, Pele y Alfredo Di Stéfano. Se publicó el día en que el 10 de la Selección cumplió 26 años.
Las otras 18 distinciones son de la 35ª edición de “Lo Mejor del Diseño de Diarios 2013”, que organiza la Society for News Design (Sociedad de Diseño Periodístico), una institución estadounidense de gran prestigio mundial. El jurado internacional analizó materiales de múltiples diarios -desde los más pequeños hasta los más prestigiosos del mundo- editados en diferentes países.
En su versión impresa, Clarín ganó 11 premios a la excelencia por sus diseños y dos más por infografías. Además, la plataforma digital deClarin recibió otros 5 premios, dos de diseño y tres de infografía.
Los premios digitales fueron por una infografía de las elecciones del año pasado que recibió dos menciones en dos categorías diferentes. Y también el trabajo de la comparación de los goles de Messi. Y los dos premios de diseño fueron para un especial de los 30 años de democracia en el país, y por la cobertura de las elecciones.
De los 13 premios de la SND por publicaciones en el papel, once fueron para diseño. Hubo reconocimientos para dos trabajos sobre Francisco, el Papa argentino, publicados en la sección Mundo y en un suplemento especial.
También hubo un premio por la cobertura de las elecciones, en la sección País. Un suplemento especial por los 30 años de democracia en la Argentina también fue premiado. Además, se llevó una mención el suplemento Si! por el diseño de una entrevista al grupo Dancing Mood. Y fueron reconocidos cuatro trabajos publicados en la revista de Arquitectura.
Los dos premios restantes fueron para infografías: una sobre la salud de la presidenta Cristina Fernández de Kirchner, y el otro fue por una de las infografías del verano publicadas en enero de 2013.